ME COMO A ESTE NIÑO

 

Es muy frecuente que cuando estamos ante un bebé, un niño o una niña, alguien diga para expresar su afecto, que se lo comería. Los bebés son así, se pueden llegar a convertir en el ombligo de nuestro mundo. Casi siempre queda en eso, en una exageración del cariño que se les tiene, no en una intención real de digerirlos. Espero.

Pero más adelante, a medida que crecen, se les dice que se los van a comer, con otra intención. Como en la siguiente y conocida nana para dormir a los niños que es casi gore.

“Duérmete niño, duérmete ya, que viene el coco y te comerá”

una nana para llamar a los servicios sociales.  Posteriormente, durante toda la infancia, se usan estos cocos y otros seres (incluidos los peores, los pediatras «que te van a pinchar»), para intentar que los niños  y niñas hagan lo que sus padres y madres quieran, bajo la amenaza de que si no, alguien puede comérselos o llevárselos (el hombre del saco, Krampus, etc).

Cada vez que escucho lo de «¡me lo como!», me acuerdo de que esto de comerse a los bebés viene de antiguo. Incluso en el centro de Europa, en Berna, hay una estatua con un señor comiéndose a unos cuantos niños, sobre una columna.

En la capital de Suiza comiéndose a los niños, todo muy bonito.

Este come niños suizo, que se está empezando a tragar a un pequeñín mientras guarda en un saco a otros, es una escultura del siglo XVI, y lo único claro es que no se sabe realmente qué representa en realidad, pero parece que cariño, cariño, no les tenía.

Una de esas teorías dice que el hermano mayor del fundador de Berna, el duque Berchtold, celoso de su hermano, enloqueció y se dedicó a esta rara dieta en aquella época.

Por tanto, en lo de comer niños, ser de la familia no es que sea un factor que de seguridad, sino todo lo contrario.

En museo del Prado, hay una obra de Goya llamada Saturno devorando a un hijo,

donde se ve a Saturno (el del pelo largo), devorando a uno de sus hijos, que en teoría debían ser unos recién nacidos, pero que en la imagen están bastante adelantados en su desarrollo.

¿Es que Saturno quería mucho a sus hijos, tanto que se los comía? No parece decir eso la expresión de su cara, pero aquí nadie está para juzgar a los padres, que la crianza tiene muchas formas y todas son respetables.

El caso es que Saturno, el dios romano del tiempo (en Grecia era llamado Cronos), sí que se comía a sus hijos, probablemente no tenía un vínculo afectivo bien desarrollado con ellos. Pero como estos dioses griegos y romanos eran como eran, veamos si tenía una buena causa para ello o es que era una mala persona. No tuvo una infancia feliz.

La familia de Cronos (lo vamos a llamar según los griegos) no era muy amable. El padre de Cronos se llamaba Urano, y era un poco despegado. A todos sus hijos, incluido a Cronos, los tenía encerrados y escondidos dentro de su propia madre, que era Gea. Pero Cronos, con ayuda de su madre, acabó matando a su padre y liberándolos a todos (eso lo veremos al final).

Después de hacer esto, Cronos gobernó todo lo gobernable, y también se dedicó a tener hijos. Pero desde el principio le habían advertido de que uno de sus hijos acabaría matándole (como él mismo hizo con su padre), de forma que, como se ve en el cuadro, en cuanto nacían, se los tragaba. Saturno devorando a sus hijos. Si es que le venía de familia.

Se comió, entre otros, al futuro Poseidón, Hares, Deméter, etc, pero su madre, Rea, un poco molesta por no dejar que ella hiciera el piel con piel, escondió al último de sus hijos, un tal Zeus (no es el hijo de Sara Montiel aunque se llamen igual). 

Cronos, que esperaba comerse también a este último bebé, fue engañado. Le dieron una piedra envuelta en un paño, y se lo comió sin masticar (imagino). Ya lo dicen los expertos, que hay que masticar bien las cosas.

Ese piedra que le dio se llamaba ónfalo.

Pasados los años, Zeus creció bebiendo leche de cabra escondido en una isla (cabra que se llamaba Amaltea, un nombre muy profundo para una cabra) y  volvió para vengarse, e hizo que su padre regurgitara a sus hermanos, uno tras otro y en orden inverso, empezando con la piedra. Es decir, que Saturno (Cronos) devorando a sus hijos tiene una segunda parte tiempo después regurgitando a sus hijos.  Debía tener una digestión lenta, porque salieron todos sanos y salvos. Como en el cuento de los siete cabritillos.

Zeus alimentado por la cabra Amaltea (Poussin).

Al final, Zeus acabó con su padre, Cronos, igual que Cronos había acabado con el suyo, Urano. Ya sabéis, según el orden de los planetas: Marte hijo de Júpiter (Zeus), hijo de Saturno (Cronos), hijo de Urano.

La piedra ónfalos, la dejó Zeus en Delfos, y representaba el ombligo del mundo, el centro del universo.

Ónfalos del museo de Delfos.

Por cierto, cuando Cronos derrocó a su padre Urano, le cortó los genitales y los tiró al mar, y de la espuma que se formó nació Venus, esto se ve en el famoso cuadro

pero es menos conocido el cuadro de unos minutos antes, que es un poco menos amable.

Urano comiéndose a un hijo, mientras Saturno le corta los genitales y luego los los arroja al mar, naciendo Venus. 1501. El autor se equivoca, mezcla los personajes, Urano no comía niños.

Dan ganas de comerse a los niños, pero no como en los cuadros del museo del Prado, por favor. Tampoco les digáis que va a venir un coco que se los va a comer, que los pobres se lo creen y luego pasa lo que se ve en el siguiente vídeo. Os sonará la música, el tema se llama Kids, y fue bastante conocido en su época, pero no imagináis lo que se atrevieron a grabar en este video. No se sabe cómo estará el protagonista del vídeo hoy día…

–Si os ha gustado esta historia, hay más en un libro, de mucha risa,  sobre curiosidades del embarazo, el parto y la lactancia. Tiene algunos efectos secundarios, la mayoría buenos, te invito a que los compruebes.

 

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2 Comentarios

  1. Me ha gustado la historia.
    Muy bien explicado, casualmente, el otro día me leía un libro de dioses griegos y no me enteraba. Gracias por la aclaración.

    • Mi reino por un caballo

      Hola! como para entenderlos, porque cada mito tiene variantes múltiples. Eso sí, muchas historias modernas son, en el fondo, copias de esas historias.Un saludo!

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