EL BIBERÓN ASESINO

Aunque la leche materna es la mejor alimentación para un bebé, han existido  otras alternativas. Las nodrizas eran madres que daban de mamar a otros bebés, normalmente a cambio de dinero. Sin embargo, pese a sus riesgos, siempre se ha dado leche de animales a los bebés a lo largo de la historia, y para ello se han usado diferentes utensilios.

Biberón ruso de lujo, 1849

De la Edad Media y Renacimiento se han conservado piezas de lujo realizadas en metal o cerámica, o en otros materiales, incluso biberones de cuerno.

 

Detalle de un cuadro de van der Heyden, La cocina del flaco,  donde se ve cómo alimentan a un bebé con un cuerno.1563

En este cuadro anónimo parece que le dan leche con un biberón de barro a Jesús u otra deidad.

Muchos modelos eran receptáculos con una apertura. En ocasiones se ponía un algodón o una tela para que el bebé la chupara.

Ahora esto parece más bien un cóctel Molotov, eso que se usaba antes de que las revoluciones se hicieran retuiteando o dando likes.

A finales del siglo XIX, la matrona francesa Breton desarrolló unas tetinas artificiales usando a las propias vacas,  que fueron todo un éxito, y posteriormente también diseñó biberones.

La aparición del vidrio de forma industrial supuso una revolución, junto a la goma en las tetinas. Surgieron muchos modelos, cada uno con un nombre diferente, según quién fuera el inventor.

«Te he comprado todo lo que las revistas dicen que hay que comprar», circa 1890

Muchos médicos estuvieron en contra del uso de leche de vaca o cabra y del uso de estos biberones en el último tercio del siglo XIX, pero comercialmente, fueron todo un éxito.

Está así de borroso, no sois vosotros. De aquí surgió la cachimba [cita requerida]

En 1886 se hizo muy famoso el biberón de cristal del Dr Rougeot, que tenía un termómetro incorporado y era fácil de limpiar.

Dice «el único equivalente a la lactancia materna». A la izquierda, otro bebé tiene en la mano otro de los biberones de la competencia, el que llevaba una goma larga

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX se hicieron muy famosos unos modelos que llevaban un tubo largo de goma con una tetina al final, y con la que los bebés podían tomar ellos solos la leche sin necesitarse mucha ayuda por parte de los adultos.

El bebé no necesita que nadie le vaya dando el biberón, se lo toma él solo.

Y se queda grogui…o algo peor, como veréis después.

Además, con estos biberones, se conseguía tener «niñeras» en lugar de nodrizas, ya que ya no tenían que dar el pecho, y  eran más baratas. Como la medicina forma parte de un sistema de economía y poder, se incentivó el uso de los biberones, pudiendo las madres, además,  tener más tiempo sin estar pendiente de sus hijos.

Si la publicidad dice que el biberón Robert es el mejor, quién va a saber más que la publicidad

El modelo más famoso se llamaba biberón de Robert. Era muy barato, al alcance casi de cualquier familia,  y se llegaron a vender más de tres millones de unidades al año en Europa a finales del siglo XIX.

Si tienes un equipo de fútbol como este puedes comprar el envase familiar.

Parte de su éxito, como pasa a día de hoy con el nicho comercial que son los productos para niños, se debió a la implacable campaña publicitaria que el producto llevaba. Medallas, premios, distinciones, etc., este biberón era lo mejor de lo mejor.

Debieron sospechar algo  cuando vieron que la etiqueta se parecía a la de Anís del Mono

Incluso Robert escribió un libro anónimo donde se alertaba sobre el peligro de los biberones, recomendando a las madres el modelo Robert (claro) tras descartar al resto porque todos producían problemas en los bebés. Hasta decía (recordemos que el libro lo había escrito él mismo), que «Robert es uno de los mayores benefactores de la Humanidad». Ni Ronaldo habla así de sí mismo.

Menos mal que hoy en día la publicidad de productos infantiles es más ética y solo se anuncian productos útiles y seguros.

Pero, al final, no fueron una buena idea, porque provocaron muchísimas infecciones en los bebés. El tubo de goma no se limpiaba bien, y la leche además estaba mucho tiempo dentro del biberón. Además de que no se tenía la conciencia de que había que mantener limpios estos aparatos.

En la década de 1880, más del 40% de los alimentados así morían, mientras que los que tomaban leche de sus madres solo lo hacían en un 20% («solo» es una forma de hablar).  Los que eran enviados al campo con niñeras que les daban leche en biberón triplicaban las cifras de mortalidad, era la peor opción.

-Mari, ¿tú has visto la botella de güisqui? -La he cogido para una cosa. Tráete la cámara, ya verás que risa (es un biberón autofabricado con una botella de ese licor)

En 1889, el Dr Picard se quejó de que todas las innovaciones en los biberones, que eran constantes, pecaban de lo mismo: no eran fáciles de desmontar ni de limpiar. En 1900, Leroy-Allais, en un libro titulado Los derechos de los niños, decía: «aquellas madres, que por razón de debilidad, coquetería o esnobismo, no quieren dar el pecho a sus hijos, deben saber de forma clara, que la mitad de las veces, esa negativa costará la vida de sus hijos».

Con la pasteurización de la leche de animal, parece que se perdió el miedo a dejar de dar el pecho, e incluso se daba esa leche  pasteurizada en las Gotas de Leche si la madre no daba el pecho y no tenía otros recursos.

A la izquierda se ve cómo le dan un botella de leche a la madre. En el centro, reciben consejos de puericultura. A la derecha, pesan a un niño. La gota de leche en Belleville y el Dr Variot, Geoffroy.

Sin embargo,  uno de sus grandes detractores fue el médico francés Dufour, que dicho así no os sonará de nada, pero fue el que creó las Gotas de Leche en Normandía, consiguiendo aumentar la higiene en los niños, aumentar la lactancia materna, y en los casos en los que no se podía dar, ofreciendo leche pasteurizada, que evitó muchas infecciones (por ejemplo, la tuberculosis por leche), junto a educación materna para el cuidado de los bebés. Con todo esto, la mortalidad infantil en su zona bajó de forma brusca. Dufour decía que permitir el uso del biberón Robert era permitir el infanticidio. Desde entonces se llamó el «biberón asesino».

Gota de Leche de Cartagena. 1918. Aún sigue en pie. Puede que en vuestras ciudades aún estén los edificios.

  En 1910, el biberón Robert fue prohibido.

Pero Robert no perdió el tiempo y en 1910 sacó sus nuevos biberones sin el tubo de goma, y vendiéndolos como la «nodriza masculina». Un crack el tal Robert.

Con la esterilización de la leche de animal, hubo una lucha entre dar leche pasteurizada de animal o de ama de cría, y la siguiente caricatura va de eso. Se ve a una nodriza intentando hervir su pecho para seguir «la moda» de la época

«¡Estos niños y su leche hervida!» Abel Faivre, 1901

El uso de esterilizadores y la modificación de la leche animal para obtener la fórmula artificial, es otra historia.

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6 Comentarios

  1. madre mía!! el tal Robert era una fiera!, genial entrada cómo siempre, no sabes cómo me he reído con el comentario del anís del mono, al final el tema del marketing es una pasada, del biberón con goma y el biberón sin goma ahora igual el biberón que parece una teta, con flujo rápido, con lento, con tetina de silicona de látex…buf
    Las fotos dan miedito…

    • Mi reino por un caballo

      Hola Dolors! El marketing estaba aquí desde antes que naciéramos todos nosotros…. un abrazo!

  2. Que mal. Yo creía que en el XIX se daba la teta sí o sí. La tasa de mortalidad me pone los pelos de punta. No sé si he llegado a leer, el tal Robert, era médico? Por que yo no podría llevar hoy sobre mi conciencia un invento que ha matado seres humanos….

    • Mi reino por un caballo

      Creo que no. Pero era la mala higiene la que produjo eso… y la exploración laboral

  3. Menuda historia. El Robert ese era un auténtico fenómeno. Me ha llamado la atención cómo a veces pensamos que en el pasado eran más simplones, o menos agresivos para vender. Error clarísimo. Las campañas publicitarias de hace 150 años no tienen nada que envidiar a las actuales.
    Y por supuesto, el escalofriante dato de mortalidad infantil, donde un 20% es lo menos que se despacha…

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