EL JUGUETERO QUE SALVABA VIDAS

La muerte de un niño nunca es algo bueno. Pero la casi muerte de un niño puede servir para mejorar a otros.

Se acerca la Navidad, y ya están los anuncios prematuros de juguetes picoteando nuestras buenas intenciones, ya que hay que comprar, de eso se trata, entre otras cosas.Por eso vamos a contar esta historia, que es casi un cuento de Navidad.

Cuando eres un exitoso fabricante de juguetes y libros, parece que eres inmune a todo. No falta dinero, todos te siguen la corriente, lo tienes todo en la vida. Eso le pasaba a Asmund Laerdal en los años 50 del siglo pasado. La fabricación de tarjetas de regalos, muñecas y de juguetes de madera lo había encumbrado al éxito, a eso que todo el mundo quiere llegar.laerdal

Por eso, cuando vio que su hijo Tore de 2 años se hundía en el mar, el suelo desapareció bajo sus pies. Por suerte pudieron sacarlo del agua, y a fuerza de empujarle en el pecho el niño vivió. Era 1954 y aún no existían métodos de reanimación cardiopulmonar modernos.

La oportunidad espera al que sabe buscarla.

En 1958 hubo unas conferencias en Noruega sobre cómo reanimar a personas, a cargo de un doctor que había demostrado que haciendo el boca a boca se podía reanimar a una persona.  Este médico, el Dr Safar, se quejó de que para aprender esto sería necesario disponer de algún tipo de muñeco, para poder enseñar la técnica. Entre el público alguien sabía que Asmund había salvado la vida de su propio hijo y que, otra cosa no, pero experiencia en crear muñecos no le faltaba.

El reto no era fácil: un muñeco que pareciera casi muerto, al que se le pudiera obstruir y desobstruir la vía aérea, al que se le pudiera comprimir el tórax, que fuera fácil de transportar y que pudiera usarse entre diferentes personas de una forma rápida y sin riesgo de contagios. Casi nada.

Laerdal conoció las nuevas técnicas de reanimación y entendió que todo el mundo tendría que saber hacer eso para salvar vidas, como la de su hijo. En unos años consiguió crear un modelo inicial, que por circunstancias de la época, tuvo que ser mujer (creían que si era hombre tendrían muchas dificultades, porque besar hombre en aquella época-y en esta- no estaba bien visto).

Para la cara usó la máscara de un famoso cadáver que años atrás, en el siglo XIX, se encontró en el Sena, en París, y del que muchas historias hablaron ,pero del que pocas certezas había.  Como no tenía signos de violencia, y nadie la reclamó, se hizo una máscara funeraria que se expuso en algunos lugares de París por si alguien la conocía, y pronto se volvió un icono. Circularon historias románticas sobre si se había suicidado por amor y cosas así. Tal era su expresión de paz y belleza, enigmática, alejada de la sensualidad, que se usó para el futuro maniquí. El maniquí, ya con cara ,se llamaba Resusci Anne.

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En 1960, Laerdal presentó el maniquí en Estados Unidos, y el éxito fue…. escaso. Vendió solamente 1 maniquí ese año.

La cosa en su pais natal fue diferente. Otros dos médicos, Lind y Lund hicieron una campaña para convencer a la sociedad de que era necesario enseñar reanimación cardiopulmonar en masa a toda la población. Entre varios bancos donaron 650 maniquíes a los colegios, y Noruega se conviritió en la pionera en la enseñanza de la reanimación.

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En los años 1960-61 se publicó que en una parada cardíaca el riego cerebral podía mantenerse con compresiones torácicas. Laerdal entendió que sus maniquís tendrían que incorporar eso y 10 años después ya era posible hacerlo en su maniquí.

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El primer maniquí de un lactante

Desde entonces hay maniquíes de niños, incluso de prematuros, que han enseñado reanimación a más de 400 millones de personas en todo el mundo.

Hoy, Tore Laerdal, aquel niño casi ahogado, cuyo padre fabricó el muñeco más besado de la historia, y que gracias él se salvaron millones de vidas, es el presidente de Laerdal, que solo se dedica a fabricar productos para la enseñanza de la reanimación.

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Tore LAerdal enseñando reanimación de un recién nacido

Yo soy uno de esos millones que aprendieron reanimación besando a Anne. Espero haber salvado alguna vida alguna vez gracias a ella, ojalá. Por eso, como dice JM Salas hay que fomentar de una vez por todas su enseñanza.

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RCP

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11 Comentarios

  1. Raquel

    Genial la historia. Ojalá todos aprendiéramos a besar a Anne y a salvar vidas.

    • Mi reino por un caballo

      Gracias Raquel! Sería más útil que la alineación de los equipos de fútbol. Por ejemplo. 😉

  2. ¡Qué historia tan preciosa y qué bien contada! Te voy a contar otra: en la Asociación de Vecinos de mi barrio, hace unos meses hicieron una sesión enseñando cómo reanimar a una persona, con la fortuna de que unos días después uno de los asistentes se encontró con un hombre al que le acababa de dar un ataque y fue capaz de reanimarlo y mantenerlo con vida hasta que llegó la ambulancia. Todos sentimos como que a ese hombre le había tocado la lotería y también nos quedamos pensando por qué no estamos todos formados en algo que no es tan difícil y que nos enseña algo tan importante como salvar una vida.

    • Jose Mª Lloreda

      Está demostrado que los niños lo aprenden más fácil que los adultos…. ¿para cuándo la escuela?

  3. ¡Qué historia tan preciosa y qué bien contada! Te voy a contar otra. En la Asociación de Vecinos de mi barrio hicieron hace unos meses una sesión enseñando cómo reanimar a una persona,

  4. ¿Veremos el día en el que en las escuelas se prioricen ciertas enseñanzas? Esas que de adultos siempre decimos que deberíamos saber… pero que nunca nos ponemos a ello. Que todos los niños salieran con un máster en prevención, primeros auxilios, etc.
    Y sumar también, claro.
    Magnífica entrada, como siempre.

    • Jose Mª Lloreda

      Gracias Javi. Faltan muchas cosas, pero si Ronaldo, Messi o la selección dijeran que había que hacerlo, los míos los harían. Pero eso no vende

  5. Siempre aprendiendo y dejándonos pensativos o más bien reflexivos…”La oportunidad espera al que sabe buscarla”. Excelente entrada.

    • Jose Mª Lloreda

      Ay, si yo solo quería contar la historia de Anne y su muerte en el Sena. Los que vemos esos muñecos si deberíamos reflexionar…

  6. Me encantan las historias bonitas en las que se salva un niño (o muchos, como aquí).
    Buenas noches

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