ODA AL CHIQUIPARK

Bolas de colores

pizza para los mayores

Eras una buena idea, 

antes de ver volar dientes

La estampida de mil ñúes

no es comparable con niños excitados

por medialunas de nocilla.

Confesadlo, lo que los padres hacemos por nuestros hijos no es velar por ellos, ni intentar que crezcan sanos y felices, ni que adquieran conocimientos. Tampoco pretendemos que sean buenos o se formen como personas íntegras para el futuro. Bueno, en parte esto se intenta, pero, a corto plazo, no es lo que queremos.

Lo que los padres intentamos es cansar a los hijos para que se duerman por la noche. Agotarlos. Vaciarlos. Exprimirlos. Todos los días.

 

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Puede que el que no tenga hijos crea otra cosa, pero el día a día de unos padres consiste en planear formas variadas de conseguir que un niño vacíe toda esa energía casi infinita que la naturaleza les da. Desde la mañana a la tarde se maquinan planes en los que el objetivo final es llegar a pensar “¡esta noche va a caer rendido!” pero maquillándolos con expresiones como “juegos”, “salir con la bicicleta”, “ jugar un partido de fútbol” o “ir al chiquipark”. Es como planear un secuestro o una tortura.  Solo existe un peligro: que se cansen tanto que se duerman antes de tiempo y se despierten por la noche como si nada hubiera pasado. Existe una hora, la hora de no retorno, a partir de la cual ya los padres pasan de querer cansarlos a horrorizarse si los niños muestran signos de sueño inminente. Es bastante complejo. Es un arte.

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Por eso este homenaje a esos lugares maravillosos que han sido nominados varias veces al premio a la Octava Maravilla del Mundo y que en el carnaval de Hellín fueron coronados como Miss Simpatía: los parques de bolas o chiquiparks.

Si nunca habéis estado en uno de ellos, no sabéis lo que os estáis perdiendo. Es todo deleite. Un embeleso.

La función social de los chiquiparks está poco reconocida, pero eso está cambiando. El gobierno se plantea que sean financiados por la seguridad social, no digo más, hay hasta un change en marcha.

 Ahora es  frecuente que tengas que ir a un cumpleaños cada semana, de amigos de  tus hijos, ya que  la mayoría de padres además de a los amigos de su hijo invitan a toda la clase. Por el que dirán se entra en una espiral de invitaciones que te hace estar en esos locales más de lo que la OMS recomienda. Yo no veo el problema: cada vez que entro en ellos noto palpitaciones, temblores, e incluso vértigo,  pero es que no se puede abusar de los lugares maravillosos, puedes sufrir un síndrome de Stendhal al contemplar tanta belleza en tan poco espacio. El agrado puede ser adictivo, y lo entiendo.

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El plan es sencillo. Sencillo y maravilloso. Suelen ser lugares parecidos a los zoos, donde los padres pueden mirar a los niños a través de un cristal o una valla, sin peligro de salpicaduras. Además, si uno no quiere no pasa nada por no mirar: hay padres de sobra oteando el horizonte. Parece una reunión de suricatos.

oda al chiquipark

Una de las cosas más bonitas de los chiquiparks es estar al menos 2 horas con un grupo de desconocidos tomando cerveza y aperitivos, en un ambiente entrañable. No sé por qué no hacemos lo mismo cuando vamos a revisar la declaración de la renta o a pagar el IBI. Conversar y tomar algo allanaría todo el proceso.Es que no emprendemos, y así va España. La próxima vez que vaya a Urgencias me voy a llevar unas patatas fritas y unas banderillas (de las de comer), para conversar con la gente. Piénsalo bien, todo son ventajas. La última vez que te viste así fue en una discoteca, con algo de alcohol en la mano, hablando con gente desconocida, con la música a todo volumen, y queriendo ligar. Ahora esto último ya no se contempla, uno va más tranquilo.

Creo.

Lo de ligar lo estoy poniendo en duda (otra ventaja más, se mire por donde se mire).

Como estos lugares maravillosos deberían ser Patrimonio de la Humanidad, en general se comparten con más adultos, padres de otros niños, que también celebran otro cumpleaños. Qué suerte tenemos los humanos al cumplir años, siempre hay gente igual de especial que tu, pero el tuyo es el importante.

Sucede una cosa muy curiosa. A los padres de otros cumpleaños ni los miras, ni les hablas, esquivas a sus hijos, como si fueran fantasmas. Es casi un baile. Es una de las entrañables tradiciones de estos edenes. Al principio te parece que son 30-50 niños encerrados berreando sin comunicarse entre sí, pero al poco tiempo te das cuenta que no, que es mejor que lo que hacen gratis, con sus verdaderos amigos, por ejemplo, al aire libre en el parque.

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Somos los otros niños

A los niños les quitan los zapatos, les ponen una pulsera y se escabullen en esos aparatos maravillosos,  llenos de bolas de colores, rampas y toboganes, todo forrado a prueba de impactos. Es como el viaje a Punta Cana de los adultos, una pulserita, todo gratis y sin zapatos en la playa.  En algunos chiquiparks además hay hinchables, y si observas detenidamente, de vez en cuando alguno aterriza desde allí. Menos mal que los niños son de goma y nunca pasa nada.

La mayoría de los niños que acuden al chiquipark están en la edad de la caída de los dientes de leche, y estos shangrilas, por el mismo precio, aceleran ese proceso. Es muy frecuente que tras cada cumpleaños el ratoncito pérez pase a hacer recuento de los dientes caídos en combate, se rumorea que Él inventó los chiquiparks, el jodío.  Y digo yo, si tienen que caerse, cuanto antes mejor; qué anticuado es, si lo piensas, esperar a que la Naturaleza los quite. Ya son muchos años de evolución para dejar que se caigan solos.  Otra de las ventajas de estos mágicos lugares. Un odontólogo cerca de un chiquipark es asegurarse una clientela fija. Ahí lo dejo.

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Este no es, pero es otro famoso ratón, inventor de twitter

Otros más sofisticados tienen pistas de cars, pistas pequeñas de futbol, colchonetas para saltar, etc etc, las posibilidades son casi infinitas. Todo ideado para descargar esa energía que llevan.

En cierto momento les dan la merienda o la cena, que suele ser pizza o nuggets, una expresión de la dieta mediterránea (porque la pizza es italiana y los nuggets, bueno, los nuggets al menos dicen que son de pollo). Esto, junto a los sandwiches de nocilla, la tarta y las bebidas de cola, hace que sus niveles de azúcar vuelvan a subir y el nivel de desmadre llega a cotas épicas.  En estos momentos de reexcitación, cuando el pico de glucosa coincide con el inicio del sueño y el cansancio, el aspecto del grupo de niños es parecido al público en un concierto de Nirvana, o se mueven como una manada de ñúes que han tomado cocaína. Qué bonito es ser niño y jugar en el bajo de un edificio. Lo que os perdeis los que no vais.

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A por la tarta!

En ocasiones pasa también que  alguno le pisa el cuello a otro, o alguien es arrollado,  especialmente si los diferentes cumpleaños son de edades dispares. Sí, fíjate, hay gente de otros cumples allí también aunque todos juguemos a no vernos. Como decía, una de las normas no escritas de estos sitios. Bruce Willis para preparar  el Sexto Sentido asistió a varios cumpleaños en chiquiparks donde no conocía a nadie. Un actorazo.

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Cuando ya no sabes qué hacer, porque más de una hora después no sabes de  qué hablar con  esa gente que no conoces, chillando porque no se escucha con el ruido, empiezan a sacar los regalos. Ese es uno de los momentos más especiales, porque el niño se ve a sí mismo especial, como su amigo de la semana pasada que también lo celebró ahí o como el niño fantasma que por allí pulula pero con el que no habla.

 Suelen sentar al niño en un trono, para que se sepa que es el rey, hasta le ponen corona, y a la niña de reina, de princesa o de Frozen. No hace falta que esté anoréxica, eso sí. Un primor. Le van entregando los regalos unos pajes que a grito pelao nombran al niño que les hace el regalo, y obligan a decir “qué bonito” y cosas así sea lo que sea, todo por el bien del niño homenajeado, no vaya a traumatizarse. Y es que gracias a los chiquiparks, los niños aprenden el valor de los regalos, a no derrochar y no hacer ostentación de las cosas, como los adultos íntegros y formados que serán. Qué poco se reconoce esto. Este es el motivo que hace que cuando ya van por el regalo número 12 los niños suelan estar serios y parezcan aburridos: todo lo contrario amigo lector, están interiorizando el valor del esfuerzo y sacrificio que les va a hacer volver a casa más cargados que los Reyes Magos, o como un participante en la operación paso del estrecho.

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Volviendo de cualquier chiquipark

Los regalos suelen ser muy prácticos, pero a veces los niños no lo entienden, por la edad. Si les regalan ropa piensan que es un regalo para sus padres y si les regalan juguetes, los padres piensan “otro cacharro más”. Acumulan tantos regalos que necesitan a veces subcontratar a otros niños para darle algo de juego a tantos juguetes. Esto les ayudará en su vida futura, entenderán el valor de las cosas.

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Fiebre del sábado noche!

Cuando tu crees que ya ha acabado todo, te entra mucha pena, pero no es así. Ahora toca la fiesta, para terminar de agotarles, el golpe definitivo. Discoteque y chucherías, para que el ritmo no pare. Si es que es como una discoteca, pero disimulada. Eso sí, las bebidas están al mismo precio.

Al final has visto en una tarde: varias contusiones, una pérdida de pieza dental, una pelea de primos, unos padres de una niña que se ignoran entre sí, tu hijo rojo como un cangrejo y cercano a la posesión infernal.  Pero esos inconvenientes ni se acercan a los beneficios. Y es que, ¿quién va a querer hacer algo mejor en un fin de semana? Te dan el trabajo de cansar a tus hijos ya hecho.  Algunos raros lo hacen  el  día del cumple, pero lo mejor es pasarlo al fin de semana, que es cuando se disfruta más y todo el mundo tiene tiempo libre para regocijarse.

Tras bailar una de Enrique Iglesias y ver como niñas de 8 años hacen twerking como si tuvieran ya 13, es la hora de partir, entre lágrimas, hasta la próxima quedada de colegas; porque una cosa está clara, quieres más.

A mí a veces se me hace duro esperar una semana para volver a vivir estas experiencias maravillosas. Quizá celebrar los santos sea la solución.

En ocasiones, tras conseguir que se cansen en el chiquipark, en la vuelta a casa los niños se duermen y al parar el coche, 15 minutos después, parece que ha descansado 12 horas y vuelven a ser torbellinos. Ese es uno de los peligros de cansarlos mucho y montarlos en el coche, que se recargan de forma muy rápida. Por eso os aconsejo que no exprimais el chiquipark hasta el último minuto. Haced un esfuerzo, no os vayáis a enganchar.

 

Os dejo con una canción, por si no os gusta Enrique Iglesias

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10 Comentarios

  1. Limonerías

    Jajajaja, qué grande!!!

  2. Me he reído muchísimo!! Lo de los dientes y lo de subcontratar a otros niños para disfrutar los regalos me ha arrancado una carcajada! Gracias por alegrarme el día

    • Jose Mª Lloreda

      Hola Celia! Si te he alegrado el día ya me doy por satisfecho…. compártelo si lo consideras. Y eso que, aunque no lo creas, no lo escribí con ánimo de que fuera humorístico …

  3. Me ha hecho reír, que ya está muy bien, echaba de menos las entradas superfrikis. Pero te quejas por poca cosa, hay sitios peores:

    http://www.lavanguardia.com/vida/20141031/54418432272/polemica-catalunya-apertura-spas-ninas.html

    Yo a los cumple-ludoteca, intento que vaya papi solo, soy cruel, pero nuestra relación es así. En Ibiza hay pocos y la mayoría se celebran en parques, gracias a Dios.

  4. Me he reido mucho con tu reflexión y me he visto reflejada. Lo peor de todo que en casa acabamos de empezar …

    • Jose Mª Lloreda

      Hola Lales!
      nos vemos todos reflejados (menos los papás vampiro, claro), por eso hace gracia. Nosotros tenemos unas 25+25 invitaciones al año y vamos solo a 5. Quizá este año subamos a 7-8, no queda otro remedio.
      Un beso cordobesa!

  5. Los chiquipark los carga el demonio. Quillones de años después y tropecientos cumpleaños aún me entran sudores fríos. Afortunadamente me va quedando poco, o, al menos, menos que antes. Una gran oda, sí señor.

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