El niño feo

 

Visto de cerca parecía un niño normal. No especialmente guapo, como esos niños  modelos de colonias infantiles, con mofletes regordetes y ojos azules, no. Parecía simplemente un niño normal, con sus granitos y sus manchas en distintos lugares de la piel, con su cabeza algo alargada y la fontanela un poco hundida. Quizás algo feo, o como mucho normal. No sostenía la cabeza aún, y estaba un poco flojo.

Un niño normal, del montón. Sí, sin nada especial, aunque con el potencial que le brinda estar al inicio del camino, recién estrenado.

Parecía dormido, confortable, plácido, sumido en una especie de sueño de contenidos difusos, ajeno a cualquier intento de ser descubierto. Quién sabe qué estaba soñando un niño tan pequeño…. no podía saberse.

Parecía que respiraba tranquilamente, aunque a veces inspiraba profundamente y después se quedaba unos segundos sin respiración. Eso debía ser lo normal. Otras veces se estiraba y se apoyaba en la parte posterior de la cabeza, como desperezándose, sin llegar a despertarse. La mayoría de los bebés duermen muchas horas, y a medida que las personas crecen cada vez duermen menos: los viejos a veces duermen muy pocas horas, quizás es que ya han soñado todo lo que tenían en su cerebro. En ocasiones permanecía, por el contrario, con los ojos muy abiertos, y eso a sus padres les creaba una sensación muy difícil de explicar, mezcla de sorpresa y miedo. Por su edad, interaccionaba poco. Hacía eso y poco más.

La verdad es que no se podían quejar por ahora: comía a sus horas y dejaba dormir a todo el mundo; no vomitaba y parecía feliz, aunque solamente le habían visto sonreír mientras dormía.. Hasta ahora no había tenido ningún problema importante, más allá de las dudas típicas que sus padres tenían, ya que por desgracia este niño venía sin libro de instrucciones. Se había enganchado al pecho de forma inmediata, parecía que sabía hacerlo desde siempre.

Eso sí, no crecía, eso no podían negarlo. El niño no crecía, y tenía ya 2 meses de vida. A esa edad, la ropa de recién nacido no les solía servir, pero a él sí. Ese era el único handicap y eso les inquietaba.

No es que fuera feo, pero tampoco era guapo.Le daba un aire, muy de lejos, a su madre, pero porque la gente sabía quién era su madre y así era fácil complacer ese gusto. Podría parecerse a cualquiera, seria el prototipo de niño del que nadie se fija.

 

El día que llegó a casa todo fue una fiesta, e invitaron a la familia y amigos a que lo conocieran. No todos los días llega un niño a casa y tenían que celebrarlo. Ninguno de ellos dijo lo evidente, aunque algunos lo pensaron: no era el niño que esos padres habían querido, era un niño feo.

La verdad es que era un niño estándar, un poco barrigudo, y con los brazos un poco cortos, sin ningún atractivo añadido. Un niño como cualquier otro, aunque nunca lo habían hablado entre ellos.

Cuando lo llevaron al pediatra, este fue muy claro:

-El niño está muy bien, parece un niño normal.

-¿Por qué no crece?-dijo su madre con cierta inquietud-¿Podemos conseguir un libro de instrucciones?

El pediatra levantó la vista del niño y miró de soslayo al padre.

– Es un modelo estándar de humano. Lo mejor que se ha conseguido ahora con la tecnología de improvación genómica. No crece, es el modelo estándar. Tiene instalados los reflejos básicos y las funciones corporales automáticas.  No lleva libro de instrucciones, es un modelo básico, no necesita casi nada.  Es un bebé normal recién nacido y siempre lo será, no puede ampliarse su desarrollo. Ya sabe que otros modelos tienen precios desorbitados…

La madre miró al padre con ira contenida. Ese no era el niño que habían encargado en la fábrica.  El chollo que su amigo, que trabajaba en ella,  les había vendido, no había sido más que un engaño.

 

Tendrían que deshacerse de él.

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10 Comentarios

  1. Me ha encantado. ¡Gracias! ¡Sigue escribiendo!

  2. Cuando he leido el final he pensado en Brooke Greenberg. Murió hace un par de años, Lo leí en “la vanguardia”,
    http://www.lavanguardia.com/salud/20131031/54392610296/brooke-greenberg-dejo-crecer-dos-anos.html.

    y me acordé de las veces que he oido “ojalá no crecieran”.

  3. Francisco Javier Santos Arévalo

    Estupendo, como siempre. Con el título se me ha ido la cabeza directamente al relato de Asimov (que recomiendo muchísimo, porque es genial). No voy a decir que seas Asimov, pero te ha quedado muy bien 😉

    • Mi reino por un caballo

      Hola! Menos mal, que no me quedan bien las patillas! (Ojalá me pareciera a Asimov en algo)

  4. Me ha encantado. Iba leyendo esperando la descripción de un trastorno, o quizás no. He pensado en una compañera de trabajo que tuvo unos niños muy feos y no sabíamos qué decirle cuando nos encontrábamos con ella. Al pediatra le “parece” normal, sigo sin saber qué pensar, quizás no le pase nada. Y finalmente, es un relato. Es de esas veces en las que te encanta que te engañen. Genial. Enhorabuena!

    • Mi reino por un caballo

      Gracias Gemma! Tiempo al tiempo, ya encargamos características de los niños, y en un futuro se podrá hacer más fácilmente. La pregunta es: ¿deberíamos hacerlo? Un beso (yo tb veo niños muy feos y creo que la mayoría están en la pista aunque las familias no digan nada. Como los amigos, que no saben qué decir al verlo)

  5. Anónimo

    Muy buen.Me ha gustado mucho.Invita a la reflexión y otras cosas.mucho nivel en los dos últimos que te he leído,no sé si podré seguirte como sigas tan fuerte.

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