NO SALTES A UN LAGO HELADO

Los jóvenes, los adultos, y también los niños, sufren accidentes. Bastantes de ellos son prevenibles, y no surgen por una casualidad, sino por exponerse de forma reiterada a un determinado peligro. Ya nos lo decían nuestras abuelas: “cuidado con el botijo”, “no te acerques al fuego”, “cuidado con tal o cual persona”. Últimamente se ven cosas difíciles de calificar,  como la siguiente

A esta chica no le dijeron “cuidado y no saltes a un lago helado”. La culpa fue de su abuela, por no prevenirla. En estos días, además, se han visto imágenes de autobuses que se han salido de carreteras borradas por el agua, o coches hundidos al salir por una rotonda inexistente, por la lluvia. Y, para mi sorpresa, he escuchado de forma reitera la excusa de siempre, que nadie les había dicho que no se debía pasar por allí (aunque estaba inundado). Por eso, para refrescar los conceptos de Primero de Supervivencia, vamos a repasar lo que nuestras abuelas nos decían antes de darnos el WertHer´s  Original.

Esto puede parecer una actitud un tanto anticuada, ya que hoy cada uno hace lo que quiere y se rompe lo que quiere, faltaría más.  Mirad la cantidad de padres entre 35 y 45 años que se fracturan los brazos con los patinetes eléctricos de sus hijos, como para prevenir a los niños. A Darwin estas actitudes le gustarían mucho.

Las advertencias han existido siempre, solamente que ahora los peligros han cambiado. Antes no te podía caer un dron en la cabeza al salir a la calle, era bastante más fácil que te diera una coz un caballo, y quizá el miedo a una muerte era más real y se tenía más cuidado.

Aunque en esta imagen de un obispo jugando al minigolf se puede ver claramente un grupo de drones sobre ellos. Hemos sido engañados. Eso, o bien OVNIS. No me vengáis con que son nubes. El milagro de la nieve,  Masolino Da Panicale, 1400, Iglesia Santa María la Mayor, Florencia.

Una simple herida podía producir la infección y la muerte de un niño (antibióticos no había).

Estando uno en un parque infantil, se ven a niños escalando los árboles, o los columpios, o bien las porterías de fútbol o canastas en las pistas de los colegios. Muchos padres y madres están aparentemente ajenos a las dotes escalatorias de sus retoños. Y eso que cuando un niño se cae de un árbol, se suele descalabrar. Lo del Fornite es ficción. Las abuelas nos decían que había que tener cuidado y no brincar a los árboles.

Los hospitales que hacen terapia con perros en niños (pero no en adultos), saben perfectamente que es mejor no usar otro tipo de animales menos cariñosos, como las escolopendras, las boas constrictor (se abrazan mucho, pero no tienen límite en su amor) o los gatos. Desde hace  mucho se sabe que un gato te puede dejar marcada la cara. Cuidado con los gatos y los chuchos, me decía a mí mi abuela.

Algo parecido pasa con los niños y los caballos. No suelen ser una buena combinación de entrada, porque tienen la fea costumbre de dar una coz, y la cabeza o tórax de los muchachos y muchachas suele llevarse un golpe si merodean por la zona o si se suben encima de ellos sin preparación. Es la versión antigua del atropello por furgoneta cuando da marcha atrás. Las abuelas prevenían también de los burros y los asnos, especialmente para que no los fastidiáramos, sin haberlo leído en internet ni nada, cuánto sabían.

Hace años se puso de moda, por desgracia, tirar piedras desde los puentes de las autovías, o al paso de un tren, llegando a producirse desgracias. Otras veces, al tirar piedras de forma alocada, no sabe uno si acabará dañando a quien menos desea, como en la imagen de arriba. “Os vais a sacar un ojo”, decían.

Estudiar no ocupa lugar, pero si uno usa una vela para iluminarse, puede quemarse el pelo, sin llegar a ser una lumbrera. Así es la educación, llena de peligros. Si además, se usa para encenderse, no sé, algún medicamento de esos de liar que están ahora de moda, es más fácil quemarse entre risas. Ya lo decían antes,  “quien juega con fuego se mea en la cama”, como medida de protección universal. Ahora además hay que estar pendiente de que la tablet no se caliente y de no electrocutarse al cargarla.

Aunque esté de moda meter a los niños en la cocina, como pasaba en las tribus caníbales de Nueva Guinea hace años, los riesgos siguen siendo los mismos. Quemarse, abrasarse, cortarse.

Comerse a un niño o a un adulto, además de otras cosas, puede transmitir el kuru. Si además eras de esa tribu caníbal, tuviste el riesgo de que un premio Nobel de Medicina, el descubridor  de la causa del kuru,  abusase de ti. Mira aquí. Ya lo decía mi abuela, “cuidado con algunas personas, no te fíes de nadie”. Y ahora dando nuestros datos a cada click en el móvil.

Algo parecido pasa con el fuego. “Quien juega con fuego, se quema”, decían nuestras abuelas. Ahora las chimeneas suelen estar cubiertas, pero el fuego está en la pirotecnia o en el tabaco.

Cuando uno está despistado es fácil tropezar con una farola, una señal de tráfico o contra una puerta de entrada de un comercio. Igual pasa con los cristales, que te puedes dar un buen golpe. Eso le pasa a cualquiera, y los efectos pueden ser tremendos.

Otra cosa que es muy peligrosa es subirse, no ya a un árbol, sino a una silla o a algún sitio alto, porque te puedes descoyuntar en la caída. A veces se van poniendo objetos para llegar al lugar deseado, y acabamos cayendo.

Todos estos consejos, que hay que volver a refrescar a las personas, están en un libro de 1819 llamado Los accidentes de la juventud, lo tenéis abajo. En él, se cuentan breves historias moralizantes para que los niños y niñas se porten bien y no se malogren, al estilo del libro sobre los peligros de la masturbación.

No dice nada de no saltar a un lago helado, eso sí.

Si, por lo que sea, nuestras abuelas veían que no hacíamos caso, podían amenazarnos con un arma de destrucción masiva llamada zapatilla, que ya no se usa, pero que tenía cierta utilidad. Aún se puede apreciar en este video dónde se aconsejan medidas de seguridad vial al volante para adolescentes.

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2 Comentarios

  1. Esther madre de Héctor e Irene

    Que razón tienes abuela!! Jaja
    El ser humano cada vez mas bobo o con menos abuelas de esas que tanto saben.
    Me echo a temblar pensando en los retos suicidas que están tan de moda…

    • Mi reino por un caballo

      Creo que pasa desde siempre. Peor ahora se echa la culpa a los demás por no avisar. Oiga, no pone “no se metan en el mar “, dicen, aunque vean olas de 10 metros…

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