EL GENOCIDIO DE NIÑOS POR PEDIATRAS NAZIS

“Siendo limitada la procreación, sobreviene, en lugar de la natural lucha por la vida (que sólo deja en pie al más fuerte y al más sano) el prurito por salvar a todo trance también al débil y hasta al enfermo, cimentando el germen de una progenie que irá degenerando progresivamente, mientras persista ese escarnio de la Naturaleza y sus leyes.[…] pero la venganza vendrá, más tarde o más temprano. Una generación más fuerte expulsará a los débiles, pues el ansia siempre romperá todas las corrientes ridículas del llamado espíritu de humanidad individualista.En su lugar, aparecerá una Humanidad natural, que destruirá la debilidad para engendrar la fuerza. […] En las enfermedades de los niños son evidentes las taras del país […] La cuestión de hacer imposible a los seres tarados la procreación de una descendencia también tarada es un imperativo de la más clara razón y significa la más humana acción de la sociedad”.

Estas palabras las dejó negro sobre blanco Adolf Hitler en 1924 en su libro “Mi lucha”, 9 años antes de dirigir Alemania. Este verano lo he leído, con interés, porque creo que ningún libro es tan malo para no sacar algo de él.  Fue un éxito editorial, y muchas de las cosas que luego hizo, ya las apuntaba a las claras en esta especie de ideario. No improvisó.

Esto explica muchas de las cosas que los pediatras hicieron muy muy muy mal en Alemania, en la época del Führer y tras él también. Son historias poco conocidas, silenciadas, porque como siempre, los niños importan menos. Casi nada.

Ya hablamos de la selección de niños de raza aria en los Lebensborn, para tener niños perfectos para el régimen, y ahora vamos a tratar la otra parte, los niños con discapacidad.

El clima en la Alemania de principios de siglo llevaba hacia una concepción de que los defectos y habilidades de los padres se heredaban en los hijos. Esto lo dijo el primo de Darwin, llamado Galton. Gracias a sus ideas, se intentó mejorar la raza seleccionando a los mejores individuos,  por ejemplo, esterilizando a los que tenían alguna discapacidad.  Esto no solamente lo hicieron los nazis, los americanos y otros también apostaron por ello. Es la eugenesia. Esto llevó al asesinato masivo de niños con discapacidad, algo que se hizo de forma más secreta y ese secreto ha persistido casi hasta nuestros días.  En 1999 la sociedad de Pediatría alemana creó una comisión para conocer el papel vergonzoso de los pediatras, matronas, etc en su historia. No hace tanto si lo piensas. Se asesinaron impunemente a más de 10.000 niños.

Cartel nazi contra los discapacitados, que crecen hasta ser la mayoría si no se hacía nada…

Muchos más niños, hijos de esclavos, fueron dejados morir de forma consciente. Pero no hablaremos de esos. Sino  de la  mal llamada “eutanasia”(que  significa “buena muerte”) que hicieron los nazis a los niños discapacitados aunque fueran sus padres alemanes de pura raza aria.

Antes de Hitler, muchos otros propugnaban acabar con lo más débiles o malformados, después de haber sido examinados por comités médicos.

Albert Czerny era el jefe de Pediatría en Berlín en 1913 y decía que la mortalidad infantil era un acto de selección, que afectaba a los más débiles y que cuidar a los prematuros no tenía sentido, porque costaba mucho dinero. Un Darwinismo social al que creo que nos estamos dirigiendo otra vez.  Otros, aprovechando la idea de que la mayoría de buenos alemanes había muerto en la primera guerra mundial, defendieron acabar con los malformados y los enfermos mentales para que la raza no se deteriorara. Solo quedaban los tarados y así no iría la cosa bien.

A los 2 meses de iniciarse el gobierno nazi, en 1933, se expulsó a todos los médicos judíos de sus puestos, y para la pediatría y la neonatología esto directamente contribuyó a su casi anulación total. Todos los estudios sobre los prematuros, los niños con enfermedades crónicas etc etc, desaparecieron de la medicina académica. Todas las cátedras de Pediatría o jefaturas de servicio fueron sustituidas por médicos pronazis.

Muchos de estos pediatras judíos eran destacados científicos a nivel mundial, y  se exiliaron o murieron en campos de concentración.

Cuando cogéis a vuestro bebé y lo soltáis hacia atrás, abre  los brazos y luego los lleva hacia adelante, y llora. Lo debéis haber visto en Maternidad o cuando va el pediatra. Ese reflejo, reflejo de Moro, se debe a Ernst Moro, un pediatra judío profesor en  Heidelberg , que además del famoso reflejo que lleva su nombre descubrió otras cosas, como que la sangre de niños alimentados al pecho tenía mayor capacidad para matar bacterias que aquella de niños alimentados con leche artificial. Pues bien, Moro, ante las circunstancias, dejó la Medicina.  Es lo mejor que podía hacer.

El Dr Moro, famoso por describir su reflejo

 

Ese mismo año, en 1933, se ratificó la ley que evitaba la descendencia con malformaciones mediante la esterilización de discapacitados o racialmente inferiores. Recordad que esto no es solo cosa de los nazis: en sociedades tan supuestamente avanzadas como Suecia se ha hecho hasta hace poco, han esterilizado a todo aquel que han considerado discapacitado. Ya está bien de poner a Suecia de ejemplo en todo, hombre.

Así, esta ley tuvo una influencia en Alemania y otros países que se extendió más allá del tercer Reich. Se estigmatizó a los niños malformados, con infecciones congénitas,  epilépticos o con retraso mental, haciendo que la sociedad viera en ellos un trabajo inútil, haciendo de ellos unos sujetos que había que eliminar.

En 1939 una circular secreta decía que “matronas, obstetras y pediatras” debían comunicar a unas oficinas destinadas a ello cualquier niño con malformaciones congénitas o retraso mental. Se especificaban en concreto algunas de ellas: idocia o mongolismo, microcefalia, hidrocefalia, malformaciones de los miembros, de la espina dorsal o de la cabeza y parálisis, incluida la parálisis cerebral.

Por cada niño comunicado, se daba una cantidad económica. Un comité central, formado por varios pediatras (Catel, director del hospital infantil de Leipzig; Wentzler, director de un hospital infantil en Berlín, etc), ratificaba qué casos debían vivir y cuales no.

Se crearon 30 “Departamentos de Niños Especiales” por toda Alemania y países ocupados. En ellos, estos niños entraban pero ya no saldrían nunca con vida. Se les administraba fenobarbital, un sedante, hasta que dejaban de respirar (también creado en Alemania por Bayer)  . El tiempo medio desde que ingresaban en estos departamentos hasta su muerte era de 1.4 meses.  En ese tiempo se comprobaba el desarrollo del niño por si había alguna duda. Siempre después, se llamaba a las familias para el entierro. Y no se les pedía permiso para estudiar sus cerebros, ya se los habían sacado para esa fecha.

¿Quienes colaboraron en esto? hay descritos 93 médicos que mataron a niños en estos departamentos, aunque se cree que fueron más porque en el hundimiento del régimen la mayoría de documentos se destruyeron.  Pero ellos eran solamente los ejecutores. Muchísimos más pediatras colaboraron comunicando miles y miles de casos de niños por toda Alemania. Muchos de estos pediatras eran renombrados, profesores y miembros de la sociedad alemana de pediatría. Otros cientos de matronas y enfermeras al igual comunicaron muchos de estos casos.  Recordad que se les pagaba por ello. La base en parte del éxito. Como de algunas cosas que se hacen en España y somos líderes mundiales.

Una encuesta en 1925 a padres de hijos discapacitados arrojó el dato más terrible de todos: el 73% estaban de acuerdo con que el estado se encargara de sus hijos de esta forma.

A día de hoy, no se ha encontrado ningún documento de protesta de cualquier sociedad científica o persona individual sobre esas prácticas. Se cree que se asesinaron a más de 10.000 niños de esta forma.

Los juicios a los nazis tras su caída pasaron muy por encima el asesinato de estos niños. ¿A quién le importa un niño?

Tal impunidad es difícil de creer, pero la prueba es que la mayoría de esos pediatras colaboracionistas siguieron ejerciendo en sus puestos e incluso siguieron estudiando esos miles de cerebros de niños asesinados. No tenían sensación de culpa. Esto se ha filtrado durante muchos años en los libros de texto alemanes, como una mancha de lodo difícil de eliminar. Se eliminaron las referencias a los judíos, pero no a los débiles. En 1971 un manual de Pediatría decía que tratar a cualquier niño con síndrome de Down era un esfuerzo inútil. Dicen que somos en parte reflejo de cómo llamamos a las cosas. Los libros de medicina han estado llenos de términos despectivos hacia estos niños: débiles,lisiados, desviados, cabezas de rana, gargolismos…. Catel, uno de los organizadores, aún decía en 1964: “los niños discapacitados no tienen alma, son inhumanos, y nunca serán humanos”. Uno de sus libros sobre el cuidado de niños aún era libro de cabecera para el cuidado infantil en 1980.

Gargolismos, aún se escucha.

Ya hablamos en este bloj sobre la enfermedad de Hallervorden-Spatz, y que estos médicos usaron los cerebros de niños asesinados para sus investigaciones  en el instituto Max Planck, (se propugna nunca usar más este término).

De estos antecedentes se deriva la falta de desarrollo de la neonatología en Alemania. Por ejemplo, en los años 60 ya había algunos neonatos con ventilación mecánica, pero ninguno de ellos en Alemania. No era de interés. La prueba de ello es que cuando en el París de 1969 Minkowski organizó el primer simposio mundial sobre ventilación mecánica neonatal, de los 40 países que aportaron datos, ninguno era Alemania. Además, los niños malformados se trataban de mala gana.La mortalidad infantil de Alemania no ha estado acorde con su posición económica hasta los años 80.  Con la unión de las 2 Alemanias, la tasa de malformados pasó de forma instantánea a ser 3 veces mayor: se cree que antes se trataban como recién nacidos muertos.

Algunos de estos pediatras aún son conocidos. Wiedemann, famoso por describir varios síndromes, por ejemplo el sd de Beckwith-Wiedemann, colaboró, y posteriormente siguió siendo profesor universitario. Las autobiografías no dicen nada de eso, pero es lo que tienen las autobiografías o las memorias.

El asesinato de niños discapacitados no fue una obra de pocas personas concretas. Fue una idea que caló en amplias capas de la sociedad, y en la Pediatría de la época y épocas posteriores. Se quitó la dignidad de ser una vida humana, se les privó su derecho a pertenecer a la misma especie, se les “deshumanizó”, como paso previo para acabar con ellos. Algo de eso pasa hoy en día con el inmigrante o el diferente.

Gran parte de este texto está sacado de un artículo de Obladen, un neonatólogo que escribe mucho sobre la historia de la pediatría. Conoce lo que habla, lleva toda la vida de pediatra en La Charité de Berlín.

¿Hemos superado ya esto? Creo que no. El protocolo de Groningen, sobre eutanasia a recién nacidos enfermos y toda la polémica que conlleva, es una muestra de esto. Aún es un tema abierto.

Los fantasmas a veces existen.

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7 Comments

  1. Esta ha sido una de las entradas más difíciles de leer que me han tocado en tu blog, tengo el estómago revuelto y el corazón apretujado…
    ¿Qué nos hace sentirnos o creernos superiores? ¿Cómo nos ponemos a clasificar a las personas como si fueran frutas en un mercado? ¿Esta sí, esta no?
    Seguimos sin evolucionar…

    • Mi reino por un caballo

      Hola! Desde luego que lo hicieron allí, pero también en más países y épocas. Ahora tb lo hacemos, de otras formas…

      • Judith

        Al leer tu respuesta me he quedado helada, hoy en día? Y cierto, al leer el enlace del protocolo de Groningen, se ve el parecido…De todas formas, el Holocausto siempre será una parte muy, muy oscura de la historia… A.I.J

        • Mi reino por un caballo

          Claro, pero me refiero que se hace en más países, el mundo es muy grande. Y luego hay una selección de qué niños dejamos vivir y qué niños no. A veces los criterios para un aborto son algo laxos. Yo he conocido abortar por ser madre VIH+, y eso no puede ser un motivo, en mi opinión, por ejemplo (y que conste que yo no estoy en contra del aborto)

  2. Elisabet Gomez Santos

    miedo…

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