Carta de una madre a una hija adulta

Una carta de amor a mi hija mayor

Nunca olvidaré cuando te trajimos a casa, a aquella casita del tamaño de nuestro salón de ahora. Tu padre salió del hospital mientras yo dormía y cubrió la fachada de la casa con una gran pancarta, lo suficientemente ancha como para que todo el vecindario la viera…
Te sentaste frío, escuchando, tratando de ver todo lo que podías ver. Debería haber sabido que seguirías buscando nuevas aventuras, oportunidades y personas que pudieran satisfacer esa curiosidad y asombro que Dios te dio desde el principio.
Nunca dejaste que el mundo te detuviera….. Ni aquel niño que intentó cortarte el paso en la fuente de agua…., al que empujaste a un lado. Ni el niño que intentó quitarle el juguete a tu mejor amigo y le diste un puñetazo en la cara.
No importaba el historial o la historia de alguien. Estabas decidido a amar a todos los niños de acogida, jóvenes o mayores, que te despertaban por la noche, desgarrados por las rabietas, o que se sentaban y te miraban con impotencia a los ojos….
Y sin embargo, no es sólo tu amor lo que admiro. Sino la forma en que no dejas que el dolor, el daño o las ofensivas cicatrices del mal empañen la forma en que sigues dando tu amor, tu tiempo y tu atención a los que te rodean.

Carta de una madre a su hija adolescente

A menudo, la mejor manera de saber qué decir (o escribir) a tu hija es ponerse en su lugar y tratar de ver tu situación a través de sus ojos. ¿Cómo ve ella su relación? ¿Por qué lo ve así?
Deja claro que quieres una relación con ella basada en el respeto mutuo. No estás exigiendo respeto sólo porque eres el padre y ella es la hija mayor. Tampoco esperas una sumisión total.
Sabes que te quiero. Y quiero que tengas la mejor vida posible, ahora que eres un adulto. Estás experimentando mucho de lo que yo enfrenté cuando tenía tu edad. Y recuerdo lo difícil que fue para mí.
Así como quiero respetar tus límites personales, te pido que respetes los míos. Antes de hacer una de las cosas que he mencionado, pregúntate si te gustaría estar en el extremo receptor.
Una vez que lo hayas hecho, puedes sacar aún más provecho de ello compartiendo lo que has aprendido con tus hijos, ya sean mayores o no, especialmente si te faltan al respeto o se aprovechan de ti.

Carta a la hija de una madre orgullosa

Te quiero y siempre serás mi hija. He intentado estirarme y crecer para adaptarme a tu visión de la vida, pero me doy cuenta de que a veces me siento incómoda. Quizás sea porque estoy fuera de mi zona de confort intentando estar dentro de la tuya. Cuando te crié, esperaba darte buen carácter y bondad. Dados tus orígenes, la independencia, la inteligencia y las opiniones fuertes no podían sino formar parte de tu naturaleza. A veces, esas opiniones me hieren. Sabes que soy sensible y que era un blanco fácil. Pero, aun así, te quiero.
Has elegido vivir tu vida de forma diferente a como yo he elegido vivir la mía. Intento mantener mi puerta abierta para ti siempre que quieras atravesarla. Hemos hecho, y seguimos haciendo, elecciones diferentes. Yo no quería elegir un bando. Pensé que podría inclinarme y aferrarme a todos ellos…. Quiero formar parte de tu vida y espero que crezcas para amarme e incluirme en la tuya. Por mucho que piense que somos iguales, sigue habiendo demasiadas diferencias. Agradezco que seas feliz, pero tu versión de la felicidad no se parece a la mía.

Conmovedora carta a la hija

La carta de la consejera delegada y directora general del banco ICICI, Chanda Kochhar, a su hija Aarati, está dando vueltas en las redes sociales. Kochhar figura en la lista de las “100 mujeres más poderosas del mundo” de Forbes, y esta carta no hace sino demostrar lo exitosa e inspiradora que es como madre en casa.
Hoy me siento muy orgullosa de verte frente a mí como una joven segura de sí misma en el umbral de un emocionante viaje por la vida. Estoy deseando verte crecer y florecer en los próximos años.
Este momento también me ha traído recuerdos de mi propio viaje y de las lecciones de vida que aprendí por el camino. Cuando pienso en esos momentos, me doy cuenta de que la mayoría de esas lecciones las aprendí en mi infancia, sobre todo a través del ejemplo de mis padres. Los valores que me inculcaron en mis años de formación me dieron la base sobre la que intento vivir mi vida incluso hoy.
Nuestros padres nos trataban a los tres -dos hermanas y un hermano- por igual. Cuando se trataba de la educación, o de nuestros planes de futuro, no había ninguna discriminación entre nosotros basada en nuestro género. Tus abuelos siempre tenían el mismo mensaje para los tres.

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