La piel de los recién nacidos siempre llaman la atención. Por su suavidad y su olor, por estar aún sin alterar mucho, por el gusto que da al tocarla.  La piel de los bebés puede mostrar pistas en algunas enfermedades, por eso todas las manchas, bultitos y alteraciones pueden ser el hilo del que tirar.

Cuando pregunté hace años por qué se llama costra láctea a una placa amarillenta que le sale a los bebés en la cabeza, me dijeron que era porque eran lactantes. Y ya está. Seguro que si tienes o has tenido un bebé sabes de lo que estamos hablando.

Desde siempre se ha creído que la piel de los bebés era algo a lo que prestar importancia, no solo ahora.  En la antigua Mesopotamia se describió el vérnix caseoso, esa sustancia blanquecina que tienen muchos bebés a nivel de los pliegues, y también se daba importancia a determinadas marcas de nacimiento. Los adivinos eran capaces de predecir el futuro si encontraban alteraciones en la piel del bebé, pero no el futuro de ese bebé, sino el futuro incluso del rey o de la nación. Si nacía en algún lugar un bebé con marcas especialmente llamativas solía ser un signo de mal augurio, un mal presagio.  Esta asociación también se ha dado hasta épocas más recientes con determinados niño malformados, no hay que irse tan atrás.

Se creía que las marcas eran la manifestación de la corrupción y el pecado, que salía a través de la piel, y esto se unió al concepto de herencia del pecado de los padres y de sus conductas en los hijos. Si el niño nace con eso en la piel, o es malformado, es que ha heredado el pecado de los padres. Incluso cuando se describió la sífilis, llegó a pensarse que era hereditaria y que podía saltar generaciones.

En Egipto la piel de los niños también se miraba, y hay remedios para sus afecciones. En el papiro de Ebers se usa grasa de león, hipopótamo, cocodrilos, serpientes, etc., para enfermedades de la piel.  También usan morfina y moscas para lo que ahora llamamos cólico del lactante, pero esa es otra historia. Y no es tan rato. En la medicina popular en España, en el siglo XX, también se ha usado la ingestión de serpiente para la cura del acné, por ejemplo. En la India, había oraciones para curar la ictericia y prevenir las marcas de nacimiento, que podían ser cualquier cosa. En los niveles sociales más elevados se usaba humo de mostaza o incienso para  proteger al bebé de influencias demoniacas (como vimos aquí, el uso de rituales con sal para proteger al bebé ha llegado al siglo XXI en algunos lugares).

Y no solo en los bebés. Durante una gran parte de la historia, cuando se buscaba a una nodriza para que diera el pecho a un bebé, además de la personalidad correcta se miraba que no tuviera marcas de nacimiento que pudiera transmitir a los recién nacidos. Esto es debido a nuestra influencia cultural, que asocia el temperamento materno y las emociones que pueda tener con problemas en la piel del bebé (los famosos antojos).

En algunos lugares de Iran y Asia, los bebés que al nacer tenían mucho pelo se consideraban bajo el efecto del demonio. Y no es cosa del pasado. Actualmente en algunos lugares de China asocian el cólico del lactante a una cosa llamada el «pelo de cerdo malvado al viento», o algo así. Ver para creer (mira aquí si no lo crees)

Como la mujer es culpable de casi todo en el mundo antiguo (y en el moderno), es conocido que la menstruación es algo demoniaco, y que debe evitarse a toda costa el contacto con mujeres menstruantes. Aún hoy se le achacan problemas (y no solo la imposibilidad de hacer mayonesa o el peligro de bañarse en ese perido). Por eso, tener relaciones sexuales coitales mientras está la menstruación es algo muy malo malísimo. Lo peor del mundo.

En American Gigolo de Richard Gere no creen en eso

Se decía  que si se quedaba embarazada el bebé tendría una cosa llamada por lo judíos «zaraath«, una especie de lesiones cutáneas repulsivas parecidas a la lepra, aunque muchos autores creen que no era lo mismo. Si lo hacían en el primer día de la regla, no saldría hasta los 10 años; si era en el segundo, no saldría hasta los 20 años… Te iban a tener en vilo casi toda la vida.

Podemos imaginarla como la «psoriagrís» de Juego de Tronos, una enfermedad inventada que sufría una niña en la serie.

En época romana se describieron muchas afecciones cutáneas infantiles, como la alopecia areata o el querión de Celsus, que englobaba más enfermedades  que lo que hoy se entiende por ellas. Por ejemplo, ahí estaba incluida también la costra láctea, esa secreción amarillenta debida a una dermatitis seborreica en la cabeza de los bebés, que tiene el color de la miel. Por cierto, que querión y favus (de la tiña fávica)  significa «panal de miel».  Y por eso muchas de las curas que se usaban para todas estas afecciones se basaban en la miel, ya que existía la idea de que «lo igual cura a lo igual».

¿Por qué se llama costra láctea si no tiene nada que ver con la leche? A mí me dijeron en su día que era porque se daba en lactantes, pero no es la verdadera causa.

Al igual que la sangre de la madre, se creía que la leche materna o de nodriza tenía sustancias corruptas que el bebé tenía que eliminar por la piel, y esa era la costra láctea. Una depuración en toda regla.

Mirad el dibujo anterior de Da Vinci (si no tenéis activo el pin). En él, el pene tiene dos canales, uno para la orina y otro para el semen, que viene de la columna y de ahí al cerebro. Se creyó durante mucho tiempo que venía de ahí. Pero si os fijáis en la mujer, salen unos vasos que van desde el útero a los pezones.Y es que desde Galeno y antes, se creía que  la sangre de la regla, que no aparecía  durante los meses del embarazo, se transformaba en la leche materna, y claro… Por algún lado tenía que salir la impureza.Por la costra láctea.