MURCIA SE PARECE A WUHAN

En esa tarde de julio de 2001 la guardia prometía ser mejor, porque en Murcia la gente intenta irse a la playa. Pero aquella tarde algo estaba pasando.

-No puede ser. Otra señora con neumonía. Ya van 10.

-Esto no es normal. ¡10 en un rato!

-Y las que quedan, mira como está la sala de Urgencias.

De repente, esa tarde del 7 de julio ingresaron en los hospitales murcianos un número inusitado de personas con fiebre, tos, mal estado general y desorientación. No el día de antes, ni la semana de antes. Ese día. Como ha pasado en Wuhan, apareció un brote de una neumonía atípica. En los siguientes días, hasta el 19 de julio, casi 800 personas tuvieron la neumonía o síntomas relacionados. En aquel tiempo había miedo al contagio, al «bicho» que lo producía, y la gente salía poco a la calle, y muchos llevaban mascarilla para evitar contagiarse.

A diferencia de Wuhan, en Murcia se tardó muy poco en saber de qué se trataba. En menos de 24 horas estaba claro qué germen era, porque la historia no era la primera vez que ocurría. Es más, todo empezó en Filadelfia en 1976, también en el mes de julio.

Sí, en Filadelfia.

En 1976 empezaron a detectarse casos de neumonía en Pensilvania, cuya ciudad más poblada es Filadelfia. Una persona falleció al norte del estado; otra, en un pueblecito. Algunos más, en la misma Filadelfia. Todos con una neumonía de origen desconocido. Todos compartían además que eran ex-militares, pertenecientes a una asociación de veteranos de guerra llamada Legión americana. Esta asociación se encarga de velar por los derechos de estos militares y sus familias.

El caso es que muy pronto se vio que todos habían coincidido escasos días antes en un hotel de Filadelfia, el hotel Belleveu-Stratford, que era el no va más de los hoteles de la ciudad. Todo famoso, incluidos los presidentes americanos y extranjeros, pasaba por allí y en sus salones se celebraban los eventos sociales más conocidos de la ciudad, como la 58ª convención de la Legión Americana del Estado de Pensilvania. Como es lógico, prácticamente todos eran mayores de 50 años y varones.

 

En el hotel se alojaron 600 veteranos y al día siguiente de las conferencias, algunos ya empezaron a sentirse mal. Fiebre, dificultad para respirar, tos… un cuadro que parecía ser una simple gripe. El primer fallecido lo hizo 3 días después de finalizar el acto, y 6 días después ya había 6 legionarios más muertos, todos por neumonía, y con el antecedente de haber estado en el hotel. Pasando los días, aparecieron más enfermos en distintas ciudades, todos veteranos de la legión que asistieron a la celebración, pero en el hotel, otros nuevos clientes también enfermaron y murieron.

Imagen de la reunión original

La prensa se hizo eco y se vivió una histeria colectiva. Se pensó en dejar en cuarentena a toda la ciudad; algunos creyeron que se trataba del inicio de una pandemia por gripe porcina, que había matado a dos personas ya ese mismo año en New Jersey (la próxima pandemia, coronavirus mediante, probablemente sea de gripe; esto vale lo leas cuando lo leas); otros creyeron que todo se debía a una intoxicación por metales pesados (se estudiaron todo tipo de muestras de los fallecidos, los vivos y los lugares), e incluso se implicó a una sustancia, el  carbonilo de níquel , que a la postre se encontró que era solo un contaminante en el proceso de las autopsias. Otros creyeron que se trataba de un acto terrorista, un atentado contra miembros del ejército (jubilados) por comunistas, el inicio de una invasión extraterrestre o un plan ultrasecreto de compañías farmacéuticas para acabar con las población de más edad. El 5G de la época, vamos.

Solo faltó Miguel Bosé (ya tenía 20 años en esa época y cantaba en inglés). Ahora es el relaciones públicas de Slytherin.

 

Como no había internet ni twitter ni nada, pero sí radio y  televisón, los médicos de la época con afán por salir en los medios cargaron contra los investigadores, diciéndoles que todo estaba mal, y que claramente era una toxina, que desde sus casas ellos sí sabían lo que era. Como un tertuliano más, pero en médico. Los influencers médicos.

Los trabajadores del hotel no enfermaban; los familiares de los enfermos no enfermaban, pero….  algunas personas que nunca habían entrado al hotel también enfermaban. ¿Cómo era posible?

Nadie sabía qué pasaba. Se buscaron todas las bacterias, virus, ricketsias, etc, etc, pero todo era negativo.  En la primera semana había 130 personas ingresadas , y 25 ya habían muerto de esta extraña neumonía que afectaba casi en exclusiva a los legionarios.

A final de agosto, el brote se dio por concluido, sin conocerse cuál era la causa ni la vía de transmisión. Simplemente, dejaron de aparecer nuevos contagios. Hubo unos 221 afectados y murieron 34, lo que arroja una mortalidad del 15.4%. A los que enfermaron sin haber pisado el hotel, pero sí las calles cercanas, se les dijo que tuvieron la Neumonía de Broad Street, que era el nombre de la calle. Alguno de ellos solo estuvo aparcado en la calle, sin bajarse de un autobús (era el conductor), y también enfermó y murió.

Era una época de poner a las cosas nombres de calles.

El hotel tuvo que cerrar en noviembre. No iba nadie.

Como nadie sabía qué pasaba, el pánico se apoderó de la población. El resto de clientes abandonaron el hotel, que quedó vacío, solo ocupado por el personal y por el gobernador del estado, que dormía allí para asegurar que no pasaba nada. De hecho, otro médico, el dr Scott Robertson  dijo muy claramente que lo único seguro en esos días era que no era una enfermedad infecciosa.

 

Pasados ya dos meses, en septiembre, y tras una labor epidemiológica brutal, solo se sabía que afectaba principalmente a legionarios que hubieran estado en ese hotel y en los alrededores, y que no era ningún virus de la gripe ni ninguna bacteria conocida. La prensa y la población reaccionó aún peor. Los estudios posteriores concluyeron que debía ser una bacteria desconocida y que se transmitía por el aire. También reconocían que los trabajadores debían ser inmunes por exposición al germen de forma continuada durante meses o años. El germen que fuera. O fuese.

 

McDade era un microbiólogo que estuvo estudiando el caso. En las comidas cercanas a la Navidad, estaba harto de que se metieran con él y con la incapacidad de los suyos para encontrar al dichoso germen. Una noche dejó la reunión familiar y volvió al laboratorio. Y en una muestra donde antes no había nada, encontró una sorpresa: dentro de un leucocito crecía una bacteria Gram negativa. Lo publicó en el New England (aquí) en enero de 1978. A esa nueva bacteria se la llamó Legionella pneumophila.

Se parece a Terry Richardson, el fotógrafo de las modelos famosas, pero creo que no es él. La microbiología te puede llevar por caminos extraños.

Se investigaron otros supuestas enfermedades sin germen claro, y se descubrió que en el propio hotel ya habían tenido un brote en 1974 en el que hubo 20 afectados y 2 muertos. El personal del hotel no enfermaba por no tener factores de riesgo,pero encontraron que tenían anticuerpos, por lo que habían contactado con la bacteria. Mirando más atrás, una enfermedad llamada fiebre de Pontiac se asoció a la legionela. Se trató de un cuadro gripal de origen desconocido en los trabajadores del Departamento de Salud de esa ciudad, con 144 afectados en el edificio (prácticamente todos los trabajadores) y otro gran número de visitantes. Se pudieron estudiar  tejidos de unos cerdos de aquel centro (tenían animales, no es que se llevaran todos mal. Habría de todo), que estaban congelados, e imaginad lo que encontraron: legionelas.  La fiebre de Pontiac no produce neumonía, pero también lo causa la legionela, sin estar claro por qué unas veces hace unas cosas y  no otras.

Algunos de los legionarios de esta foto fallecieron días después por la legionela.

La legionela se transmite por medio de aerosoles, en el caso del hotel de Filadelfia, a través de las torres de agua de refrigeración de los aires acondicionados. Esto también puede suceder al inhalar cerca  de fuentes ornamentales, duchas o en spas.  Los aires acondicionados caseros y los de los automóviles no tienen ese problema, porque no llevan depósitos de agua, pero sí los de los grandes edificios.

También puede contagiarse al beber agua contaminada si tenemos la mala suerte de atragantarnos y que se nos vaya «al otro lado». La transmisión persona a persona se cree que no existe, como pasó en Filadelfia y como pasó en Murcia, aunque hace poco se ha descrito un posible caso en Oporto (mira aquí), en todo caso muy raro. Por tanto, como diría un experto: mascarilla, no.

En Filadelfia se la pusieron porque no sabían a qué se enfrentaban

 

El brote explosivo de neumonía por legionela de Murcia de 2001 continúa siendo el más grande del mundo.

Casi 800 afectados, 25 años después de la convención de los legionarios americanos. Gracias a la detección rápida y a la sospecha de legionelosis inicial en varios de esos pacientse aquella tarde del 7 de julio, y al trabajo de campo indescriptible de los epidemiólogos, se consiguió que la mortalidad en Murcia fuera solo del 1% (6 muertos) cuando lo habitual es una mortalidad del 10-15%. Algunas personas llevaban mascarillas; otras evitaban los centros comerciales; el agua embotellada desapareció de los estantes de muchas tiendas de la ciudad.

La investigación demostró 2 cosas: no había un registro de las torres de refrigeración en la ciudad (tuvieron que usar vistas aéreas para encontrarlas) y el foco inicial fue la torre de refrigeración de un hospital de la capital, precisamente al que más gente acudió, y donde se demostró que habían tenido un brote interno. Los epidemiólogos reconstruyeron los pasos de los enfermos, y muchos de ellos habían pasado por las calles aledañas de ese hospital. También se encontraron otras legionelas campando en los aires acondicionados de otros locales de la ciudad, incluidos centros comerciales, pero sin ser los causantes del brote.

La legionela se elimina con antibióticos comunes como los macrólidos o las quinolonas. Sigue habiendo brotes todos los años en todos los países, pero desde que la legislación obliga al mantenimiento de esos equipos por profesionales, se controlan más eficazmente.

Si quieres saber más, mira aquí

Hace mucho tiempo leí una novela en la que la trama no tenía nada que ver, pero el protagonista acababa en una habitación de ese hotel el día de antes de la reunión de los legionarios. Y ahí lo dejaba. Si alguien la ha leído, por favor, que comparta el nombre.

Por cierto, a ver cuando alguien pide el Nobel o algo para Carrier, el inventor del aire acondicionado. En estos días, se merece un reconocimiento público en el sur de España. Incluso el nuevo hotel Belleveu, de la cadena Hyatt  sigue teniéndolos.

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4 comentarios

  1. Eugenia del Val

    La historia nos la contaron en Microbiología un poco de pasada. Muchas gracias por añadirle tantos detalles interesantes. Más tarde yo misma he hecho analíticas en busca de Legionella en aguas de torres de refrigeración de Murcia.

  2. Ahora miraré los aires acondicionados con otros ojos. Muy buena entrada!