EL SOOTERKIN

Cuando estaba en el instituto escuché alguna vez la historia de una chica que se había quedado embarazada por ir a la piscina.  Creo que nunca llegué a conocer qué más había detrás, ni si había surgido el amor entre  ella y por ejemplo, el socorrista, pero entendía que era porque algo en el agua le había producido el embarazo. Todo falso, por supuesto.

Lo que nunca escuché fue que una chica pudiera quedarse embarazada por sentarse sobre algo caliente o por meterse una estufa bajo sus faldas, o que de tanto convivir con animales, pudiera engendrar a uno de ellos.

Esta idea sí circuló en el siglo XVIII en algunos puntos de Holanda: si una señora se sentaba sobre cosas calientes con frecuencia, podía empezar a incubar a un nuevo ser (cosas calientes inanimadas, ojo. Si eran animadas, no voy a explicar nada). Un ser un  tanto especial, eso sí.  Cuando por fin paría, ese nuevo individuo era un animal muy pequeño, como un ratón, el sooterkin.

En esta novela de Tom Gilling, el sooterkin parece más una foca que un humano.

Un médico de la época, Maubray, escribió un libro donde se explicaba que una mujer podía hacer eso, y que se podía explicar desde el punto de vista de la medicina. Además,  si la mujer tenía excesivo contacto con animales domésticos podía llegar a engendrar un sooterkin. Douglas, otro médico, escribió un panfleto ridiculizando a Maubray, llamado El sooterkin diseccionado donde dice que “sooterkin” es una expresión de cariño que las madres holandesas tenían hacia sus hijos, y ofreció una recompensa a quien le trajera un sooterkin para examinarlo. Nadie lo hizo. Además, atacó la idea de que el animal pudiera surgir de forma espontánea, sin participación de otra persona, ya que los casos descritos muchas veces aparecían tras el parto de un niño recién nacido normal. Ya se sabía que una persona nunca se producía por generación espontánea, pero aún había dudas sobre si los ratones, los gusanos, etc, se formaban a partir de sustancias en descomposición.

En el siglo XVII se creía que el semen podía degenerarse en la figura de un animal si tenía ciertos estímulos, por lo que las impresiones maternas podrían crear animales a partir del semen y luego ser paridos esos animalillos. El desarrollo de los embriones en esta siglo fue una materia de estudio, y las similitudes iniciales entre los fetos humanos y animales hicieron creer que si algo iba mal en el cuerpo de la mujer, podía desarrollarse un animal y no un humano. Se creía que las personas teníamos dentro la capacidad para, por ejemplo, cambiar a un mono durante el desarrollo de un feto si se afectaba de alguna forma ese proceso.  Recordad que en estas mismas fechas Mary Toft dijo que paría conejos y muchos se lo creyeron (mira aquí), porque la teoría de las impresiones maternas y su efecto en el feto era una idea muy extendida (mira aquí también si quieres).

Como curiosidad, en el libro de Stuart Little (no en la película), el pequeño ratón nace de una madre humana.

Como curiosidad, en el libro de Stuart Little (no en la película), el pequeño ratón nace de una madre humana.

La creencia en los sooterkins implicaba la producción de una animal en el útero de la mujer por extraños mecanismos (semen corrompido, retención de flujo menstrual), y se aconsejaba incluso que si una matrona asistía al parto de uno de estos animales, debía matarlo. Lo que les faltaba a las matronas, tener que matar a los sooterkins además de a las doulas. Que fuera una mola hidatiforme, un feto papiráceo u otra cosa, nunca lo sabremos.

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3 Comentarios

  1. Esther madre de Héctor

    Pues si que me gustan tus historias. Gracias por compartir tu sabiduría.

    • Mi reino por un caballo

      Bueeeeeeenooo, sabiduría….. ya ves. Un beso grande. A partir del 28, que doy una charla en Málaga, escribiré más (la charla es como 6 post juntos!, pero no los puedo sacar aún ). Gracias por leer, haces que tenga sentido.

      • Esther madre de Héctor

        A ti por escribir algo interesante.
        Esperaré impaciente, cada vez que veo una nueva entrada me da subidón.
        Suerte en Málaga, seguro que mereceria la pena escucharte.
        Besos sabio.

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