¿HUMANIZAR LA MEDICINA? UNA GRAN MENTIRA

La Humanización de la Medicina está de moda, y como todas las modas, suele morir joven. Hemos pasado de una medicina en la que se curaba poco y se apoyaba mucho, a una en la que se curan muchas cosas, pero el enfermo es el enemigo. Y el médico es el enemigo del enfermo, porque no cura la Medicina, sino las máquinas y las pruebas. Eso es lo que se fomenta desde las propias instituciones. Y es una retroalimentación perversa.

La continuidad asistencial llena la boca de muchos médicos y gestores , pero en buena medida es una gran mentira en los hospitales actuales. Hoy te ve fulano, mañana mengano y te da de alta zutano, ese es el día a día en muchos centros sanitarios. Una Humanización total.

Se es capaz de mentir para justificar decisiones médicas de calado, lo importante es que la plebe se lo crea, para algo me han dado el puesto.  Para eso va muy bien un ambiente de miedo a la sanción y a la discriminación, no se debe hablar. Lo vemos en diferentes comunidades autónomas últimamente, con los cierres y fusiones de hospitales. Pones a todos los jefes de servicio nuevos y a volar, a ver quién dice lo contrario de la voz de su amo. Cuando se entienda que los que se juegan su puesto son los que verdaderamente Humanizan la Medicina, algo podrá cambiar. Aunque este país siempre ha sido de serviles, no hay mucha esperanza.

Uno debe responsabilizarse del manejo que otros hacen del caso, como un sistema sin cabeza, amorfo, dispuesto a responder como una máquina, un sistema productivo donde el paciente ahora es un usuario. Dale de alta esta tarde, dicen, y firma el alta de  un paciente al que no exploraste al llegar, ni entrevistaste a la familia, ni escuchaste qué dudas tenían. Si la analítica es normal, dale TU de alta. Una MacDonalización en toda regla, como ya  vimos en este bloj. En eso envidio a los médicos de familia o los pediatras de primaria, que ven a un paciente enfermar en varias ocasiones a lo largo de su vida.  No existe una visión longitudinal del paciente en el hospital.  Otra cosa es que se diga que sí.

No hay confianza en el médico, pero cómo va a haberla. Cada vez te ve una persona distinta, aunque se vende el concepto de equipo. A nadie se le escapa que uno no puede estar todos los días, pero a veces solo se está en el mismo sitio algún día.  

 Nada de lo que el paciente expresa, su confianza, sus miedos, sus dudas, vale cuando al día siguiente hay otro que no ha escuchado nada de eso, o que directamente no escucha al paciente, o que cambia el plan, las esperanzas, que quizás se habían empezado a forjar el día anterior. O que no se lee la historia (leer dentro de poco estará mal visto también, será antiguo). No te digo nada cuando habla mal del médico anterior o cuando solo quiere pasar “el marrón” a otro, ya que hay verdaderos y verdaderas especialistas en escurrir el bulto.  No existe ya la relación médico-paciente. “A ver quién viene hoy” dicen algunos. “¿No podría usted estar el fin de semana?” preguntan otros. Y es normal que lo hagan.  La expresión “el marrón” se usa mucho por los médicos. Muy humano también.

Se ha perdido la relación médico paciente. Ahora incluso a todo el mundo se le llama “sanitario”, palabra que no me agrada, ya que yo no trabajo de eso, sino de pediatra, y valoro mucho a otros profesionales, por ejemplo, enfermería, que hacen también su trabajo, y yo ese no sé hacerlo.  Se homogeneiza para que no importe quién esté, sino que haya alguien. Se ve muy mal una voz discordante, porque la masa siempre es más fácil de manejar que la individualidad.

A muchos médicos y médicas les encanta esto: se diluyen las decisiones y las responsabilidades. Nada es de nadie, y por lo tanto, nadie es responsable. Pasan 2 semanas y los padres no saben quién es su pediatra responsable. Piénsalo: no saben quién de tantos que pasa, es. Cuando alcanza determinada edad, chimpun, ya no es mío. Cuando puede ser de otra especialidad, chimpun, al subespecialista. Mi experiencia es que si los padres saben quién es su pediatra, entonces importa menos que no lo vea él mismo todos los días. 

 Los pediatras hospitalarios en general siempre se han interesado más por sus pacientes que los médicos de adultos, quizás porque deciden cosas por ellos, y en ocasiones, en contra de sus padres, cosa que solo hacen los psiquiatras (hacer algo en contra de la opinión de sus pacientes). Pero esto ahora también se está perdiendo: nos estamos diluyendo en la práctica de una medicina insulsa, de dejar que el padre-madre decida siempre y no ser garantes del bien mayor para el niño. ¿Cómo le vamos a llevar la contraria a un padre o madre? ¿Y si reclama? Se confunde Humanizar la medicina con hacer todo lo que el usuario pida, no vaya a quejarse al superior, y este al superior, etc etc.  Eso no, por Dios.  Hay que adular al usuario por encima de todas las cosas. Que mi puesto depende de no molestar al que me puso. ¿Cómo se puede hacer buena medicina así? ¿cómo entender que la queja es parte de la Humanización cuando sirve en realidad  para discriminarte en tu trabajo? Esa Humanización, pelearte por un niño más que si fuera el tuyo propio, no se entiende como humanizar. Es ser una persona negativa. 

Ya dio Sydenham que no hay enfermedades sino enfermos, personas con una enfermedad y esto lo han dicho muchos otros, pero ahora esto ya  ha desaparecido del plan del médico.  Ayer me decía una resi de familia que la única medicina posible era la defensiva, y yo le repliqué que la mejor defensa era hacer buena medicina. Si te dejan, claro.  Y cada vez es más difícil.

Necesitamos “humanizar” la medicina , esta es la frase de moda, como un mantra, como si fuera algo distinto a ella; es casi una vergüenza pensar que es algo ajeno a ella.  Se nos llena la boca de tonterías para salir en la prensa, para que los políticos, muchos de ellos médicos, salgan con el aparato que hace ping, sacando pecho de la máquina que hace pum y ocultando el pasillo lleno de camas o que a un abuelo todo el que pase le vea el culo, porque no hay intimidad. No hay peor político que el compañero que hace un momento atendía a pacientes. Se olvida, salvo excepciones, de lo que un día juró. Es el peor carcelero, la cuña de madera.

Se suspenden consultas el mismo día,a veces por problemas no insalvables. Yo he sido uno de esos familiares que ha pedido el día libre para acompañar a alguien a una consulta en otra provincia, ha viajado y al final se ha suspendido sin explicación. Se olvida que se moviliza toda una familia alrededor de una simple cita.  Eso sí, dicen mucho “humanizar”, “multidisciplinar”, “coordinación”, “implementación”, etc etc. 

Las embarazadas suelen ser llevadas en muchas ocasiones por varios ginecólogos. Muchas veces me dicen que al “privado” van para poder seguir la evolución de su  embarazo por  una misma persona. Ese es el sistema que el hospital fomenta. El seguir un protocolo o una vía, que quede constancia por escrito de lo que se hace, pero tratar al enfermo o al niño-familia como un ser integral, ya tal. Solo la parte técnica. Unos practicones. Lo importante es seguir bien el protocolo, y especialmente que no ponga una reclamación, y por supuesto, no vaya a decir algo en la prensa, eso sí que es un drama. “Se siguieron los protocolos” es el nuevo lema alienante que justifica cualquier cagada.

La humanización. Hermosa palabra, vacía de contenido. Otra cosa más que se le vende al paciente usuario sin contar con quienes la tienen que dar.  

Si hay que Humanizar la medicina es porque no es Medicina lo que estamos dando. Es solo la máquina que hace ping.

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20 Comentarios

  1. Hermoso y acertado.
    Mencionas embarazadas, pluriauscultados, niños…
    Pero en mi hospital el 50% de los ingresados tienen más de 70 años y no hay geriatra que siga su proceso en conjunto o dé luz a ciertas cuestiones más específicas de sus tratamientos. Si tienen deterioros cognitivos se les ata, se les droga a bulto, a ellos nadie les explica nada y a veces se olvidan de su derecho de acompañamiento por los familiares (porque también lo soy) cuando están tutelados, siquiera en las múltiples horas que pasan urgencias, aunque seamos tutores, y se escurre el bulto a la hora de justificar decisiones tomadas sin pedir consentimiento o siquiera opinión. Luego dicen que “se agitan” cuando vuelven a entrar por la puerta del hospital. Vaya…
    Lo malo es que si no tienen deterioro cognitivo es lo mismo
    Todavía este fin de semana me lo estuvo explicando un familiar, muy coherentemente. Por supuesto, estaba ingresado en el hospital de más alto nivel y más moderno de la comunidad.
    Creo que no querrá volver

    • Mi reino por un caballo

      Gracias Arigax. Terrible relato….

    • Relata algo que no acabo de entender,hospital alto nivel comunidad,se supone por el sistema que es hospital de agudos,sin embargo asiste cuando de más del 50%cronicos y más de 70 Años.
      Describe no problema solo de asistencia sanitaria, sino Social que viene de
      sociedad actual moderna,gente guay,runing,footing……que hacer con los viejos y además enfermos ? Y con lo que duran cada vez más.
      Solución la tiene creo el maestro armero

  2. José Luis.

    Es tan bueno tu artículo que me hubiera gustado ser su autor. Pienso igual.

    • Mi reino por un caballo

      Gracias Jose Luis! te lo cedo, ya me lo han pedido varias personas, y les he dicho lo mismo. Podría ser de cualquiera, ese es el problema, que al que más y al que menos le suenan las situaciones, es un lugar común.
      Un abrazo

  3. Buenísimo. Cualquiera que haya pasado alguna temporadita en un hospital público, por muy tecnológicamente dotado que esté (mucho más que los privados, dicen, yo nunca he estado en uno privado.) echa de menos la identificación clara de un único responsable de la evolución de su proceso. Lo del equipo, es una entelequia. Si el proceso evoluciona favorablemente todo el equipo es majísimo y se deja ver por la habitación y si la cosa se pone fea, a ver quién del equipo se come el marrón y empiezas a observar auténticas técnicas de levitación de médicos por los pasillos para pasar a toda velo por delante de la habitación si que les puedas echar el guante. Cuando esto lo percibe el paciente y lo percibe muy a menudo, la sobrada dotación tecnológica, a mí me sobra. Pero es el propio sistema público el que maltrata y no cuida a los médicos, el principal activo de un sistema sanitario universal, con contratos basura, dándoles de baja después de cada guardia, sin estabilidad laboral, haciéndoles rellenar miles de datos en infernales sistemas informáticos quitando tiempo de atención humana al otro actor, al enfermo. Tanto querer optimizar las gestiones con tecnología, solo se ha conseguido alejar cada vez más al médico del enfermo. Por el medio, un abismo de protocolos, optimizaciones de recursos, big datas, etc.

    • Mi reino por un caballo

      Hola Alicia,
      eso que cuentas tiene mucha parte de verdad, en Medicina y en cualquier ámbito de la vida: el éxito tiene muchos padres, el fracaso es huérfano, y eso es parte del problema, que queremos que ser exitosos siempre, y la medicina no es solo curar, sino acompañar. Por ahora nos seguimos muriendo al final, queda mucho para hablar de éxitos. La tecnología es necesaria, pero es solamente un instrumento, del que cada vez se abusa más, en parte porque la medicina se ha vendido como simplemente técnica.
      Volveremos a ella, espero, o esto será simplemente una técnica, y otros profesionales, que ya lo están haciendo, llenaran esos huecos que los “sanitarios” dejamos.

  4. miguelangel garcoia jimenez

    Enhorabuena por el artículo. Creo que hay que partir de dos premisas que se van olvidando 1º Ponerte en lugar del paciente y familiares.Dar explicaciones suficentes .Creo que seria mas gratificante para el paciente ,su entorno y para el profesional sanitario.Creo que habría hasta menos demandas aunque la evolución de un paciente se complicara. 2ºLos centros donde trabajamos (en mi caso Hospitalario) debería mimarte para que utlizaras el hospital en tus horas no aistenciales viviendo el hospital de una forma más intensa (si comes en el hospital y te relacionas con otros sanitarios, tendras una relación mas de equipo .Pero para eso debe hacerse atractivo tu sitio de trabajo zonas de descanso tertulia y de despacho .Yo creo que muchos profesionales alargarían el horario dentro del hospital.

    • Mi reino por un caballo

      Hola Miguel Ángel, estoy totalemente de acuerdo con lo que dices. He escuchado carias veces decirle a un residente “cuanto menos le digas a los padres, mejor”. Me parece una aberración. Después surge el problema o la evolución se encamina hacia lugares sombríos y la cosa es ya irreconciliable. Por eso, aunque sea por egoismo, yo les digo que hay que intentar ganarse a la familia, precisamente para que si la cosa va mal, estén contigo y tu con ellos. Yo lo intento, no digo que lo haga simpre bien ,pero lo intento de verdad.
      Un saludo

  5. Anónimo

    Enhorabuena por tu artículo .Yo creo que para hacer una medicina más directa con el paciente hay que partir de dos premisas: una y que se sabe de siempre: hacer lo que te gustaría que hicieran si fueras tu el paciente .Creo que es imprescindible aportar información y dialogo con el paciente y familiares. Con esta premisa creo que el grado de satisfacción seria mayor en ambos sentidos :paciente y profesional. Habría hasta menor número de demandas.
    Por otro lado el medio en el que se trabaja (en mi caso hospitalario debería se lo suficientemente atractivo para que se hiciera mas vida hospitalaria(come relacionarse con otras especialidades y por que no, hasta trabajar con tu pc en despachos que pudieras utilizar independiente de tu horario asistencial. En una palabra atracción del sanitario por su centro de trabajo y vivivr el hospital de una manera diferente a la que hoy dia estamos acostumbrados.

  6. José Angel

    Muy buen análisis y aproximación tema.Tambien es importante saber lo que piensan en el día a día los pacientes sobre los humanos y la medicina que será variado seguro y variable en el tiempo.
    Siempre tendremos la oportunidad de querer,de amar lo que hacemos con o sin máxima tecnología /ciencia,y el paciente que está enfermo se da cuenta y necesita las dos cosas que le curen y que le quieran.Eso con constancia genera confianza.
    Por cierto que la culpa no siempre es del de al lado o del jefe,simplemente a veces es nuestra.

    • Mi reino por un caballo

      Claro. No digo que sea de los jefes, la mayoría del personal no es jefe. Pero tampoco los excluye.

  7. Soy también pediatra, como tú, pero trabajo en primaria, y sí, sigo a mis pacientes, los conozco incluso a través de sus toses que atraviesan la solidez de una puerta cerrada. Los veo crecer, sonreír y ahora muchos me traen ya a sus hijos. Veo al mismo paciente 3 y 4 veces en dos semanas hasta que los “pitos” ya no se oyen, y corre, juega y salta sin dificultad. Los padres agradecen que no tengan que explicar en cada visita, porque no encuentran siempre el mismo pediatra (si es que lo es porque en primaria somos “rara avis”), el número de episodios de tal o cual enfermedad que su hijo ha pasado este invierno. Soy afortunado, lo sé. Un cordial saludo. Sigue escribiendo porque tu labor es necesaria. Seguro que Mónica Lalanda estará orgullosa de tí. Yo también.

    • Mi reino por un caballo

      Muchas gracias por tus palabras, desmedidas en cierto modo hacia mi. Es una suerte que tus niños tengan a su pediatra. Un abrazo

  8. En una sociedad deshumanizada –que llaman del bienestar–, donde el engaño se impone como estrategia y el dinero manda, el ámbito de la salud no puede mantenerse ajeno. Como consecuencia: la pérdida de confianza, en general, y de la relación médico-paciente en particular. Ya hace mucho que la gestión de la empresa privada, con ánimo de lucro, entró en los hospitales públicos, en busca aquí de una teórica eficiencia, y que se impusieron protocolos dirigidos a objetivos economicistas (nunca pensando en el paciente), al tiempo que éste se fue desvirtuando en usuario (ni siquiera cliente).

    El control de los recursos humanos es evidente, innegable la manipulación de los profesionales de la medicina. Se ha conseguido la división, el ninguneo de las voces discrepantes, las jefaturas vitalicias (¡hasta en atención primaria!), para que nadie se salga de la norma o, si se sale, volverlo a poner en su sitio. ¡Vaya democratización interna! La relación interprofesional deja mucho que desear, quiero pensar que por la general tensión derivada del sometimiento, y es lastimoso que los médicos de familia estén totalmente supeditados a las decisiones de los hospitalarios.

    Por supuesto, cabe negarse a los improcedentes mandatos, pero las consecuencias no podrían ser asumidas por todos, pues de algo hay que comer; haría falta que todos, o la mayoría, se alzasen en contra de lo inaceptable, sin miedo, sin cobardía, con el coraje o el valor de quienes saben que llevan la razón y sienten el impulso imparable de un corazón sanamente rebelde que rechaza el servilismo. Pero claro, los intereses difieren, lo público entra en conflicto con lo privado, y en medio de prestaciones de servicios duales, conciertos hospitalarios, prebendas inconfesables… Entonces, siendo realistas, hacer un frente común es muy difícil, o imposible.

    Sobre la técnica no habría nada que objetar si su frialdad se conjugase con un poco de calor humano. Sin embargo, los ciudadanos, en calidad de pacientes o usuarios, apelan a ella, confiando ciegamente en sus poderes (se les ha vendido mejor que las bondades de la longitudinalidad). Recuerdo a un médico tenido por humanista, ya fallecido, que había expresado –acaso afectado por la senectud–: “Cuando estoy enfermo quiero que me den técnica”. Si el paciente, o el mismo médico, atiende más a la biometría y a las máquinas que a la palabra sanadora o consoladora, también está en su derecho. No todo es blanco o negro.

    No sé si cabe esperar alguna mejora, o un futuro menos amargo. Pero creo que no hay que callar ante los atropellos. Por nuestro bien y por el bien de los demás. Las recargadas mentes, necesitadas de liberar sus pensamientos, acaban confundiéndose… y cometiendo errores. Querer deshacerse de un paciente puede interpretarse como necesidad de descarga emocional o como deseo de eludir una responsabilidad. Ya verlo como enemigo es un pecado ético, aunque no suela cometerse por animadversión hacia la persona, sino por odio del sistema. El médico sigue siendo humano, por más que se haya deshumanizado.

    En fin, necesitamos que la medicina no se deshumanice todavía más, o que al menos se “desmaquinice” un poco. Necesitamos humildad y que se imponga en buena medida la honestidad. Necesitamos trabajar con menos presión, con mucha más tranquilidad. Necesitamos ejercer la medicina en buenas condiciones, en un adecuado ambiente en el que fructifique la entrega: proporcionándonos satisfacción –también reconocimiento, si cabe– y sobre todo el bienestar del paciente a quien nos debemos. Necesitamos decir lo que sentimos, aunque nunca se haga realidad esta bella utopía.

    • Mi reino por un caballo

      Jose Manuel, gracias por tu acertadísima reflexión. No puedo decir nada más que gracias!

  9. Miguel Angel

    Por todo lo que dices, a mí sí que me gusta hablar más bien de humanizar la medicina coma de redirigirlo hacia el encuentro directo con el paciente que nos necesita. Y ahí tenemos que luchar juntos y dejar de seguir a los flautistas de Hamelin qué son los gestores y pensadores del sistema sanitario. No somos nosotros, ni nuestra relación con el paciente, la que debe ajustarse al sistema, sino más bien al revés, es el sistema el que debe ajustarse, si realmente quiere ser sanitario, a nosotros y a nuestra relación con los pacientes

    • Miguel Angel

      Perdón, quería decir rehumanizar la Medicina, aunque el corrector ha quitado el re. Lo que yo propongo es hablar de rehumanizar la medicina, y eso sólo está en nuestras manos.

  10. Ole tus narices! Creo que somos muchos los que compartimos tu opinión desde el otro lado del espejo, es decir, como pacientes. Qué suerte tienen los tuyos!
    De quién es el cuadro? Me parece precioso.

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