CUANDO SE RADIABA EL TIMO PARA EVITAR LA MUERTE SÚBITA

Todos hemos oído o leído el caso del juicio del rey Salomón como ejemplo de sabiduría y ponderación. La historia se cuenta  en uno de los libros de la Biblia, en Reyes I (3:16-28). Al famoso rey le presentaron 2 mujeres que pugnaban por ser la madre de un bebé, sano,  y que rechazaban ser la madre de otro bebé, que había muerto durante la noche, al tercer día de vida, mientras hacían lo que hoy día se llama colecho. Dice así la Biblia:

«Y se levantó a medianoche y tomó a mi hijo de junto a mí, estando yo tu sierva durmiendo, y lo puso a su lado, y puso al lado mío su hijo muerto»

El Rey resolvió partir al niño vivo en dos, para ser justo y dar una parte a cada una, pero una de las madres, la verdadera, prefirió que siguiera vivo aunque fuese  con la otra mujer. Así, Salomón comprobó quién era la verdadera madre, puesto que prefería no tenerlo con ella a que lo mataran.

El Juicio de Salomón, Poussin.

Este ejemplo tan antiguo, refleja en parte cómo se veía una muerte inesperada en los lactantes y neonatos, casi siempre por asfixia y casi siempre por culpa de alguien. Siempre había una culpa, por tanto, y padres y madres eran los responsables. 

Por eso se inventaron algunos métodos para proteger del aplastamiento en la cama, como el arcuccio, del siglo XVI. Por donde pone «c» se sacaban los brazos del bebé.

Pero este post no va de las asfixias en la cuna o en la cama, ni del síndrome de la muerte súbita del lactante (SMSL). Ni del Rey Salomón. Ni siquiera de Rajoy, el Rey de las Islas Salomón.

A finales del siglo XIX, con el avance de la medicina, la anatomía patológica y la terapéutica, se pensó que la causa de las muertes en la cuna tenían que evidenciarse en la mesa de autopsia o en el laboratorio, y que no debía pensarse en sofocaciones ni aplastamientos, especialmente en aquellas familias con posibilidades económicas.

Era un momento de exaltación médica, y a cada síntoma se le encontraba una causa orgánica. Además, el extendido uso del cloroformo para la anestesia, también estaba produciendo la muerte de bebés y niños de forma inesperada. ¿Cuál sería la causa? Alguna debía existir.

Ya no era conveniente echarle la culpa a los padres o al anestesista, sino a una entidad, enfermedad o condición. Y así, surgió la idea del timo.

Era el timo, quién lo iba a decir. El timo era (y aún es en parte) uno de los órganos más desconocidos en el cuerpo humano, y en aquella época muchísimo más. A lo largo de la historia, la función del timo ha sido una incógnita, y ha servido desde de lugar de asentamiento del alma a purificador del sistema nervioso (Galeno).

Por tanto, en 1889, un médico vienés, Paltauf, encontró una relación entre la muerte de los bebés y tener un timo demasiado grande. Algunos timos demasiado grandes podían producir una obstrucción de la tráquea, y finalmente la muerte. Pero como no era claro qué significaba exactamente que fueran grandes ni podía explicar todos los casos, definió una nueva enfermedad, el estatus timolinfático, un síndrome que acarreaba debilidad en los bebés, timo grandes, amígdalas grandes, aumento de los órganos linfáticos y en algunos casos, muerte súbita.  Además, la compresión lenta del timo podía crear problemas respiratorios crónicos, y poner el bebé en riesgo de episodios de muerte súbita, incluidas las muertes tras la aplicación del cloroformo.

Esta nueva enfermedad, que ahora sabemos que no es real, no solo no fue cuestionada, sino que fue aceptada por muchísimos médicos, y en 30 años se publicaron  casi mil artículos sobre la nueva patología (y eso que se publicaba nada comparado con lo que se publica ahora). Por ejemplo, cuando un bebé moría al usar cloroformo como anestésico, se aludía al estatus timolinfático como posible desencadenante. Por otro lado, la prepotencia diagnóstica del siglo XIX no admitía no saber qué es lo que le pasaba a los bebés, y servía como calmante de los pobre padres y madres, que ya no se sentirían nunca juzgados. El problema era el timo, y eso lo explicaba todo. También coincidió con las presiones legales para redactar una causa de muerte en los certificados de defunción, que en muchos países europeos empezaron a usarse de forma más reglada.

La mejor forma de saber quién tenía el timo grande era con radiografías o con radioscopia, y, ¡ay de los pobres bebés que lo tuvieran grande!, la única solución para no encontrar a los bebés muertos en la cuna sería intentar reducir el tamaño del timo.

Primero se intentó quitar quirúrgicamente  el timo a niños con problemas respiratorios de repetición, pero se morían muchos, 1 de cada 3 niños (el estatus timolinfático, que hace que uno fallezca). Era demasiado. Tenían que probar otro método para salvar a los bebés.

Niño al que le quitaron el timo por problemas respiratorios, años 20

Por suerte para esa generación, ya se habían descubierto los rayos X (1895) y la radioscopia (poner a los bebés tras una pantalla para verlos por dentro), era todo un éxito comercial pocos años después. Como a veces la oportunidad se alía con nuestra raza, los estudios con la radiactividad también eran muy novedosos, y aún no se conocían los efectos a largo plazo de estos, por lo que Friedländer en 1907 describió una técnica para reducir los timos de los bebes: darles radioterapia.  Al primero lo tuvo casi 100 minutos expuesto a radiación en la primera sesión.

Niño recibiendo radiación para reducir el tamaño del timo

Ente 1910 y 1950 muchos neonatos, lactantes y niños recibieron radiación tímica por el riesgo de muerte súbita, incluso de forma profiláctica.  El estatus timolinfático era una verdadera epidemia. En Michigan en 1924, se les daba una sesión de radiación a la semana, durante 3 semanas. En 1934, un pediatra de Boston decía que había que mirar con rayos X a todos los recién nacidos para ver el tamaño del timo, y radiar a aquellos que lo tuvieran grande, para prevenir la muerte súbita. Otra forma de saber si tu bebé estaba en riesgo,  era realizando una percusión del tórax con las manos, para conocer hasta dónde llegaba el timo (ese método es totalmente inexacto). Este fue uno de los problemas: al no conocer que el timo es un órgano fundamental en la inmunidad en aquella época, se pensaba en quitarlo como si no pasase nada. De hecho, en 1932, se aconsejaba a los anestesistas radiar el timo si en la radiografía del bebé había una pequeña silueta, para no ser demandados posteriormente si se producía una muerte durante la anestesia.

Pero, como siempre, no todos estaban convencidos. Para empezar, era poco claro el concepto de timo grande. Además, se pudo comprobar que el tamaño de los timos «normales», que Paltauf y otros veían en las mesas de autopsia, realmente eran de niños con timos pequeños, sometidos a desnutrición y enfermedades crónicas, y que lo que ellos llamaban «timo grande» era realmente el tamaño normal de un timo de un bebé sin esas enfermedades, que se moría de repente. Es decir, estudiaron los parámetros en niños desfavorecidos para medir el timo de niños más beneficiados. El timo normal, que puede ser grande, parecía un problema, porque los niños pobres y enfermos lo tenían pequeño.

Estudio a los malnutridos, que los tienen pequeños, para concluir que los mejor cuidados y con familias que se podían permitir esto estudios, lo tenían grande. Y como podían permitírselo, lo radiaron.

En 1920, algunos profesores británicos se quejaron de lo frecuente que se usaba el diagnóstico de estatus timolinfático para justificar cualquier tipo de muerte de un bebé, sin profundizar más. Finalmente, en 1931, un estudio también británico concluyó que el estatus timolinfático era una invención, y que los timos eran de tamaños muy diversos, sin encontrar asociación con la muerte súbita, afirmando que todas las asociaciones eran triviales. Incluso la prestigiosa revista The Lancet hizo una editorial sobre el fin de esta enfermedad inventada (pincha aquí). Pero otros grandes médicos, como Virchow, o el famoso radiólogo Pancoast, decían que era necesario radiar los timos de bebés y niños para evitar la muerte súbita. Otro gran médico, famoso aún hoy, Osler, decía en 1908 que «el diagnóstico antes de la muerte del bebé y la posibilidad de realizar un tratamiento estaban fuera de toda duda».

Muerte súbita por engrosamiento del timo, 1920

A mediados de los años 30, la opinión médica estaba dividida. Muchos artículos demostraban la falta de consistencia de esa enfermedad, pero otros aún decían que sí, que era posible, aunque ya afirmaban que era bastante raro. Pero siguieron radiando timos de bebés para evitar la muerte súbita incluso en los años 40.

Se decían que más valía evitar una muerte que pensar en los posibles efectos a largo plazo. Como decían Conti y Patton

el pediatra debe acceder al deseo de los padres que quieran rayos X para sus hijos. Cualquier beneficio en el timo de estos niños por esta técnica inofensiva y quizás beneficiosa servirá para calmar la ansiedad paterna sobre los problemas del timo

Esta frase es muy actual aún a día de hoy en múltiples temas. Acceder al deseo…

Un famoso tratado de radiología pediátrica, de Caffey, en su primera edición de 1945 decía que era totalmente irracional asociar al timo los problemas de muerte súbita o alteraciones respiratorias y que dar radioterapia en esos supuestos casos era una locura.

Y no es que no se supiese poco tiempo después que la radiación producía cáncer, es que no se quiso ver, porque se creyó que evitar la muerte súbita compensaba. En 1949 se publicó un caso de un niño que fue radiado de recién nacido y que ahora tenía cáncer de piel y de tiroides con 5 años.

Pincha aquí para el artículo

Esta prueba fue el inicio del fin. En 1950, en la revista Cancer, se publicó un estudio que decía que esos bebés que fueron tratados de timo grande, tenían 100 veces más riesgo de padecer cáncer de tiroides. Pero se tardó aún casi una década en dejar de usar la radiación para prevenir la muerte súbita, justo cuando empezaron a surgir otras teorías, como la de la apnea central. Hasta 1962, el libro de pediatría de Sheldon decía que en caso de alargamiento del timo había que radiarlo para prevenir la muerte súbita. 1962.  En España, en ese mismo año, aún se nombraba como posible causa (mira la página 292 aquí)

Incluso en artículos de 1987 puede aún leerse el aumento del tamaño del timo como causante de la muerte súbita, como aquí.

Muchos pediatras y patólogos clamaron contra esto, pero se radiaron miles de niños, porque se creía que un timo grande producía asfixia. Ahora todo el mundo sabe que los timos son grandes en los bebés, y que con el tiempo se va haciendo más pequeños. En las radiografías de los recién nacidos a veces se ve, y es causa de algunas interpretaciones erróneas de las estructuras torácicas.

El timo es lo que señala la flecha roja.

Todos conocemos la historia del juicio de Salomón, pero pocos conocen el estatus timolinfático, y el peligro que tiene unir la novedad tecnológica con una idea sugerente, como pasa también hoy en día cuando se aplican nuevos tratamientos o se definen nuevas patologías solo porque son «lo último» o se asume que la «evidencia» es definitiva, volviéndose una arma de doble filo. La famosa «evidencia», muchas veces, no dice lo que cuentan de ella.

También pasa cuando se extrapolan datos de unas poblaciones a otras, o se dan recomendaciones para todo el planeta, sin pararse a pensar para quién son beneficiosas. Recordad que los timos grandes lo eran simplemente porque se habían estudiado en comparación a los timos de niños desfavorecidos, que realmente eran pequeños.  Prudencia. Llama la atención que muy pocos pediatras conozcan esto, siendo el síndrome de la muerte súbita del lactante algo tan estudiado, y más aún, que tampoco conozcan que fueron los pediatras los que recomendaron los monitores de apnea para casa (cuando se sabía que no servían) o que recomendaran dormir boca abajo para evitar el SMSL, cuando ya se sabía que eso era perjudicial por estudios epidemiológicos (que no necesitaban aparatos). Se dice muy poco y sería bueno saberlo en esta nueva era de optimismo científico.  Pero esa es otra historia, que contaremos otro día si queréis.

Ya se sabe que el timo está muy relacionando con la inmunidad del individuo, aunque nos quedan muchas más cosas por saber de él. Sin embargo, ya no es el órgano  más desconocido del cuerpo,  ahora es el bazo. Si no me creéis, mirad lo que dicen en la universidad de Harvard. Ellos tampoco saben para qué sirve, y  si lo dicen en Harvard, qué voy a decir yo.

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Si quieres regalar algunos consejos para madres y padres, sin demasiado ñoñería, el Manual para padres primerizos puede ser una idea, y ya va por su segunda edición (gracias!)

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1 Comentario

  1. Inès

    Lo del primum non nocere….

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