EL ORIGEN DEL PLACEBO: LAS VARITAS DE PERKINS

Dice la RAE que un placebo es «una sustancia que, careciendo por sí misma de acción terapéutica, produce algún efecto favorable en el enfermo, si este la recibe convencido de que esa sustancia posee realmente tal acción».

Hay muchos tratamientos actuales que si hacen algo, lo consiguen por el efecto placebo. No voy a nombrarlos, porque ya sabéis que algunos son muy famosos. Otros que parece que realmente sí funcionan, tampoco demuestran su utilidad cuando se hacen comparaciones con placebos, es decir, cuando se comparan con sustancias parecidas pero que el paciente y el médico no saben distinguir.

Esto parece muy básico, pero está detrás prácticamente de cada acto médico,  y no es demasiado reciente que sepamos que es así.

Hoy vamos a hablar de las agujas tractoras de Perkins.

Caricatura de John Gillray de 1801, donde se representa de forma satírica a un médico usando los tractores de Perkins. Observad que tiene una de las varitas en la boca y con la otra pincha un forúnculo.Puede que para eso sí sirvieran

El tal Perkins, Elisha Perkins, era un respetado médico, hijo de fundador del Colegio de Médicos de Connecticut. Tras la guerra en EEUU en 1790, inventó los «Tractores de Perkins», que no eran más que dos varitas con forma de lápiz, con un lado puntiagudo y otro redondeado, hechas una de latón y la otra de hierro, como estas. A los pacientes les decía que eran de unos metales misteriosos, donde había platino, oro, y otros que no podía revelar.

Esas dos varitas se frotaban contra cualquier parte que le doliera al sujeto, y mejoraba mágicamente. Era mano de santo contra las inflamaciones, la gota, las convulsiones, el dolor de espalda, etc., hasta completar cientos de dolencias. Servía para todo. Canalizaban la energía galvánica del cuerpo, dado que la electricidad era lo que estaba de moda, y se usaba para explicarlo todo. Igual pasa ahora, ante cada nuevo descubrimiento, surgen cientos de terapias que dicen que usan lo último que esté de moda en su explicación de funcionamiento.

Como el Mesmerismo o magnetismo animal que también estuvo muy de moda en la época. Ahora lo llamamos reiki, con un lavado de cara. Lo hacen hasta en algunos hospitales de relumbrón.

Como quiera que su padre había fundado la sociedad médica anteriormente referida, llevó allí sus experimentos, pero no logró convencerlos. Al igual que pasa hoy, prefirió llevar la evidencia a manos de  famosos, en este caso el presidente americano George Washington y Benjamin Franklin, que quedaron prendados de las varitas de Perkins, y las recomendaron como remedio para todo mal.

Elisha Perkins aka El Cristo de Borja.Ríete tú de Miguel Bosé, Bumbury y el de Chis Maligno.Eso sí que fue promoción, un presidente americano.

El hijo de Elisha Perkins heredó el negocio de su padre, que ya era bastante lucrativo, y lo extendió por Europa. Las varitas mágicas de Perkins entraron por Dinamarca y se popularizaron en el norte de Europa, especialmente entre las clases pudientes, que las usaban casi como un signo de distinción ante las más mÍnima aflicción. En Bath, ciudad frecuentada por la aristocracia londinense, causaron furor.

El caso de las agujas Perkins sirvió como primer ejemplo del efecto placebo. Desde el principio tuvo grandes defensores, a ultranza, y grandes detractores  que decían que no servían para nada, pero a nivel de ventas fueron un éxito.

Incluso se acuñó el termino «perkinismo» y se abrieron «sociedades perkinistas» en diferentes ciudades.

Igual pasa hoy con terapias, pseudoterapias y medic@s influencers que te venden lo que sea desde el argumento de autoridad (ahora llamado «argumentun ad followers numerum»). La gente quiere creer.

A John Haygarth no le convencían las agujas. Años después de la muerte de Perkins, hizo un experimento en Londres para comprobar si funcionaban o no: diseñó unas varitas de Perkins que parecían idénticas a las que la gente compraba, pero las hizo de madera. Y se dispuso a probarlas con pacientes. El resultado fue chocante para él: muchos de ellos, la mayoría, encontraban mejoría al friccionar la piel con las varitas falsas, y no notaban el cambio cuándo se usaban las verdaderas o las fabricadas por él.

Había descubierto el efecto placebo, que viene del latín placere, complacer. No eran las varitas, sino las mentes de los propios pacientes creyendo que mejorarían. El efecto placebo lo expuso por primera vez en Medicina, en su libro Of the Imagination as a Cause & as a Cure of Disorders of the Body.

El muchacho que descubrió el efecto placebo. El puto amo.

Se ha criticado mucho que el médico se desentienda de la «imaginación» si el paciente realmente mejora. El psiquiatra Daniel Hack Tuke dudaba de que todo se redujera a la imaginación, diciendo que era igual de sorprendente creer en las varitas que solo en la mente del sujeto.

En la Historia de la Medicina, la mayoría de los tratamientos médicos (no quirúrgicos) nos parecen barbaridades ahora. Entonces, ¿cómo curaban algunas cosas?

En el siglo XX, WR Houston djio que  «la gran lección de la historia de la Medicina es que el placebo siempre ha sido la norma en la práctica médica». De hecho, el acto médico en sí tiene un efecto placebo: si el paciente cree en el acto médico, está creyendo en más de 3000 años de Medicina.

Y puede que tuviera razón, dado los aparentes escasos efectos beneficiosos de la medicina en la antigüedad. Algo parecido dijo Wendell Homes exagerando en 1883: «Si toda la materia médica pudiera hundirse en el fondo del mar, sería lo mejor para la Humanidad y lo peor para los peces». Hay que quererlo, porque también decía en su libro La homeopatía y sus delirios afines que la homeopatía era «una masa mezclada de ingenio perverso, de erudición de oropel, de credulidad imbécil y de tergiversación ingeniosa, muy a menudo mezclada en la práctica». Y que no supera al efecto placebo, pero es más cara. Y dentro de la medicina alopática, la lista de medicamentos que si funcionan es por el efecto placebo es tremenda.

Hoy en día, con el coronavirus, parece que todo funciona, pero luego se ve que muchos medicamentos no lo hacen en realidad aunque los médicos que los han usado crean que sí en su experiencia. Hay que comparar a veces con un grupo control o con un placebo para conocer si algo realmente funciona o es solo nuestras ganas de creer en ello. Ya lo dijo Brad Pitt

Estudios durante el siglo XX han intentado encontrar las bases fisiológicas del efecto placebo, y del por qué muchas personas mejoran cuando creen que les estamos ayudando.

Aquí podéis encontrar una publicación de Perkins sobre sus varitas y lo buenas que eran.

Si lo que queréis es el libro de Haygarth donde demuestra que las varitas no funcionan y describre el efecto placebo, pues entonces aquí.

Y si queréis escuchar el primer éxito del grupo londinense Placebo, aquí lo tenéis.

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2 comentarios

  1. El video de Brad memorable, ciertamente.
    La historia del Perkins, un fenómeno, que siempre los ha habido, está claro.

    Respecto al placebo, me dejas por un lado con la intriga de esos montones de medicamentos que en realidad solo son placebos.

    Por otro, me dejas pensando. Entiendo que ante una enfermedad grave, usar un placebo es claramente una mala idea (es de esperar que la enfermedad progrese, y finalmente acabes malamente). Pero ante una cuestión más o menos banal (típico resfriado, indigestión, cosas así), me asalta la duda. Si no hay nada mejor, y el paciente lo toma, se queda tan pichi, incluso mejora, y finalmente se cura (igual que si no lo hubiera tomado), ¿no sería mejor dar el placebo que decirle que se va a pasar solo? No sé, hay obviamente una parte ética que no debe ser trivial.

    Saludos,
    Javi

    • Mi reino por un caballo

      Hola! Esto da para un comentario. Antes la enfermedad era del enfermo, cuando se sentía mal. Ahora es un diagnóstico médico (el hipertenso no siente nada, por ejemplo). Yo creo que muchas medicinas que parece que funcionan solo son placebos