I LOVE YOU

Hoy es el día de los enamorados y se puede ver la publicidad sobre él en cualquier lugar (he visto packs de enamorados hasta en sucursales bancarias, o por ejemplo, la cafetería de mi hospital está llena de corazones). Corazones por aquí, corazones por allá, algún Cupido también. Pero no veo hígados, y eso que mis ojos los buscan con anhelo. Ya nadie te dice “¡hígado mío!”, se ha perdido el romanticismo.

Durante mucho tiempo se ha asociado los sentimientos al corazón, el órgano impulsor de la sangre. Pero ya sabéis que el corazón real no es tan bonito como lo dibujan ni San Valentín es el patrón del amor, sino de los epilépticos.

Hígados no se ven en la publicidad del día de los enamorados, y mira que antes ese órgano, y no el corazón, era el lugar del amor.

Quizá al ser el corazón un órgano que se mueve, que se nota incluso visualmente, y que se altera antes determinados sentimientos, se pensó que en él residían tales sensaciones. Cuando uno está enamorado le palpita más, cuando tiene ira igual, etc. Incluso durante un tiempo se creyó por los médicos que el mal de amores era una enfermedad verdadera, que derivó en otra más medible como la clorosis, que también casi ha desaparecido. Una chica joven, pálida y lánguida…se reconocen en el arte del siglo XVIII y XIX en muchas obras.

Pero no siempre ni en todos los lugares se ha asociado el amor al corazón. En la Antigüedad se creyó por muchos que el principal órgano del cuerpo era el hígado.Piénsalo: es el más grande, el más pesado, salen y entran muchas venas, está conectado al intestino, etc. En la antigua Mesopotamia era el  órgano más importante, y el lugar donde estaban las emociones, la inteligencia y el alma, por eso los usaban para adivinar el futuro y otra cosas, del mismo modo que hacían los etruscos en Italia.

Hígado de bronce de Piacenza, usado para adivinar el futuro por los arúspices.

Los egipcios lo sacaban del cuerpo antes de momificarlo y lo ponían en jarras dedicadas al dios Imseti, que ayudaba en la resucitación  del cuerpo, aunque para ellos el alma estaba en el corazón.

Imseti era hijo de Horus, y formaba parte de las jarras canópicas de los enterramientos, siempre conteniendo el hígado del finado.

Los hebreos en la Biblia muestran el papel del hígado como fuente de la emociones, como se lee en Lamentaciones 2:11

“Mis ojos desfallecieron de lágrimas, se conmovieron mis entrañas,

Mi hígado se derramó por tierra a causa del quebrantamiento de la hija de mi pueblo,

Cuando desfallecía el niño y el que mamaba, en las plazas de la ciudad.”

En otros lugares de la Biblia, según la traducción elegida, usan corazón o hígado para el lugar en el que una flecha se clava.

Como vemos, el cambio del hígado por el corazón ha sido un proceso lento, y aún hoy en día continúa, pero sigamos por orden.

En los mitos griegos, Prometeo, que era un titán inmortal, desobedece a Zeus y le regala el fuego a los Hombres. Zeus, enfadado levemente, lo destierra a una montaña en la que un águila cada día le devora el hígado. Y al día siguiente se le regenera y le vuelve a crecer y se lo vuelve a zampar.

Casi peor que los mosquitos tigres en tu zona

Y dirás tú, si el hígado se regenera, seguro que los griegos ya lo sabían. Pues no, eso se descubrió en el siglo XIX, antes de ayer. El que Prometeo fuera inmortal se representaba con la curación de su hígado, que era donde estaba el alma.

La película Atrapado en el Tiempo (El día de la marmota) es una versión por libre del mito de Prometeo. Bueno, me lo acabo de inventar, pero podría ser.

Y no solo Prometeo muestra que el hígado era lo más importante del cuerpo. En el mito de Ticio, que era la versión antigua de un satisfayer, lo castigan con un buitre y una serpiente que le comen el hígado todos los días también, a ver si al final acababa gustándole, porque en el hígado residen sus bajas pasiones. Y también era inmortal.

Está visto que pasar así la eternidad no compensa. Hoy triunfaría en La Isla de las Tentaciones

En el mundo árabe tampoco se quedaron atrás, y  Hind bint ‘Utbah se comió el hígado de Hamza en la batalla de Uhud, que dicho así pues tampoco dice mucho, salvo que Hamza  era tío de Mahoma, y claro, queda feo. Parece que la historia no es real, pero representa cómo querían destruir al enemigo y adquirir sus poderes.

En el norte de África aún se usa la expresión “hígado mío” como “ eres lo mejor que tengo”, o  “Istahisht kibdati” (“echo de menos mi hígado”, como si fuera “echo de menos a mi hijo”). Hay poemas de la Edad Media en el Islam donde se le dice a una amada “¡Hígado mío!”.

Pero que el hígado es el centro del universo que llamamos nuestro cuerpo también se puede ver en cualquier iglesia. Si os fijáis en un crucificado, mirad donde tiene la herida de la lanza. En la zona del hígado. En la Biblia no se dice dónde Longinos le clavó la lanza a Cristo, pero tradicionalmente se dice que fue en el lado derecho, justo donde está el hígado, donde está la fuente de la vida.

La incredulidad de Santo Tomás, Caravaggio. Le está tocando el hígado, no el corazón.#lavadodemanos

Esto no es nada raro.Los contemporáneos de Jesús estaban influenciados por la medicina grecorromana, y para ellos, el hígado era lo más importante en el cuerpo, por eso representan al legionario clavándole la lanza ahí (esa lanza es la que Hitler buscaba para sus cosas mágicas, pero que está en un museo de Viena).

Por ejemplo, Galeno decía que era donde se formaba la sangre, e incluso muchos creían que ahí estaba el alma, durando esta idea hasta bien enterado el siglo XVII. Algunos creen que “hepa”deriva de “placer”, ya que era la sede del placer y las emociones. Se creía que el fuego del hígado era el que se movía hacia el corazón y el cerebro dando origen a la vida.

A este concepto se le llama “hepatocentrismo”, y murió por culpa de un maño (Servet) y un inglés (Harvey), entre otros. Ellos son los verdaderos sanvalentines.

Sí, el descubrimiento de la circulación de la sangre en el siglo XVII   llevó a un “cardiocentrismo”, e incluso en el arte empezó a representarse su papel fundamental en el cuerpo, por encima del hígado.

El hígado ha mantenido su estatus hasta hace nada. No es nadie el hígado.

Y no solo Aníbal el canibal (otra copia de la muerte e ingesta del hígado de Hamza… es que el cine ya no inventada nada, todo es copia), sino que hasta en Blanca Nieves hay una referencia al valor que el hígado tiene como lugar de la personalidad y órgano más importante del cuerpo. La Reina le pide al cazador que traiga el hígado de Blancanieves, como muestra de que la ha matado, pero el cazador la salva y le lleva el hígado de un jabalí. El problema es que Disney, en un giro cardiocéntrico, cambia hígado por “corazón”.

Y le da una caja muy cuqui con la figura de un corazón en la tapa, para que no se confunda con el hígado.

pero en el cuento original de los Grimm de 1812, lo que pide es el hígado, porque era la mas clara prueba de que la había matado.

Pero no os metáis con el corazón, qué culpa tiene él. Además, hace ya tiempo que ha sido desplazado por el cerebro, y en breve, el intestino y su microbiota sustituirá al cerebro en esto de ser la sede del “yo”, hasta nuevo cambio.

Woody Allen es un nostálgico del hepatocentrismo, y aún considera a este órgano como el mejor. O eso creo.

El poeta Neruda también le hizo un homenaje al hígado, ese rey desterrado donde antes estaba el amor y ahora ya no queda nada (mira aquí) aunque nuestras madres le han hecho homenaje de forma más que suficiente cuando nos obligaban a comerlo como ya vimos en el bloj.

Si te ha gustado, no hagas de tripas corazón y compártelo!

 

 

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1 Comentario

  1. Interesante y muy divertido, ¡bravo! Voy a tener que buscar algún libro simpático de los mitos griegos, porque son una fuente de anécdotas de lo más descacharrantes. Menuda mala leche se gastan los dioses.

Deja un comentario ¡gracias!