LA JERINGA PARA BAUTIZAR EN EL ÚTERO

Durante mucho tiempo se intentó que cualquier bebé, nacido o no, fuese bautizado antes de morir para poder salvar su alma. Ya vimos que hace unos siglos un papa encargó a un sacerdote llamado Cangiamila que investigara cómo reanimar a los recién nacidos para comprobar al nacimiento si en verdad habían fallecido o no, y poder bautizarlos (mira aquí) porque se sospechaba que muchos realmente nacían con vida aunque no fuese aparente. Lo de succionar los pezones del bebé o introducirles humo de tabaco por el recto, al menos, puede considerarse un inicio de la reanimación neonatal. Incluso se aconsejaba, si la madre había muerto, hacer una cesárea para extraer al bebé y bautizarlo.

Esto, que puede parecer baladí, aún se entremezcla con un recuerdo de cuando era más joven. Un adjunto contaba, demasiadas veces para la misma audiencia, cómo tuvo que resolver un conflicto en una guardia hace muchísimos años, creo recordar en los años 50-60 del siglo pasado. Nacieron unos bebés unidos por la cabeza, y en el tiempo en que estuvieron vivos, la urgencia era saber si había que bautizar a uno o a los dos, y acabó llamando a la diócesis para conocer cuál era el protocolo en este caso. Tanto repitió esta historia, que realmente no logro recordar qué es lo que había que hacer, de tantas veces que rememoró la batallita. Quizá porque nunca me la creí.

El caso es que este problema, el de perder almas, tuvo otro momento de extrema pericia. Cuando la mortalidad materna y neonatal era altísima, o el riesgo de muerte era casi pleno, se ideó un sistema para bautizar al bebé dentro del útero, mientras aún estaba vivo. Ese fue el origen de las jeringas buatismales.

En el siglo XVI en Alemania, hay constancia de textos donde se aconsejaba a las matronas realizar el bautismo intraútero, porque desde mucho antes, 1236, las matronas podían bautizar en casos muerte inminente.   De todas las jeringas bautismales, la de Mauriceau (1637-1709) fue la que mayor éxito tuvo.

Con estos dispositivos, el agua bendita se mezclaba con el líquido amniótico, y el bebé ya estaba bautizado antes de su posible muerte. Por no decir que en casos de abortos provocados, se podía de alguna manera quitar el pecado al bebé, y no condenarlos a la perdición.

Tenían una punta con varios orificios para así poder irrigar mejor el líquido bautismal. Algunas versiones tienen la punta con forma de cruz, para darle más enjundia al rito.

Imaginad la situación. La señora con un parto complicado, que se alarga, sin esperanza, o al revés, con un sangrado, etc. Nadie puede salvar a la madre, y le introducen hasta el útero la jeringa (hay casos descritos de bautizar metiendo un dedo mojado en agua bendita), hasta la cabeza del bebé. ¿Cuántos bebés pudieron morir haciendo esto? ¿Cuántas madres? Al mismo tiempo que se realizaba la introducción de la jeringa, debían recitarse las palabras asociadas al bautizo. Debió ser tremendo, pero en la mentalidad de la época, la madre ya estaba bautizada, y por tanto, con esperanza de salvarse, pero el bebé no (esto está escrito así en textos donde se explica cómo se hacía y por qué).

Mauriceau tuvo mucha oposición de otro obstetra, Peu, que consideraba que era mejor intentar sacar al bebé con un gancho, ya que con suerte alguno podría salir vivo, dudando de la eficacia bautismal del instrumento de Mauriceau.

En España, este bautismo de necesidad se reguló a partir de 1750, cuando se inició la enseñanza reglada a las matronas. Como dice este interesantísimo artículo (pincha aquí), si había una presentación de una parte del bebé, se bautizaba esta, y si al final nacía vivo, se volvía a bautizar en la cabeza. Y si había dos cabezas, se bautizaban ambas.

Quizá si se hubiese conocido la máquina secreta que una familia inglesa usaba en los partos, menos bebés hubieran necesitado ser bautizados intraútero. Se la intentaron vender a Mauriceau. Si quieres saber qué pasó, no te pierdas La máquina secreta.

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Si quieres regalar algunos consejos para madres y padres, sin demasiado ñoñería, el Manual para padres primerizos puede ser una idea, y ya va por su segunda edición (gracias!)

MANUAL PARA PADRES PRIMERIZOS

 

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2 Comentarios

  1. Esther madre de Héctor e Irene

    Madre mía! Contigo no dejo de alucinar! Y con los protocolos de época no te digo…

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