LA INCUBADORA

Si alguna vez habéis estado en un hospital visitando a un recién nacido prematuro, es posible que hayáis visto esas cajas de plástico donde se meten a algunos de ellos, las incubadoras. Son el paradigma del avance médico, y representan parte de lo bueno, y también de lo malo, de los cuidados de los bebés, que no deja de ser una ciencia aún en ciernes. El problema es que al principio fueron un fracaso.

La visión simplista de las cosas siempre hace ver que el avance es continuo, claro, y dirigido de forma constate por la evidencias. Pero nada más parecido a la realidad, y la historia de la incubadora es uno de tantos ejemplos. Su inicio fue todo un fiasco, lo veremos al final.  Además, las incubadoras han tenido muy pocos avances reales desde el inicio del siglo XX. Claro que son mejores, y con más cosas, pero no dejan de ser variaciones sobre los diseños iniciales.

¿Quién inventó las incubadoras?

Es difícil saberlo. Hay referencias en Egipto sobre el uso incubadoras para huevos de aves, y no es descabellado pensar que alguien usara los mismos métodos con recién nacidos, aunque no hay nada escrito hasta el siglo XVIII.

En 1722, Baillet contó el caso de un médico que tuvo un hijo muy, muy pequeño y dio instrucciones de calentarlo y alimentarlo de forma artificial, llegando a adulto. Es posible que hayan existido más casos como ese.

En 1835 parece que von Ruehl, el médico de la zarina Feodorovna, esposa del zar Pablo I, desarrolló la primera incubadora para el hospital de San Petesburgo, pero la primera publicación conocida sobre el uso de una incubadora es del autor Denucé en 1857, donde describió su modelo de bañera de doble pared con agua caliente en su interior, que tenía que cambiarse cada poco tiempo.

Más tarde se modificó, añadiéndole un fuente de agua.

En 1879, Winckel inventó otra en la que los bebés, literalmente, estaban dentro de una urna con agua, imitando al líquido amniótico. El problema es que se ahogaban, por lo que no tuvo mucho éxito.

 

En 1880 es famosa la historia de Tarnier, un ginecólogo que se convirtió en el padre de la neonatología. Visitando el zoo de París, pensó que las incubadoras que allí existían para los huevos, bien podrían usarse con los bebés, y le encargó al director del zoo, Odile Martin, que le construyera algunas para la maternidad de Port Royal, pero con más espacio, para dos bebés por lo menos.

Las incubadoras modernas para humanos han vuelto ahora a los zoos. Se recomienda quitarse los anillos más que usar una bata.

Se alude a este hecho frecuentemente como al de la invención de la incubadora, cuando ya vemos que no es así.

Incubadora de Tarnier en 1884. Meten a los bebés de 2 en dos, y el aire se caliente desde abajo.

Al ser cerrada, se parece mucho a las actuales, y es que, en verdad, han cambiado poco en su idea de base.

Se le ponían unos recipientes con agua caliente, y el aire que entraba en la incubadora, se calentaba solo.

Tarnier y sus discípulos hicieron estudios sobre la mortalidad a partir del uso de las incubadoras, y sus resultados fueron buenos, pero la realidad fue más complicada. Su uso no se extendió  por motivos científicos, sino por otros más mundanos.

En 1817, Francia perdió la guerra contra Alemania, y desde entonces, hubo una campaña para aumentar la natalidad (era la mitad en Francia que en Alemania), y en parte, se intentó ayudar a estos bebés. Algunos ginecólogos como Pinard, optaron por evitar el parto prematuro, como única medida lógica, ya que poco podía hacerse por los bebés (era perder el tiempo y el dinero), pero otros, como Budin, quisieron intentar salvar a los ya nacidos. En todos los gobiernos, no solo en Francia, gastar dinero en los prematuros era algo que no estaba bien visto. Con la eugenesia en pleno apogeo, encargarse de los más débiles era tirar el dinero, según muchos ginecólogos, pediatras, y, principalmente políticos. Incluso no se distinguían a los “prematuros”, de los “débiles”, ni de los “venéreos”, mezclando a todos en la misma masa de recién nacidos.

Pronto se vio que evitar la hipotermia era fundamental para la supervivencia, por lo que las incubadoras variaron especialmente en la forma de mantener el ambiente caliente dentro de ellas, así como la forma de tener aire circulante.

En 1885, Pajot describió las incubadoras gigantes, parecidas a hornos. Consistían en habitaciones donde estaban los bebés, pero sometidas a calor. Las enfermeras que se encargaban de cuidarlos lo pasaban bastante mal en esas condiciones.

Budin criticó mucho esto y afirmó que las incubadoras debían ser individuales y estar lo más próximas a las madres de los bebés. Budin era discípulo de Tarnier y se encargó de extender el uso de las incubadoras; les puso paredes transparentes para que las madres pudieran ver a los bebés; pero  fomentó en ellas la lactancia materna como forma de ayudar a sus bebés y la idea de que no se las separaría de ellos. Así, dejaron de acudir al hospital a última hora, como último recurso antes de la muerte de los bebés.  Incluso creó una consulta semanal para ver a los bebés que se habían ido de alta.

La incubadora de Filkenstein también usaba recipientes de agua. En el lateral, con forma circular, tenía varios agujeros por los que entraría el aire, que saldría por la parte superior.

La incubadora de Rommel permitía recambiar el aire varias veces por hora, y las fluctuaciones de la temperatura eran menores porque usaba tanques de agua calentados más grandes.

La incubadora de Moll permitía tener acceso a la cabeza del bebé, porque esta quedaba fuera.

En las incubadoras de Lion, que tuvieron infinidad de variantes, el aire se calentaba con gas o con aceite justo a la entrada de la incubadora. Es el aparato pegado a ella a la derecha. Fueron las más utilizadas en los shows de prematuros.

Cuando estaban en pleno desarrollo, dejaron de usarse en los hospitales, porque no se conseguían ventilar bien, y necesitaban personal especializado. Las epidemias y malos resultados en los shows de prematuros que se extendieron por Europa y EEUU, terminaron por darles mala fama. Pero empezaron a crearse tubos conectados a las incubadoras que, mediante un ventilador, traían el aire desde fuera del hospital.

En esta se ve como abajo a la derecha el ventilador trae el aire por un tubo que pasa tras la incubadora, que viene, a su vez, de la calle.

Por esto mismo, también se recomendó que la toma de aire de la calle se hiciera a cierta altura si las incubadoras estaban en una planta baja, para no absorber el humo y la polución de la calle. Algunos pusieron algodones en la entrada de la incubadora, para filtrar el aire, y en otros casos, se usaron algodones mojados en antisépticos, con la idea de que así el aire iría más limpio (cosa que en la época ya criticaban algunos por absurdo).

Hess inventó en 1914 su incubadora. Consistía en una incubadora de metal, con pared de doble capa por la que circulaba el agua caliente, calentada de forma eléctrica. En la parte superior, el aire caliente salía hacia el interior de la incubadora.

Corte lateral de la incubadora de Hess. Estaba recubierta de asbesto. De asbesto, pero en esa época quién lo iba a pensar…

En todas estas incubadoras, los bebés eran sacados al menos una vez al día para que se limpiasen y aireasen.

¿Pero quién usaba las incubadoras?

Ese era el problema, que la mayoría de las mamás parían en casa, y el acceso a las incubadoras era anecdótico, y los bebés que llegaban, si tenían esa suerte, eran bebés moribundos con 3-4 días de vida. El primer hospital que creó una unidad de incubadoras fue el Sara Morris Hospital, en Estados Unidos  en 1898, por DeLee, que era un obstetra de Chicago (lo conocimos aquí),

aunque duró menos de 10 años por problemas económicos. Desde 1910 a 1920, se usaron muy poco.

Incubadora eléctrica, 1903.

¿Entonces?

Más importante que tener un mejor o peor modelo de incubadora, era poder evitar la hipotermia tras el parto, y muchos autores insistieron primero en esto. Los hospitales que recibían bebés recién nacidos tenían una mortalidad mayor del 75%, entre otras cosas porque los traían desde las casas cuando veían que no iban bien. En algunos estudios, hasta la mitad llegaban con menos de 33 grados al hospital. Se recomendaron cestas de emergencia, las misma que las usadas para lavar la ropa, para que cualquier matrona o médico que atendiera un parto pudiera mantener a un bebé prematuro caliente, con toallas calentadas con bolsas de agua o botellas calientes.

Este falso maletín obstétrico es una incubadora de transporte, ideada por Hess, para calentar a un prematuro. Tiene un falso suelo, donde se mete el agua caliente, y en la parte superior, se coloca al bebé. Más tarde inventó otra que se podía calentar con el mechero de los taxis de Chicago.

Shows de prematuros

Mientras se empezaban a organizar la atención a los prematuros, pasó otra cosa. Hubo un tiempo en el que los prematuros no eran tema del obstetra, pero además, los pediatras no tenían acceso a los recién nacidos. En esas circunstancias, surgieron las exhibiciones de prematuros, primero en Europa y luego en EEUU.

Un socio de Budin, Couney, hizo una exposición en Europa con niños traídos desde Berlin, en 1896. Allí, con las teorías de la supremacía de la raza, etc, no se veía útil tratar a los prematuros, por eso tuvo bastantes facilidades en conseguir 6 prematuros . Su exposición fue un éxito, y la exportó a EEUU, donde duró hasta 1940, cuando ya no tenía sentido porque las incubadoras habían vuelto a ser útiles y estaban extendiéndose definitivamente.

Couney es una figura a veces ridiculizada y a veces valorada, pero desde luego, además de interés comercial, logró que las personas se sensibilizaran sobre los prematuros, y que se mejoraran sus cuidados. Tenía exhibiciones en diferentes ferias por el país, junto a otros que también le imitaban. Se presentaba a veces al lado de los circos, hasta finalmente establecerse en Nueva York, en Coney Island.

Durante un tiempo, esas exhibiciones, fueron las únicas que se encargaron de los cuidados de los bebés prematuros. Hubo varios problemas de elevada mortalidad en esas exposiciones, y las incubadoras cayeron en un olvido relativo en los hospitales. Las incubadoras estaban mal vistas porque se consideraban un espectáculo de los freakshows.

Couney con sus vecinos de show. Yo he visto servicios hospitalarios más raros que esto.

Pero Couney quiso hacer una de sus exposiciones en 1914 en Chicago, y el colegio de médicos de allí se opuso, salvo si todo era supervisado por un médico local, que en este caso, fue Hess.

Hess, que fue uno de los mayores neonatólogos de su tiempo, quedó tan impresionado con los conocimientos de Couney sobre los prematuros que tuvo una estrecha relación personal con él, y lo tenía en gran valía. Estaba en el mismo hospital de Chicago de antes, donde cerró la primera sala de incubadoras, y después de esto, creó la primera  unidad de prematuros en 1914.

Hess, y la jefa de enfermeras Evelyn Lundeen consiguieron bajar la tasa de mortalidad de forma espectacular, usando, entre otras cosas, las incubadoras. Pero no solo eso, sino cuidando el resto de detalles, como la nutrición, la prevención de infecciones, etc (este hospital quebró en 2008, cosas de la vida).

Uno de los tratados pediátricos más conocidos del siglo XX es de Hess, y está dedicado a Couney.

No todas las exposiciones de prematuros eran un show. En  1905, Zahorsky se hizo cargo durante 3 meses de la exposición de San Luis, y el libro que hizo durante esos 3 meses demuestra que los trataban de la mejor forma posible desde el punto de vista científico de la época. Se quejaba de que les llevaban los niños ya moribundos o infectados. Muchas veces recibían un aviso e iban a por el bebé a casa de los padres, pero de cada 10 avisos, solo encontraban un bebé aún vivo.

Exposición de San Luis. Zahorsky separó con una pantalla a los bebés del público y mejoró todos los aspectos, especialmente la higiene y la alimentación.

Al final, la incubadora es solo una parte del cuidado, y probablemente no la más importante de forma aislada, como se ha visto. Budin quería incubadoras con madres al lado dándole el pecho a sus bebés, y de eso hace más de 100 años. Lo dicho, poco hemos cambiado.

En la siguiente parodia, en plena época del uso de las incubadoras en shows, en 1901, se ve cómo prometen que el bebé crecerá en 1 hora lo correspondiente a 12 meses. Incluso bromean con que el bebé puede quemarse…
 Aquí el libro de Zahorsky

Aquí el libro de Hess

Antes este bloj, tenía como dirección laincubadora.blogspot.com. Desde entonces faltaba esta entrada.

Si quieres saber qué tiene que ver Cary Grant con estas exposiciones, es una de las historias del siguiente libro que ya salió de la incubadora y está en cualquier sitio.

 

← Entrada anterior

Entrada siguiente →

1 Comentario

  1. Esther madre de Héctor e Irene

    Increíble de lo q se puede hacer un show…

Deja un comentario ¡gracias!

A %d blogueros les gusta esto: