A-B-0

Esta es la historia de tres personas unidas por la sangre: padre, madre e hijo.

   Él no le dijo la verdad aquella mañana. No solía mentirle, al menos de forma consciente, y sentía la amargura del engaño, ese animal encerrado que te va royendo por dentro.

   Solo una vez había mentido a su mujer en algo importante y no le gustaba tener que volver a hacerlo, aunque eso sería lo de menos al final. La sangre, esa sustancia roja que contenemos con la piel y con el pensamiento, la sangre, que corre veloz a cualquier herida que nos hacemos, le ebullía por cada rincón de su cuerpo, sin saber dónde exactamente estaba el daño, dónde tenía que ir para salir.

   Le dijo que había estado visitando a su madre en el pueblo, pero no era verdad. Para ser más concretos, eso también lo había hecho: como el mal mentiroso, visitó a su madre como parte del plan, aunque hizo además otra cosa. En realidad su madre era ya muy mayor y podía ser la última vez que la viera.

   El laboratorio de análisis clínicos al que realmente había ido parecía cualquier cosa menos un centro médico. Estaba en el bajo de un bloque de pisos de los años sesenta, ya bastante decrépito y, a ojos de cualquiera, en proceso de encogimiento. El letrero, grisáceo, anunciaba con letras plásticas azules “Análisis clínicos 24 horas”. Estaba lo bastante lejos de su casa como para que la casualidad hiciera que se encontrara con algún conocido.

   La vida te da sorpresas cuando menos te lo esperas. Un simple aparatito de plástico, aparentemente inocente, es capaz de proyectar una lanceta en una milésima de segundo contra tu piel para hacerte sangrar, y aunque él sabía a lo que iba, sintió el dolor en el dedo como cuando, de pequeño, le mordió su propio perro. Era una sensación ambivalente, recibir dolor de alguien al que quieres, pero en el caso del laboratorio de análisis al menos lo sabía y no es que quisiera especialmente a la señora que le extrajo la sangre, con sus gafas a media nariz y su aire ausente. Pero le iba a dar información.

grupo sanguíneo

   Sacó tres portas  y con la parsimonia que exige la rutina, fue echándoles varias gotas de reactivo, una en cada una de ellos,  para que la reacción se fuera produciendo al mezclarse con la sangre de él.

—Es usted de grupo 0 positivo—dijo ella dando poco pie a la conversación.

—¿Está usted segura?—imploró él con voz lo menos temblorosa que pudo.

   Levantando la ceja izquierda y mirando por encima de sus gafas, y por encima del hombro en sentido figurado, la analista inspiró profundamente y espiró dispuesta a explicar a ese hombre en qué consistía el análisis.

—Mire—dijo empezando poco a poco—.Todos tenemos en nuestros glóbulos rojos unas proteínas que se llaman antígenos. Pues bien, hay personas que tienen los antígenos A, otros los antígenos B, otras tienen los dos, y otras que no tienen ninguno de los dos. Eso es lo que significa ser grupo A, B, AB o 0. Por eso se dice que su grupo sanguíneo es cero, aunque se sorprendería de la cantidad de personas que lo llaman “o”, como la letra. Es una discusión sin salida.

   La cara de él parecía comprender lo que la analista estaba diciendo, y ella, por tanto, continuó con su explicación.

—La personas con grupo A tienen en su sangre además anticuerpos anti-B; las del grupo B, tienen anticuerpos anti A; las que tienen grupo AB, no tienen ningún anticuerpo, y las que tienen grupo 0 tienen anticuerpos anti A y anti B.

    Ahora él no estaba muy seguro de entender. Ella sonrió mientras volvía a examinar su dedo con curiosidad.

—Ese es el motivo por el que hay que conocer el grupo sanguíneo en las transfusiones. Si, por ejemplo, usted es de grupo A y recibe sangre B, sus anticuerpos anti B, que lleva desde que nació destruirán la sangre transfundida y le pondrán en un aprieto. Como es grupo 0, puede dar sangre a cualquiera porque no tiene ningún antígeno A o B, pero solo puede recibir de otra persona con el grupo 0.

    Ella lo miró sabiendo que él no entendía, pero ya estaba excitada, sería quizá lo más interesante en su día, había salido de su letargo.

—Mire. En estos portas se ponen sueros con anti A, anti B y anti A y antiB. Al poner las gotas de su sangre, no reacciona con ninguno, por lo tanto es grupo 0, no tiene ni antígeno A ni antígeno B.¿Lo entiende?

—¿Y esto es seguro?-volvió a preguntar él.

   Ella esta vez se atrevió a preguntarle.

—¿Por qué quiere saberlo?, dígame qué quiere realmente saber.

   Se disculpó poniendo como excusa la simple curiosidad, y mientras el informe salía lentamente por la impresora, lo metían doblado en tres partes en un sobre y pagaba en metálico el importe, pensó en si esto había sido buena idea, ya que él ya sabía que su grupo sanguíneo era 0.

   Lo sabía desde que era pequeño, en el instituto lo hicieron en la clase de Ciencias Naturales, aunque ya no se acordaba exactamente de cómo era el método, y lo volvió a saber cuando lo operaron de apendicitis, hacía ya casi veinte años.

   Era grupo 0.

   Unos días antes de esto, mientras se dirigía a casa, llamó a su amigo Ricardo, que era veterinario y sabía seguro del tema. Sabía de todo, siempre fue el más listo del grupo. Tras las frases de cortesía iniciales, insustanciales, llegó al nudo de su duda.

—Ricardo, ¿de unos padre con grupo 0 puede nacer un niño con grupo A?

—No, los grupos sanguíneos son hereditarios. Tener un grupo consta de dos partes, te explico. Una parte de tu madre y otra de tu padre. Por ejemplo, si tu padre es grupo A, cuando eres un embrión, te da una parte de su grupo, que puede ser A o 0.

—No te entiendo, empieza otra vez—contestó él de forma sincera.

—Mira, para que lo entiendas. El grupo de cada persona es como un asiento de dos plazas, está compuesto por dos lugares. Uno lo heredas de tu padre y otro de tu madre, ¿me sigues?

—Ajá—asintió él.

—Pues si tu padre te cede un asiento A y tu madre otro A, tu grupo es A. Pero si tu padre te cede un A y tu madre un 0, sigues siendo A. El A es el que manda. Igual pasa con el B.

—Entiendo.

—Cuando el grupo es 0, es que los dos asientos están vacíos. Si los dos padres tienen grupo 0, solo pueden ceder grupos 0 a sus hijos, ¿verdad? Al menos hasta donde yo sé. ¿A qué viene todo esto?

—No, nada, una tontería, algo escuché en televisión y también me sonó raro.

   Un mes antes habían tenido un hijo. Su bebé era muy bonito, como diría cualquier padre, con la piel algo más oscura de lo habitual, casi seguro por su madre, que era de Cachemira. Cuando recibieron el informe de alta, el papel tenía un error. El grupo sanguíneo del bebé era “A”.

   Como conocía una antigua amiga en el hospital, le pidió que comprobara, por favor, el grupo del bebé, porque había un fallo. No le costó demasiado, ya que la madre era donante de sangre y la conocían en el laboratorio de tantas y tantas ocasiones. Lo volvieron a hacer y el resultado era el mismo, una A rotunda, invariable, el inicio de todo. Una A terrible.

   Ella no le dio ninguna importancia al dato, una madre no se fija en eso, pero él sí. Si la madre era grupo 0 (conocido de forma repetida, sin margen de error, tras tantas donaciones) y el bebé era de grupo A, tenía un problema. El bebé solo podía ser grupo sanguíneo A si el padre era del grupo A.

   Y él, desde el instituto, sabía que era grupo 0, y acababa de comprobarlo otra vez.

   La vida te da sorpresas cuando menos te lo esperas. El hijo que acababan de tener no podía ser de él. El padre de grupo A debía ser otra persona.

   Su mujer, lo que más quería en el mundo, fue capaz de perdonarle aquella aventura que tuvo con su jefa. Una tontería según él, en un momento en el que no sabía lo que quería. Pero parecía que ella había hecho lo mismo, al final. Después de todo. Seguro que alguno de sus amigos de la comunidad india de la ciudad podía ser el padre. Se veían demasiado. El niño era demasiado oscuro.

    La sangre ya llegaba a la puntera de sus botas. El gesto de su esposa era de paz, no llegó ni a entender qué pasaba cuando la encañonó con la escopeta que había cogido de casa de su madre, la que su padre usó en otro tiempo para cazar conejos. Solo le dijo que venía de casa de su madre y luego le descerrajó un tiro.  La sangre de su esposa era tan roja como la suya, de un rojo oscuro, y se movía por el parqué lentamente, expandiéndose de forma circular, como si fuera aceite. Ejercía un poder hipnótico, como si tuviera vida propia. La zona más cercana al cuerpo era amarillenta, mezclada con parte de la masa encefálica,  que también salpicaba la cuna.

   El llanto del niño, inconsolable si alguien lo hubiera intentado calmar, fue un buen telón de fondo cuando llamó al 061 pidiendo ayuda porque su hijo no estaba bien. Pronto vendrían y se harían cargo de él. Tenía mucha familia, lo cuidarían. Las cosas había que cuadrarlas.

    Se agachó poniendo la escopeta apoyada por la culata en el suelo. Le costó llegar al gatillo, y cuando lo logró, se introdujo el cañón en la boca, abriéndola mucho, como cuando el médico te dice que digas “A”.

   Es el poder de la sangre.

NOTA:

Los grupos sanguíneos no son un buen medio para establecer la paternidad.

Es bastante difícil que de unos padres con grupo 0 nazca un niño con grupo A. Lo más frecuente, las veces que me ha pasado, es que fuera un error, especialmente del grupo del padre, que solo suele recordarlo, y la memoria es muy débil. En alguna ocasión, si el bebé recibe muchas transfusiones intraútero, puede nacer temporalmente con el grupo de la sangre transfundida. Otra posibilidad, posiblemente más frecuente, es que el padre no sea el padre biológico, es más común de lo que parece.

Pero hay otra posibilidad, mucho más rara. Veréis.

Ya hemos comentado el tema de la herencia del grupo sanguíneo, pero tiene más miga de lo que parece. Tu puedes tener los genes que te hacen tener el grupo A, pero luego tus glóbulos rojos no tienen el antígeno A. Es decir, al hacerte el grupo saldría que eres de grupo 0, sin serlo.

¿Por qué pasa? Pues porque para que el antígeno A o B salga el glóbulo rojo además se necesita otra cosa, la molécula H. Hay un defecto genético que hace que no se produzca la molécula H, y por tanto, no se forma el grupo A ni el B, parece un grupo 0, aunque esa persona puede ser por ejemplo “A-A”. De esta forma, cuando una persona con este defecto tiene un hijo, el bebé puede tener grupo por ejemplo A, aunque los padres sean 0, porque realmente uno de ellos es A.

Esta alteración se llama fenotipo Bombay, porque se descubrió allí y allí es donde más hay.

Son personas con falsos grupos 0, que tienen un problema muy grande: solo pueden recibir sangre Bombay, porque tienen anticuerpos anti H y el resto de las sangres tienen esa H de serie. Sí pueden donar sangre de forma normal.

En el siguiente vídeo os dejo con una noticia de hace poco de una niña en Colombia que tuvo que recibir sangre de un donante de Brasil porque no existía ninguna otra posibilidad.

Existen unos trescientos tipos distintos de sangre. En España hay reservas de sangre para unos cincuenta  grupos raros, unas setecientas diez bolsas en total. Cuando se detecta a una persona con alguno de estos grupos, se intenta que donen en cualquier momento que sea necesario. En este reportaje de El País te lo cuentan.

–>Si os ha gustado y queréis, hay por ahí un libro de mucha risa sobre la maternidad, el embarazo, la lactancia y los bebés, que os recomiendo.  En las mejores librerías! Y también en Amazon, El Corte Inglés y La Casa del Libro.

Dr Lloreda

 

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6 Comentarios

  1. No tenía ni idea de que la cosa iba más allá que los grupos conocidos, para complicar aun más el tema de las donaciones y las trasfusiones…

  2. El relato muy estremecedor y la explicación, como siempre, me ha encantado!! Esperando el siguiente ☺️

  3. No entiendo por qué ha considerado necesario para el relato y la explicación que él la asesine.

  4. Vaya, con todo esto los problemas de genética que me ponían en COU se complican un pelo 🙂
    Muy interesante, no tenía ni idea.

    • Mi reino por un caballo

      Yo creo que hace 20 años vi una película con lo del grupo Bombay, pero lo he buscado y es posible que me lo haya inventado….un abrazo!

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