Durante la estancia de vuestra criatura en el hospital, le realizarán una serie de procedimientos y pruebas. Vamos a ver las más frecuentes y qué significan. En el libro Manual para padres primerizos tenéis estos y otros consejos.

El test de Apgar
El test o la prueba de Apgar es una puntuación que se les da a todos los bebés justo al nacer; es la suma de varias signos que se miran al minuto de nacer, y también a los cinco minutos.
Se hace para valorar cómo está el bebé inmediatamente tras el parto y si necesita ayuda. Se llama Apgar por el apellido de la anestesista que lo ideó en el siglo XX.
La puntuación va de 0 a 10: cuanto mayor es, mejor para el bebé. Lo que se observa es la frecuencia cardiaca del bebé, cómo respira, cómo se mueve, si llora o hace muecas y la coloración de la piel. En raras ocasiones también se hace a los diez minutos.
Lo realizan las matronas o los pediatras y no es una competición; no sirve de nada tener un Apgar de 8 o uno de 10, no cambiará para nada al bebé, ni será más bueno o más listo.
Lo ideal es que, si el bebé nace bien, el test de Apgar se valore encima de la madre, ya sabéis, piel con piel, sin que lo separen de la madre.
El test de Apgar al minuto refleja cómo ha tolerado el parto el bebé, y a los cinco minutos, cómo son de efectivas las posibles medidas de reanimación.
La mayoría de los bebés tienen Apgar 9-10, aunque algunos tienen puntuaciones menores de 7 y necesitan medidas de reanimación para que a los cinco minutos tengan una puntuación normal. Las puntuaciones no sirven para predecir el estado de salud del bebé, se idearon para saber qué bebés necesitaban ayuda al nacimiento. La gran mayoría de bebés con test de Apgar bajo al minuto son completamente normales.
El test de Apgar tiene algunas limitaciones, como en el caso de los
bebés prematuros, que tienen un tono muscular más bajo de por sí.
No os quedéis con un número.

La identificación del bebé
Identificar al bebé es muy importante porque  hay mucha gente y muchos bebés en el hospital. En España hay unas normas muy claras de cómo deben identificarse los recién nacidos, y prácticas como plasmar la huella del bebé de las manos o pies con tinta en su historia, ya están obsoletas y no deberían seguir haciéndose.
Lo más habitual es usar un juego de pulseras para la madre y el bebé, todas con el mismo número. Así, tanto el número de la madre como el que lleva el bebé en el tobillo y en la pinza del cordón, son únicos y están asociados también a un código de barras. Por si, además, se necesitara realizar una prueba de ADN para comprobar la identidad del bebé, justo al nacimiento, se recoge sangre de la madre y del cordón del bebé, en un documento que también se guarda junto con ese número, de forma que esa unión es otro seguro para poder comprobar posibles errores.
Si se parece al padre o a la madre ya os lo dirán todos, no os preocupéis,
pero no sirve como método identificativo.

El grupo sanguíneo
En muchos hospitales se usa la sangre del cordón para realizar el grupo sanguíneo del bebé (A, B, 0, AB) y el Rh (negativo o positivo). Además, se realiza una prueba llamada test de Coombs, para determinar la compatibilidad de la sangre del niño con su madre.

Los gases del cordón
También se suelen analizar los gases de muestras de la sangre de cordón, justo al nacer, que son un reflejo del estado de bienestar del bebé alrededor del parto. Muchas veces los gases de cordón están alterados pero el bebé nace y hace la transición a la vida extrauterina de forma adecuada.

La vitamina K
La vitamina K es importante porque sin ella no se realiza bien la coagulación de la sangre y un bebé puede llegar a sangrar. Esto, que se llama enfermedad hemorrágica del recién nacido, puede presentarse ya desde el primer día de vida o hacerlo más tarde. La vitamina K pasa mal por la placenta; las bacterias del intestino, que son las que la producen, no suelen estar en el bebé al principio, y la vitamina K está en escasa cantidad en la leche materna. Si además la madre toma algunos anticoagulantes o antiepilépticos, el bebé tiene más riesgo aún.

Con una dosis única intramuscular de vitamina K en el bebé, se evita
ese riesgo. Gracias a esto, han disminuido mucho los casos de enfermedad hemorrágica. La alternativa es darla de forma oral, pero debe hacerse durante varias semanas, y los padres seréis los responsables del cumplimiento. No está demostrado que la protección sea igual de eficaz dándola por vía oral, de hecho, los casos que se ven ahora suelen ser en niños que la recibieron oral (si es que realmente la recibieron). Pero si lo hacéis, normalmente la dosis es de dos miligramos al nacimiento, a la semana y a las cuatro semanas, aunque hay más pautas.
Hay que dársela, más aún si toma lactancia materna.

La crema en los ojos
Cuando ya pasa a planta, al bebé le ponen una crema antibiótica en los ojos para prevenir infecciones que puede llegar a ser muy graves. Antiguamente, la principal causa era el gonococo, ahora es otro germen llamado clamidia. Se debe poner incluso en las cesáreas, porque está demostrado que el riesgo existe incluso en ellas, especialmente si tienes la bolsa rota.
El riesgo son lesiones oculares y, en casos raros, ceguera. Está de moda no poner este colirio antibiótico entre algunos padres que dicen que no tienen enfermedades de transmisión sexual (y mucha confianza en ellos mismos y sus parejas), pero tenéis que saber que esas dos enfermedades no se miran en las embarazadas, y que la clamidia puede pasar desapercibida fácilmente. Para no interferir con el inicio de la lactancia, se debe aplicar tras pasar las dos primeras horas, idealmente en las primeras cuatro horas.

Prueba del talón
La famosa prueba del talón se llama realmente cribado de metabolopatías congénitas, y consiste en recoger sangre (y en algunos sitios también orina) para intentar detectar niños con algunas enfermedades concretas, muchas de ellas metabólicas u hormonales, pero en algunas comunidades autónomas incluso de otros tipos. Se llama prueba del talón porque se suele pinchar ahí, pero la sangre se puede sacar del talón, de una oreja o de donde sea.
En estas enfermedades no se manejan bien los nutrientes para mantener sanos los tejidos y producir energía, o falta una hormona para el desarrollo correcto del cerebro. Según el lugar y el laboratorio, se hace a las veinticuatro horas, a los tres días o incluso a la semana.
Lo que debéis saber es que es muy importante hacerla, porque la mayoría de estas enfermedades, si se detectan pronto, tienen mejor solución para el bebé, cambiando el pronóstico a veces de forma radical.
Estas enfermedades no se detectan por el aspecto externo del recién nacido, o dan síntomas muy inespecíficos que no orientan hacia ellas. Por ello, es imprescindible que se les haga esta sencilla prueba.
Puede que os pidan que mandéis nuevas muestras para confirmar algún resultado dudoso. Si al final la prueba del talón da positiva para una de estas enfermedades, no significa que el bebé tenga esa enfermedad, sino que es necesario hacer otras determinaciones más específicas para descartar esa
enfermedad concreta; la verdadera prueba suele ser más costosa. Es decir, la prueba del talón detecta a todos los que tienen esas enfermedades, no se les escapan, pero luego hay que confirmar que realmente la tenga el bebé.
Las enfermedades que se detectan varían según las regiones, aunque en todas se busca el hipotiroidismo congénito y la fenilcetonuria.

• En el hipotiroidismo congénito, el bebé, por muchos motivos, no
tiene suficiente producción de hormona del tiroides, la cual es muy necesaria para el desarrollo del cerebro, especialmente desde el nacimiento hasta los tres años. Si se detecta, con una simple pastilla, el bebé tendrá un desarrollo neurológico normal.
•En la fenilcetonuria, una parte de las proteínas no se maneja bien,
y se van acumulando sustancias tóxicas, que pueden dañar al bebé. Excluyendo la fenilalanina de la dieta puede evitarse ese problema.
•En la galactosemia no se metaboliza bien la galactosa, una sustancia que está en la lactosa, por ejemplo, en la leche materna, y que puede provocar daños neurológicos.
• Otra de las enfermedades más conocidas que se detectan es la fibrosis quística, en la que no se manejan bien las secreciones respiratorias y pancreáticas.

Y así, en algunas comunidades, hasta cuarenta diferentes (enfermedades de los aminoácidos, acidurias, defectos de la oxidación de las grasas, etc.). Lo que no se detecta en la prueba del talón es la ictericia ni condiciones como el síndrome de Down, que a veces los padres preguntáis eso.
Normalmente, rellenáis una tarjeta con muchos de los datos del bebé,
la dirección y teléfonos, por si os tienen que localizar. Los resultados
se reciben por correo, pero es posible que también los comuniquen por teléfono en casos urgentes.

Prueba del oído
En la maternidad, a las 48 horas de vida, ya se le pueden hacer las
pruebas del oído. Los bebés pueden tener problemas de sordera, lo que
marcaría su desarrollo neurológico temprano si no se detectan pronto.
Por ello, en el hospital o pocos días después, le harán a vuestro bebé
alguna prueba para comprobar que escucha bien (otoemisiones acústicas, potenciales evocados auditivos…). La prueba no le provoca ningún daño al bebé y solo puede ayudar a detectar a aquellos que tengan un problema, para poder ponerle solución cuanto antes.
El que estas pruebas sean normales no quiere decir siempre que el
bebé no tenga un problema de audición en el futuro. Sois vosotros los que debéis valorar la audición día a día. Se han dado casos de retrasos del lenguaje y problemas de escolarización por pérdidas auditivas desapercibidas. Por eso, en los primeros meses, es importante ver si se sorprende o parpadea cuando hacéis palmas delante de él, o si vuestras
voces lo tranquilizan. En todos estos casos debe ser valorado por su
pediatra para remitir al médico del oído.

Prueba del corazón
También llamada prueba de la pulsioximetría. En los últimos tiempos, cada vez más hospitales realizan a las doce o veinticuatro horas una prueba para detectar enfermedades graves del corazón que pudieran pasar inadvertidas, ya que algunas de ellas son muy difíciles de diagnosticar en el embarazo, con las ecografías. Acordaos que las ecografías
son solo eso, unas pruebas, que no lo ven todo. En concreto, hasta
el 30% de los casos de estas enfermedades críticas del corazón no se detectan con las ecografías y pueden empezar a dar síntomas en los primeros días de vida, muchas veces cuando ya estáis en casa. Por suerte son poco frecuentes. Esta prueba debe hacerse en todos los niños de la maternidad que están sin síntomas. También sirve para detectar otras enfermedades graves del bebé, no solo del corazón.
¿En qué consiste?
Consiste en ver qué cantidad de oxígeno hay en la mano derecha y qué cantidad hay en las piernas del bebé.
¿Cómo se hace?
Con un aparato, que no duele nada colocar, que se llama pulsioxímetro,
ese que a los adultos le ponen en el dedo para ver si necesitan oxígeno.
Se le coloca un sensor con un esparadrapo en la mano y en el pie y se compara el nivel de oxígeno que detecta en cada lado. Si es parecido, es correcto. Si hay diferencias mantenidas, se debe consultar con un cardiólogo pediátrico.
Nacer en casa no es motivo para que a vuestro hijo no le hagan esta
prueba, igual que la del talón. El 30% de las cardiopatías graves no se
detectan en las ecografías. Y eran embarazos normales. En algunos sitios las personas que atienden partos en casa ya lo están haciendo.

Pérdida de peso
Desde que nace, y diariamente en el hospital, el bebé se pesa para ver la evolución de su peso.
Los bebés nacen con un exceso de líquido. Fijaos que vuestro hijo
tiene los ojos hinchados, por ejemplo, y debe perder ese agua. Es probable que la pérdida de peso, junto a si tenéis o no leche, sea lo que más os agobie de todo lo que pase en los 3-5 primeros días.
Todos los bebés pierden peso desde el momento que nacen, y siguen
perdiendo peso los 3-5 primeros días, para luego ir recuperándolo, hasta llegar al peso del nacimiento a las dos semanas de vida, más o menos.
Este proceso, que es normal, puede acentuarse mucho y que aparezcan
pérdidas elevadas.
Se toleran unas pérdidas totales del 10% de peso, aunque no es lo
mismo perderlo en un día que en cinco. En muchas ocasiones, estas
pérdidas son la oportunidad perfecta para mejorar e identificar los problemas en la lactancia materna (la técnica, que no os dejen, etc.). Es posible que en algunos casos los bebés reciban un suplemento de fórmula para salir del círculo vicioso de gran pérdida, deshidratación, irritabilidad,
mal agarre, etc. En todo caso, dejaos aconsejar por la matrona o los pediatras.
En otras ocasiones, la pérdida de peso puede acompañarse de coloración amarilla de la piel (ictericia), deshidratación o alteraciones en la composición interna del bebé (bajada de azúcar, subida del sodio, etc.).
No hay que obsesionarse con el peso del bebé; si se muestra vital,pide y toma 8-12 veces al día, moja 4-5 pañales diarios después delprimer o segundo día y la orina es clara, es buena señal.
Como mucho, podéis pesarlo una vez a la semana si lo demás es así.
No os vayáis a comprar un peso de bebés, por favor. Una vez en casa,
buscad una farmacia cercana, para que sea siempre en el mismo peso y
con la misma ropa, de forma que el aumento de peso sea fiable.

¿Está amarillo?
Quizá habéis escuchado alguna vez que a un bebé lo han puesto en las
luces o le han cambiado la sangre porque estaba muy amarillo. Tenía ictericia.
Ambas cosas pueden pasar, pero lo más importante es que sepáis
que los bebés se ponen levemente amarillos sin que sea una enfermedad, y se les va pasando de manera paulatina, prácticamente en todos ellos.
Esa coloración a la piel se la da una sustancia llamada bilirrubina,
que procede de los glóbulos rojos rotos. Es modificada por el hígado y
excretada por las heces, dándoles color. Todo lo que puede hacer que
se produzca más (chichones, hematomas), se elimine menos (prematuridad, enfermedades del hígado) o que se absorba desde el intestino (estreñimiento), va sumando en cifra de bilirrubina que se acumula.
Casi todos los bebés se ponen amarillos en los 2-3 primeros días
de vida. Lo que el pediatra comprobará es el riesgo que el bebé tiene de tener cifras elevadas (hermanos con problemas similares al nacer, incompatibilidad de la sangre materna, como problemas con el Rh, prematuridad, etc.) y cuánto tiene por la exploración física (se puede apreciar siempre la coloración amarilla en el blanco de los ojos, es el primer y último lugar en presentarla; sin embargo, las palmas y las plantas solo se amarillean en cifras muy elevadas).
A veces le colocan un aparato en la piel que emite una luz: sirve para medir, sin pinchar al bebé, el nivel de bilirrubina, de forma transcutánea.
Esos niveles de bilirrubina tienen diferente importancia según
las horas de vida del bebé y la edad gestacional. Por ejemplo, todos los
niños que están amarillos en las primeras veinticuatro horas hay que estudiarlos.
Un nivel de diez miligramos de bilirrubina es muy normal al
cuarto día y alto el primer día. Esos mismos diez miligramos el primer
día en un prematuro obligan a darle al bebé tratamientos distintos que si
fuera un bebé nacido a su término.
Lo anterior es lo referido al peligro de la bilirrubina, que se puede
depositar en el cerebro y puede provocar sordera (lo más frecuente), retraso mental, crisis epilépticas e incluso la muerte (kernicterus). De ahí que entendáis que si el riesgo es muy alto hay que cambiarle la sangre por otra para tratar de eliminar el problema (exanguinotransfusión). Los
problemas con el Rh de la madre y el bebé pueden estar detrás de los
casos más graves.
Pero, por otro lado, a veces la cifra es lo de menos, y lo importante
es la causa. Por ejemplo, en algunas enfermedades del hígado o de los
glóbulos rojos, o como en las infecciones, lo importante es lo que lo está provocando.
A medida que el bebé se acerca al mes de vida, las pruebas y el manejo de la ictericia se van alejando de las enfermedades y condiciones típicas del bebé y se acercan a las de niños más mayores (enfermedades hepáticas, genéticas, etc.). Un recién nacido cuando se acerca al mes, debe tener cifras menores de dos miligramos, como los adultos.

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