En España tenemos un problema con los antibióticos. De los países mas avanzados del mundo, España es donde más se consumen, y cada vez más.

En muchas ocasiones, aún hoy, se sigue creyendo que los cuadros virales, como la gripe, necesitan antibióticos. Y al final, vamos seleccionando las bacterias más resistentes, y ya hay muchas que están tan seleccionadas que no hay antibióticos que les puedan hacer algún daño.

El uso indiscriminado de antibióticos es común, aunque hay algunos avances. La necesidad de receta es un paso, aunque también se dispensan sin ella en ocasiones (sí, no os hagáis los sorprendidos).

Es muy, muy, muy frecuente que los padres pidan que se le den antibióticos a sus hijos; alguna vez pueden estar acertados, pero en general, si no parecen necesarios, no lo suelen ser, sino todo lo contrario. Recuerdo un médico de urgencias pediátricas que cuando una familia le exigía de malas formas que le mandara un antibiótico a su hijo, le enseñaba todos los que tenía en el cajón y les animaba a llevarse el que quisieran, pero sin prescribírselo, porque él creía que no era necesario.

Esta unión de toses, fiebres y antibióticos, es una parte de la medicina defensiva y de complacer al demandante. Pero antes era peor. Hasta había gotas de penicilina para tratar los resfriados. Gotas de penicilina. Ahí es nada.

En otras ocasiones, la penicilina se usaba en forma de caramelos, diciendo que la boca estaba llena de gérmenes (que es verdad), pero que no hay por qué matarlos, oiga.

Por lo tanto, el uso indiscriminado de antibióticos viene desde el principio de la comercialización de la penicilina, más bien del momento en que fue accesible, ya que inicialmente conseguir una dosis fue prácticamente imposible. Hasta se volvía a depurar la orina de los enfermos para extraer los restos de penicilina para volver usarlos.

 

En forma de supositorios no tengo conocimiento.

El uso de penicilina solo para la tos aún está en la mentalidad de muchísimas personas, y es que al principio se asociaba una cosa a la otra.

 

Anuncio en el diario ABC, 1955.

Algunas de estas gotas además contenían fenilefrina, un vasoconstrictor que mejoraba, momentaneamente, las secreciones nasales, por lo que es posible que las personas, incluidos niños, tuvieran alguna mejoría.

 

Por tanto, como decía Litoral en los años 50, más fabada y menos penicilina. Hombre ya.

(si crees que el cartel del inicio es falso, Nestlé, la dueña de Litoral, lo tiene colgado aquí).

Si te ha gustado, hay un libro, de mucha risa,  en las mejores librerías,  sobre curiosidades  históricas del embarazo, el parto y la lactancia. Te invito a que lo compartas o lo regales, que llega el verano y hay que bajar algo a la playa.