Stevie Wonder es un cantante y compositor estadounidense, muy famoso en los años 80 y 90, con millones de discos vendidos. 

Stevie Wonder es ciego, pero no nació ciego. En España, además de por su música, se hizo más famoso aún por el anuncio de la Dirección General de Tráfico, paseando en el asiento trasero de un coche, por Beverly Hills,  donde decía, “si bebes, no conduzcas”, que ha quedado como una frase en el imaginario popular.

Stevie Wonder  realmente se llamaba Stevland Hardaway Morris, lo de Wonder se lo pusieron después por lo maravilloso de su música. Nació  en Michigan en 1950, unos 2 meses antes de lo que le correspondía, en 1950.  Esto equivale a unas 33-34 semanas de gestación, por lo que estuvo ingresado en la UCI neonatal de su lugar de origen, por prematuridad. En esa época ya se sabía que algunos bebés prematuros se podían quedar ciegos, pero no se conocía por qué pasaba eso. Un doctor llamado Terry fue el primero en comunicarlo en 1942: algunos bebés tenían una capa fibrosa detrás del cristalino. A esta misteriosa enfermedad se la llamó fibroplasia retrolental o enfermedad de Terry.     Inicialmente fueron pocos los casos comunicados y las causas permanecieron desconocidas durante más de diez años. Pero ya en la década de 1950, aparecieron más de 10.000 recién nacidos ciegos, la mayoría en Estados Unidos, y se hizo un estudio en todo el país para intentar conocer su causa. Actualmente, a esta enfermedad,  se la conoce como retinopatía de la prematuridad.

En algunos bebés prematuros, los vasos sanguíneos de sus retinas no se desarrollan bien. Hoy en día se sabe que la mayoría de las veces el proceso vuelve a la normalidad sin intervención , pero en un pequeño grupo de bebés, puede ser causa de ceguera. Por eso, hoy en día, durante la estancia en el hospital, se les mira el fondo de ojo por parte de los oftalmólogos. En esos casos, con un tratamiento con láser, se consigue que los vasos que crecen tanto dejen de hacerlo de esa forma tan desordenada, para que la retina termine de formarse bien.

Pero en la época de Stevie , no se conocían los tratamientos ni las causas. Se asoció esta enfermedad a múltiples factores: partos gemelares, placenta previa, rotura prematura de las membranas, vacuna de la viruela en la madre, hiperemesis gravídica, intentos de aborto más o menos reconocidos,  haberse realizado la madre una radiografía, lugar de nacimiento, tipo de Rh,  época del año, ser varón, ictericia, diarrea, escaso aumento de peso del recién nacido, exposición a la luz solar, demora a la hora de iniciar la alimentación, leche artificial, transfusiones de sangre, etc. Y muchas, muchas otras causas. 

En 1954 se realizó un estudio en Estados Unidos que concluyó que era el oxígeno. El oxígeno es uno de los tratamientos más conocidos en la medicina moderna, y se administró  a los prematuros desde los años 30 del siglo XX, sin control. El oxígeno se ha dado de muchas formas, subcutáneo, en el estómago, a través de la piel (como vimos aquí) pero el uso generalizado de las incubadoras a partir de los años 40 (véase la historia de la incubadora) lo extendió definitivamente a casi cualquier prematuro. 

A comienzo de los años 50 se descubrió que el uso de oxígeno, de forma indiscriminada, producía la retinopatía de la prematuridad. Entonces se empezó a dar menos oxígeno, y el número de niños con retinopatía de la prematuridad bajó de forma muy importante, sin otros problemas, aparentemente. De hecho, no se siguieron a esos bebés en el tiempo. Se decía que bajo el 40% de oxígeno (el aire normal tiene un 21%), no había efectos en los ojos, y se creyó esto sin más. A muchos médicos y enfermeras los procesaron por dar alguna vez más de esa cantidad. La realidad era otra: aunque había muchos menos casos, claro que siguieron produciéndose con esas cifras de oxígeno.

Como pasa en muchas ocasiones, no todo fue tan bonito como parecía. Realmente aumentaron los bebés que morían o que tenían parálisis cerebral, aunque se tardó otra década más en demostrar. ¿Por qué? El estudio que encontró relación con el oxígeno excluía a los bebés de menos de 48 horas. Es decir, si fallecían antes, no entraban. Luego se vio que dando menos oxígeno, que fue lo que se hizo de forma rutinaria entonces, cada vez eran menos los que llegaban a superar las primeras 48 horas de vida.

Con la aparición de los pulsioxímetros (eso que se pone en el dedo para saber el estado de oxigenación), la sensación de falsa seguridad se incrementó, y aún es nuestra práctica diaria. Cuando el aparato marca “100%”, si el bebé recibe oxígeno extra, puede tener en su sangre y en su retina, lo que le hace falta, 10 veces más de lo que le hace falta o mil veces más de lo que de verdad necesita. Pero la alarma no pita y parece que mal no hace.

Sigue habiendo bebés con ceguera o importantes alteraciones visuales, incluso en forma de epidemias.  Cuando se consiguió que los más pequeños sobrevivieran, aumentaron los casos. Actualmente en el primer mundo cada vez son menos, pero en los países en desarrollo la retinopatía de la prematuridad es una verdadera plaga, por ejemplo en la India o China, donde las pautas de administración de oxígeno, y el acceso a otras modalidades de tratamiento,  no son las mejores.

En Europa se busca la retinopatía en menores de 32 semanas de gestación y menores de 1500 gramos, pero en Estados Unidos se miran solo los menores de 30 semanas en la actualidad. También se examinan aquellos más mayores que han estado más graves. No solo el nivel de oxígeno es el culpable, sino el tiempo de uso, incluso hay relación con las subidas y bajadas frecuentes, y con otros factores. Actualmente aún no sabemos cuál es el nivel óptimo de oxígeno para evitar la retinopatía y no aumentar la mortalidad, la displasia broncopulmonar o la parálisis cerebral.

Acordaos de esta historia cuando os digan que tal o cual cosa es novedosa en los bebés, y que todo son ventajas, y que no darán ningún problema en el futuro. Autores como Silverman y otros, se encargaron de demostrar estas cosas. Para los más interesados, este libro.

Buscando información sobre esto, he llegado a encontrar páginas donde decían que Stevie Wonder está muerto y otras donde dicen que nunca ha estado ciego, usando pruebas como este video donde se ve cómo coge un micrófono al vuelo. En serio, no estamos bien.


Sea verdad o no, puede que todo sea una superstición.