La moda de los fidgets spinners ha llegado a todo el mundo, y es que desde que se acabó la patente, su producción y venta ha sido exponencial, modificando el diseño original, añadiendo luces, imanes y otras piezas. Si además cuentas que va muy bien para el autismo y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (en este caso sí se dice que existe, porque es para vender algo), tienes el éxito asegurado. Es una excusa perfecta, un marketing genial.

Como los yogures, que ya no son para alimentar y por placer, sino que son casi medicamentos potentísimos, según la publicidad.

Acaba de salir un artículo sobre ingestiones de fidget spinners en Estados Unidos. Entre 2016 y 2017 hay 16 casos comunicados de ingestión de piezas, porque una de las cosas que se ven en estos casos es que las ingieren niños más mayores de lo habitual (los que saben desmontarlos) y en algunos casos niños con alteraciones neuroconductuales.

Por no hablar que en algunos casos los niveles de plomo en sus piezas no es legal, según de dónde procedan.

Cuidado con ellos. En Estados Unidos hay casi 100.000 ingestiones accidentales de objetos en niños al año

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