SEXTING

En estos días de confinamiento en el que las relaciones sociales cárnicas han pasado a un segundo plano, quizá nos comunicamos más por vías digitales o por teléfono. Un chat, un wasap, una foto, una videollamada son ya habituales entre nosotros, y más aún entre nuestros niños, niñas y adolescentes.

Si el confinamiento puede llevar al distanciamiento entre las personas ajenas al núcleo familiar, más aún sucederá en aquellas relaciones que no son las oficiales.  O ambos tienen perro o imagino que esas aventuras desaparecerán. O se mantendrán por las vías referidas, lanzando mensajes tórridos por el espacio virtual.

Ese flirteo cibernético y el envío y la recepción de imágenes eróticas,de desnudos o mensajes subidos de tono es lo que se llama sexting. Sí, amigos y amigas, ya sabéis a lo que me refiero. Que levante la mano el que esté libre de pecado.

El problema es que hace poco leí un estudio

donde decía que entre el 6 y el 5% de niños y niñas habían sufrido un episodio de sexting en el que alguien había compartido sus fotos o mensajes sin su permiso, y solo contando los últimos 30 días. Esto es una forma de agresión sexual a la que los adolescentes y niños están expuestos, y de la que casi siempre intentan escapar sin decírselo a sus padres  y madres. También sucede entre adultos, pero ese es otro tema.

En el estudio anterior, la muestra era de casi 9000 estudiantes. Las personas gays, lesbianas o bisexuales tuvieron una mayor prevalencia de que alguien compartiera sus fotos sin  permiso,  comparadas con los estudiantes heterosexuales. Además, estos estudiantes asociaban de forma significativa más sentimientos de tristeza, falta de esperanza e ideas suicidas, así como un mayor porcentaje de relaciones pasadas en las que la violencia física había estado presente. Y eso solo en aquellos que habían sufrido esta forma de violencia en el último mes nada más.

En este metaanálisis

se analizaron 39 estudios con más de 110.000 niños y niñas menores de 18 años, encontrando que era más frecuente recibir fotos o textos más que enviarlos (27.4% vs 14.8%), y que a medida que los niños y niñas tenían más años, lo hacían de forma más frecuente, siendo mucho más usados los móviles que los ordenadores. Hasta en un 12% habían reenviado este tipo de contenido sin consentimiento, y un 8.4% reconocían haber creado la foto que se distribuyó posteriormente sin el permiso de ambos participantes. Es decir, habían compartido esas fotos y las habían puesto en circulación. No encuentra diferencias en cuanto al sexo de los jóvenes que hacen sexting, pero en otros estudios sí refieren que las chicas sienten mayor presión a enviar fotos y textos. También encuentra una asociación entre el sexting en adolescentes y conductas de riesgo, como inicio de la actividad sexual, parejas múltiples,  no usar medidas anticonceptivas, cometer actos delictivos, ansiedad y depresión, tabaquismo y uso de drogas.

En este estudio español

casi el 60% de los adultos manda mensajes eróticos y casi un 30% fotos y videos eróticos. Seguro que vosotros sois la otra parte.

Aunque muchos de estos estudios tienen limitaciones, como describir qué es sexting y qué no es, lo cierto es que el sexting existe y está ya entre nosotros.

Sucede entre jóvenes que han iniciado una relación o  simplemente entre aquellos que empiezan a gustarse y deciden que el otro «pruebe» que lo  o la quiere, como una forma de validar si de verdad está interesado.  También se considera sexting cuando una persona recibe una foto erótica sin haberla solicitado.  En muchas ocasiones, la difusión de las fotos ocurre cuando la relación se rompe, y a modo de venganza, se difunden las fotos entre amigos y conocidos, o en internet, de forma que se pierde el control sobre la imagen.

El sexting tiene muchos riesgos, tanto para el que manda la foto como para el que la recibe, especialmente si son la persona es forzada a hacerlo, y mucho más si las fotos escapan del ámbito de la pareja. Es fácil encontrar en la prensa condenas por realizar esta difusión de imágenes de parejas y exparejas, pero es más frecuente aún que no se denuncie. Algunos estudios dicen que entre el 12 y el 16% de los niños entre 10 y 19 años han enviado alguna vez una foto sexual a alguien.

¿Qué pasa con nuestros niños y adolescentes que viven hiperconectados?

Pues que están en riesgo de sexting. Incluso a muchos de ellos no les sonará raro. El problema no es la conexión constante actual, sino no saber lo que se está haciendo. Muchos exploran la atracción que los demás sienten por ellos a través del envío de fotos o vídeos eróticos, sin valorar qué será de ellos una vez que pulsan el botón «enviar». En algunos casos desgraciados, el chantaje para que las fotos no se difundan puede consistir en enviar más fotos o vídeos, entrando en una espiral de difícil salida para un adolescente.

La mayoría de expertos aconsejan hablar del tema con nuestros hijos e hijas, no en plan conferencia magistral, sino poco a poco. Preguntarles, por ejemplo, si han oido hablar del sexting y qué creen que es, y aprovechar noticas de la televisión o de cualquier otro medio para reforzar el mensaje de precaución en función de lo que cada uno sepa en ese momento. También hay que decirles que no es bueno forzar a nadie para que les mande fotos de ese estilo. Puede que nuestro hijo o hija sea el que pide las fotos y las reenvía, sin calibrar sus consecuencias. Si, tu hijo o hija puede ser el que comparta sin consentimiento.

Hay que decirles que mandar fotos eróticas, especialmente si les presionan para ello, no es bueno, ni es una muestra de amor ni nada parecido. La decisión depende de ellos mismos, no del que los presiona.  Algunos consejos serían:

-La privacidad y la intimidad son derechos, y practicar sexting pone en riesgo su imagen, incluso para siempre.

-Debe respetar esto para él o ella misma y también con los demás. Si le llegan fotos eróticas reenviadas, tiene que para la cadena, borrar la imagen y no compartirlas. Evitará daños e incluso problemas penales, porque compartir, simplemente eso, puede tener consecuencias.
-Aunque la foto que le llegue sea de alguien no conocido, tampoco tiene derecho a compartirla. ¿Y si fuera de él o ella?
-Si una persona se hizo una foto íntima confiando en una persona que luego no supo manejarla, no es asunto de vuestro hijo o hija, ni es motivo de burla. 

Este decálogo de la web pantallasamigas.net puede servir para hablar con nuestros adolescentes (y con nosotros mismos)

Y si lo prefieres, aquí 10 razones para no hacerlo.

En cualquiera de los dos casos, habla con tus hijos e hijas. Te sorprenderás de que aceptan el tema con más naturalidad que los propios adultos. Y si están en un problema de sexting no deseado, hablarlo es el primer caso para solucionarlo, porque suelen tener mucha vergüenza sobre el tema.

Ahora que estáis tanto tiempo en casa y mirando pantallas, no diréis que no tenéis tiempo para tocar este tema.

Ya lo dijo Jorge Drexler en este tema

«La vida también es aquellos mensajes, la llamada hecha desde la esquina»

 

← Entrada anterior

Entrada siguiente →

1 comentario

  1. Loewe

    Un final musical muy bonito para un interesante post.