LA MÁQUINA SECRETA

-No creo que aguante mucho más.

El gesto de Alice, la abuela, decía más que sus palabras. Ya tenía edad suficiente para reconocer lo que iba a pasar, pronto, a su espalda.  Mirando a través de la ventana el segundo atardecer desde el inicio del parto de su hija, recordaba cómo había perdido ya a dos de ellas, con 19 y 21 años, en partos que se prolongaban lo mismo o más que el de esta, su hija pequeña. Poco a poco la esperanza se iba diluyendo como el sol en el horizonte, para atraer la negrura de la noche, la del destino de Mary. Por el bebé poco podía hacerse ya. Todo eso se mezclaba en su cara dándole un aspecto más envejecido que el de una mujer cercana a los 40 años.

La partera del pueblo, mujer experta en estos partos tan prolongados, se había resignado. El canal por el que la criatura debía pasar no le dejaba avanzar.  Ningún ungüento ni aceite habían servido para nada. Parecía que Mary era ancha de caderas, pero por algún motivo el bebé no bajaba lo suficiente. Los efectos de la desnutrición y el raquitismo que Mary tuvo en la infancia, bien pudieron haber puesto una barrera para convertirla en madre.

-¿Qué hay del barbero?-preguntó Alice, cuando consideró que ya no iba a ser abuela. 

Su amo, el señor Frickensen, el reverendo del pueblo, era muy bueno con ellas. Las acogió en su casa y les daba las labores que una finca como esa merecía. Alice no podía tener queja del trato, y en muchas ocasiones, incluso su opinión tenía el mismo valor que la del padre Frickensen.

Muchos partos terminaban con la vida del bebé y de la madre si no era posible acabar bien el parto. Los barberos conseguían en muchos casos sacar al bebé para salvar a la vida de la madre, con instrumentos caseros, como ganchos, que destrozaban al bebé o lo cortaban en partes para poder ser extraídos. Esa era la única esperanza, si aún quedaba, de salvar la vida de Mary.

El Sr Frickensen la miró a los ojos, no estaba dispuesto a asistir a otra pérdida en su comunidad, no podía ser posible que Dios llamara tan pronto a las hijas que estaban en su casa.

-No he llamado al barbero del pueblo. Esta vez, con la gracia de Dios, vamos a intentar todo lo que esté en nuestra mano.

-¿Qué?-dijo Alice, volviéndose desde la ventana.

-Sí, he hablado con el prior y han llamado a los barberos más conocidos de Londres. Dicen que no hay parto en el que no puedan hacer magia.

-¿Acaso debe obrarse magia para cumplir la voluntad de Dios, padre?

Pese a su resistencia, Alice sabía que pronto había que hacer algo, fuese lo que fuese. Su hija Mary estaba cada vez más cansada, su tez, pálida. Su boca seca dejaba ver los dientes, casi saliéndoles de las encías. La nariz, por algún motivo, parecía más fina, como el pico de un águila, y ya hacía varias horas en las que no chillaba de dolor, por el agotamiento, o que no deliraba. Tras el fracaso de la matrona, el físico  del pueblo, por piedad, había venido a la habitación. El reverendo tenía muchos contactos en el pueblo y en la abadía cercana.

El pulso de la madre era inequívoco: le quedaba poco de vida y nada se podía hacer por ella. La cesárea no podía plantearse porque era muerte segura de todas las formas para Mary y su bebé y él no conocía a nadie que la hubiera practicado.

Por lo tanto,  el físico se fue, llevándose la única esperanza, salvo la de los barberos, que siempre estaban ahí. Con las otras 2 hijas de Alice, los barberos no tuvieron suerte. Con la primera, lograron sacar  a un bebé muerto, y la madre se desangró muy poco tiempo después; en el parto de la segunda hija, solo pudieron extraer al bebé después de fracturarle la cabeza y días después unas fiebres llevaron a la madre al cielo.

Ahora, esa era toda la esperanza. Una esperanza, débil, lejana, muda.

Ya era de noche cuando llegaron. Probablemente al amanecer todo habría acabado. Eran 2 hombres muy bien vestidos para su condición. Telas nobles y uno de ellos con peluca, algo inusual en los barberos que Alice había visto en su vida. Tenían un aspecto más llamativo que el del médico. Eso fue lo primero que les llamó la atención a Alice y al reverendo. Traían consigo, además, 1 sirviente mulato portando una caja de madera de grandes dimensiones. Era todo un espectáculo. Estaba adornada con tallas doradas de figuras en extrañas poses.

-Bendita sea esta casa. Ya hemos llegado. Somos la familia Chamberlen, barberos cirujanos de su Majestad y él-señalando al más joven- futuro miembro del Colegio de Físicos de Londres. ¿Dónde está la paciente?

No sabían qué querían hacer esos caballeros con esos ropajes nobles, y la referencia a la realeza les dejó impresionados. Tampoco sabían cuánto tendrían que pagar cuando la madre y el bebé acabaran muertos. Sería otro problema.

-En esa habitación-dijo el reverendo señalando con prontitud.

Cuando Alice, el reverendo y otros familiares quisieron entrar, el mayor de los nuevos invitados  les dijo:

-No, no. Debemos permanecer a solas con la parturienta, para poder usar nuestra poderosa máquina. Es estrictamente necesario que nadie nos moleste mientras la estamos usando o no habrá esperanza ninguna para la madre y la criatura.

-¿Qué es esa prodigiosa máquina?-dijo la partera, que aún estaba por allí.

Solo obtuvo una sonrisa y una mirada de soslayo de uno de los  barberos. El sirviente de los barberos también se quedó fuera, vigilando para que nadie entrara.

Una vez cerraron la puerta  tras de sí, Alice no pudo escuchar nada de lo que sucedió después. Solo escuchaba al reverendo rezar, y poco más.

Pero de repente, sonó un golpe seco. Y luego otro y otro. Varios sonidos como el chocar de sables se colaron bajo la puerta. Después una campana tintineó varias veces y un fuelle parecía que estaba alimentando a lo que fuese aquella misteriosa máquina.

-¿Qué estarán haciendo?-dijo Alice, mirando al sirviente, sin esperar que nadie le contestase.

-Espero que magia-dijo la partera.

El mulato solamente sonreía.

-Los señores tienen una máquina maravillosa. Hasta la usan con las princesas.

Menos de una hora después, se escuchó el milagroso llanto de una niña recién nacida,  que salió en brazos de uno de ellos. Parecía que la criatura estaba bien.

-¡Alabado sea el señor!-exclamó el reverendo. Alice y la partera pronto envolvieron a la niña en unos trapos para fajarla.

Mientras entraba el sirviente para llevarse la enigmática caja, Alice puedo ver que su hija, Mary, había sobrevivido al parto, por lo menos por ahora.

Estaba consciente pese a todo.

-¿Qué te han hecho? ¿Qué maravilla han obrado en ti?

-No lo sé-dijo Mary-. Antes de empezar me avisaron de que no me podía quitar  la venda que me habían puesto en los ojos.

NOTA

La familia Chamberlen se hizo muy famosa y rica por ser, desde el siglo XVI, y durante más de 100 años, una saga dedicada a realizar partos, consiguiendo tener una leyenda y una fama de poder conseguir solucionar partos muy difíciles con un misterioso instrumento que no dejaban ver a nadie, y que estaba envuelto en todo tipo de leyendas y conjeturas. Durante varias generaciones, lograron mantener el secreto.

Hasta ellos, muchos partos complicados acababan con la muerte de la madre y el bebé, y ellos lograron mejorar esos resultados. Algunos de ellos fueron barberos, los menos, físicos. Varios de ellos intentaron crear un colegio de cirujanos obstétricos y matronas en Londres, pero no lograron conseguirlo, se opusieron el colegio de médicos y también el colectivo de matronas; otros estuvieron perseguidos por el colegio de médicos por recetar medicamentos.

Atendieron, a lo largo de tantos años, a varias princesas y reinas, como en el nacimiento de Carlos II de Inglaterra, heredero al trono, hijo de la reina Enriqueta María. Hasta el zar de Rusia quiso llevarlos a su corte. Uno de los más famosos fue el doctor Peter Chamberlen (1601-1683), que sí llegó a ser  físico y que además era dado a vestir de forma pomposa y extravagante. Cómo sería.

Es célebre la historia de uno de sus miembros, conocido como Hugo el viejo, que fue a Francia en 1670, a ver a un famoso físico, Mauriceau, al que quiso vender el secreto por una elevada cantidad de dinero. Mauriceau espero a tener un parto complicado, en el que por las deformidades óseas del raquitismo en la pelvis, el parto no progresaba. Compraría el secreto si demostraba su utilidad. En este caso, tras usar su magia, la madre y el bebé murieron, y Hugo tuvo que volver a Inglaterra con su secreto y sin haberlo vendido al médico francés. En este caso no había funcionado. Mauriceau lo acusó de ser un tramposo.

Pese a todo, se llevó un tratado de Mauriceau sobre partos, lo tradujo y le añadió que su familia tenía un secreto que hacía que no murieran ni la madre ni el bebé, a diferencia del resto de barberos y médicos. Se hizo terriblemente famoso.

Tras el éxito de este libro, vendió el secreto a algún médico en Holanda. Su descendiente, Hugo el joven, murió en 1728, y unos pocos años antes reveló el secreto de la máquina familiar para los partos difíciles. Desde entonces, esa máquina se popularizó de forma brutal y llegó casi a cualquier barbero o matrona que atendiera partos, con múltiples modificaciones.

En 1813, en un falso techo de la casa familiar del Dr Peter el físico (el nombrado antes, el que fue médico y vestía de forma extravagante), se encontró parte de la máquina original, usada 130 años antes.

Habían inventado y usado los fórceps. El resto de instrumentos, y los sonidos que usaban dentro de las habitaciones, eran solo para crear misterio sobre su “máquina”. Durante más de 100 años fue un secreto de familia.

nk” rel=”noopener”> Fórceps del Dr Peter Chamberlen escondidos.

[/caption]Desde entonces, muchos barberos y los nuevos obstetras, con el tiempo, los usaron cada vez más, incluidas las matronas.

rel=”noopener”> El matrón. 1793. Nótense los fórceps a la izquierda.

[/caption]—Si te ha gustado, hay un libro, de mucha risa,  en las mejores librerías,  sobre curiosidades  históricas del embarazo, el parto y la lactancia. Como no es secreto, te invito a que lo compartas o lo regales, que llega el verano y hay que bajar algo a la playa.

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10 Comentarios

  1. Me la has colado, pensaba que daban el cambiazo con un bebé vivo robado a otra familia, o algo así.
    Muy chulo el relato.

    • Mi reino por un caballo

      Gracias Javi, lo de las campanas y los ruidos y la venda es verdad. Está sacado de la historia de la medicina!

  2. Me ha tenido en vilo hasta el final. Poco éticos los Chamberlen. Prefiero a Katarina Schrader.

    • Mi reino por un caballo

      Nada éticos a nuestros ojos de hoy. Es algo de un pastel?

      • No. Es una matrona de Groningen, viuda de cirujano, que ejerce entre 1693-1740. Una fiera, desarrolla un método para hacer parir a las parturientas con placenta previa oclusiva total (que se morían todas con sus hijos durante el parto), salvando a madre y a niño. Niño perfecto, ojo, nada de anoxia. Enorme prestigio en su época incluso entre la entonces ultramasculina profesión médica. Lo escribe junto con otros truquillos sólo para salvar vidas (no por pasta, como los Chamberlen, así que éticos, ni ayer ni hoy, que ellos y ella eran contemporáneos). Nadie hace caso. Nadie adopta técnica.
        Claro, ella no tenía máquina, sólo decía la verdad, no había misterio….

        • Mi reino por un caballo

          Por lo que estoy leyendo de su diario, cuando quería ayuda, llamaba a un varón, no tenía mucha consideración por sus compañeras femeninas. Al menos eso es lo que está escrito en su diario, de más de 3000 casos. Seguiré investigando.

          • Tenía un gran ego y despotricaba de sus colegas de profesión, pero también de los médicos.. Busca como avergüenza al cirujano la primera vez que salva la vida a una mujer por placenta previa (el bebé ya estaba muerto, era su segundo caso).
            Eso sí, el libro lo escribe altruistamente.

          • Mi reino por un caballo

            La historiografia moderna la pondrá donde merezca. Los casos de redentores del mundo, como era la historia de la medicina hasta los años 60, ya no se aceptan. Muy interesante el aporte!

  3. Esther madre de Héctor e Irene

    Pues si que me ha gustado y mucho. Muy interesante la historia. Nunca pensé como sacaban a esos pobres niños que no llegaban a nacer y me ha parecido duro. No sé cómo lo hacen ahora sí hay más complicaciones…

    • Mi reino por un caballo

      Antes usaban todo tipo de aparatos, pero la mayoría de las veces se mataba al bebé para poder sacarlo. Ahora, la cesárea ha casi desplazado a los fórceps, aunque aún se usan.

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