La relación entre las vacunas y el autismo es un tema recurrente, que está más que estudiado y en el que no hay ninguna prueba real a día de hoy de que una cosa se asocie a otra. Es fácil encontrar información sobre de dónde viene esa idea e información desmontando esa asociación falsa, de la que, por cierto, vive mucha gente.

En algunos países las tasas de vacunación están cayendo. Por suerte, en España esto aún es marginal, pero todo llegará. Pero, ¿y en los hermanos de niños con autismo? ¿Los padres los vacunan?

Es más fácil lanzar dudas que asumir hechos, y este mensaje no llega a la población general. Es cierto que entre algunas personas está bastante claro, pero son un reducto pequeño, autocomplaciente, y en el que el mensaje no sirve porque ya saben que esa relación no existe. Además, conozco a padres y madres de niños con autismo en el ámbito sanitario, que son bombardeados por una posible relación con las vacunas, por parte de casi cualquier persona que se les cruza, aunque algunos de ellos ya tuvieran signos antes de recibir la vacuna fatídica o su autismo se asociara a alteraciones genéticas demostradas. Mucha de la divulgación se hace entre un público que piensa lo mismo, y, por eso, no sirve de mucho. Y, por desgracia, los que creen en cantamañanas y sinvergüenzas disfrazados de salvadores de la verdad, van a creer antes al que les asocia las vacunas al autismo, a los chemtrials o los reptilianos. Otros, llegan a creerlo cuando les calientan las orejas un día sí y otro también. Piénsalo, lo que le pasa es porque lo vacunaron. Y por eso “se puede curar” o se puede “desvacunar”. El círculo perfecto para vender la moto. La explicación que encuentra un culpable, otro chivo expiatorio.

Si cada argumento falso hay que desmontarlo, se acaba por perder la energía y eso lo saben los canallas que se aprovechan de las familias. Hay revistas, la mayoría panfletos infames, que la población cree como revistas científicas, y a fuerza de inundar con el mensaje, se consigue que sea más verdad, por el hecho de repetirse. Avionetas antilluvia, conspiraciones misteriosas o curas milagrosas que anuncian sabios (como si fueran avicenas modernos desde un invernadero), calan más que la noticia de que en España se ha frenado el cáncer de páncreas en ratones, o que la dichosa asociación es falsa. Este país es así. Por eso ya no me sorprende que cada vez más personas crean en eso del autismo y las vacunas. Incluso en el ámbito sanitario es donde más lo veo. Tengo una enfermera murciana entre las más activistas antivacunas que conozco, por poner un ejemplo, pero lo he escuchado también entre médicos, y muchos, por cierto, sin que se consideren conspiranoicos. Te dicen:

-¿Muchas vacunas para un niño TAN pequeño, ¿no?

-La triple vírica produce autismo, ¿no?

Durante el primer año de vida se administran unas cuantas vacunas. Si, pasado ese tiempo, tu hijo o hija empieza a tener rasgos que acaban en un diagnóstico de trastorno del espectro autista, ¿no es natural que pienses en que sí, que llevan razón aquellos que dicen que están asociadas a las vacunas? ¿No es humano dudar, si además, mezclas todo en el mismo paquete? malas praxis en el negocio comercial de las farmacéuticas, el mito de lo natural como lo bueno, etc. Creo que los padres y madres que dudan, hoy en día, son bastantes. Para no dudar.

Así es que algo no se está haciendo bien. Mucha divulgación, mucha información entre aquellos que ya están convencidos. Pero que no llega a quien debería, la población general. Muchas charlas y congresos para dorarse la píldora unos a otros, mucho sobarse el hombro para reforzar nuestras propias posturas, mucho crear un frente desde el que mirar como el río pasa, pero sin mojarse los pies. Mucho reírse de los que no saben de ciencia o no se divierten con ella. Son como mítines políticos donde todos los que van ya saben lo que van a votar y se ríen de los chistes del líder aunque no tengan gracia. Un onanismo virtual. Un culto a la Ciencia, sin entender que la ciencia no lo es todo para la mayoría de las personas, y se necesitan más datos que unas moléculas de H2O para explicar por qué nos da miedo el mar en la oscuridad o nos emocionamos con una canción. Si creemos que solo con los datos vale, creo que estamos equivocados.

¿Los padres de un hijo o hija  con autismo, cuando tienen otro, lo vacunan? Sería interesante saber si esos padres y madres siguen vacunándolos o no, teniendo en cuenta, además, que los hermanos de un niño con autismo, tienen más riesgo.

Pues esto es lo que se ha publicado hace poco. Se estudió a casi 4000 niños y niñas con autismo que tuvieran hermanos pequeños. Se miraron dos cosas: cuántos se vacunaban tras el diagnóstico y cuántos de sus hermanos pequeños se vacunaban. Esto se comparó con más de medio millón de familias sin hijos con autismo, viendo también qué hacían con su segundo hijo respecto a las vacunas. De forma significativa, las familias con un hijo con autismo, vacunaban menos al nuevo hermano y también vacunaban menos al niño con autismo,  posteriormente. Solo cuando el nuevo hermano llegaba a las vacunas de los 11-12 años volvían a vacunar de forma similar, quizá por haber pasado la fase del primer y segundo año de vida, cuando las dudas sobre el neurodesarrollo ya se habían disipado.

Aquí el enlace al artículo de JAMA Pediatrics


No valen solo los datos. Algo más habrá que hacer.

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