La fototerapia neonatal es un técnica que se usa para reducir las cifras de bilirrubina en los recién nacidos. Este problema es muy frecuente, todos conocemos a niños a los que les “pusieron las luces”. En general se tiende a creer que no tiene efectos secundarios, y no se le tiene el mismo respeto que a cualquier otra medicación o tratamiento, porque se tiene más miedo a que las cifras de bilirrubina suban más y se produzca sordera o problemas cerebrales en el niño. En algunos niños puede dar problemas cutáneos, diarrea, etc, todos menores. También se sabe que modifica el flujo sanguíneo cerebral, sin conocerse si eso es importante.

Por motivos de seguridad se le tapan los ojos y los genitales a los niños en fototerapia, ya que hay un riesgo teórico de alteraciones genéticas en los futuros óvulos y espermatozoides. El cáncer infantil está mediado en gran parte por predisposición genética y factores ambientales, pero estos son extremadamente difíciles de determinar.

¿La fototerapia neonatal se asocia a cáncer infantil? ¿es un factor predisponente?

Es difícil de contestar fácilmente. Existen datos de laboratorio que asocian mutaciones en el ADN con el uso de fototerapia ya desde los años 70, especialmente de fototerapia con luz azul y hay pequeños estudios donde se asocia su uso con el desarrollo de leucemia en niños. Otros no encuentran esa relación. Eso es lo difícil: en niños el cáncer es poco frecuente y estudiar una exposición que produce un efecto tan raro es muy difícil.

fototerapia

Por eso en junio de 2016 en la revista Pediatrics (una de las más prestigiosas del mundo) se publicó un estudio donde vieron que le pasaba a 5 millones de niños (5 millones!, una barbaridad) durante un año, excluyendo a los prematuros y otra serie de niños (por ejemplo niños que ya tuvieran cáncer al nacimiento o en los primeros 60 días de vida). Vieron qué pasaba al año de vida, cuántos habían sido diagnosticados de cáncer y luego compararon de estos cuántos habían tenido exposición o no a la fototerapia. Sus resultados iniciales fueron que el uso de fototerapia neonatal se asociaba al desarrollo de cáncer, de leucemia y cáncer de riñón. Eso sí, sus resultados en el peor de los escenarios suponían un riesgo aumentado muy bajo, es decir, que el aumento del riesgo que habían encontrado cuando quitaron todos los factores que podían confundir en el estudio (sesgos) era prácticamente insignificante. Cosa diferente sucedía con los niños síndrome de Down. Estudiando a ellos de forma exclusiva (ya que tienen un riesgo de cáncer mucho mayor que el resto de niños), el riesgo estaba aumentado si habían recibido fototerapia.

Dicho de otra forma, por cada 10.000 usos de fototerapia, se producía de más  un caso de cáncer infantil en el primer año de vida. En los niños síndrome de Down, se producía un caso de cáncer por la fototerapia cada 1285 niños tratados.

Autores del mismo grupo anterior también publicaron en la misma revista otro estudio, este más modesto. Solamente medio millón de niños (que sigue siendo una barbaridad), pero en vez de seguirlos 1 año, los siguieron 17 años, para ver si el uso o no de fototerapia se asociaba a cáncer. Ellos, después de intentar controlar todos los sesgos, no encontraron dicha asociación. Pero en niños con síndrome de Down sí, aumentaba casi un 4.5% la posibilidad de tener cáncer si recibieron fototerapia comparado con los niños síndrome de Down que no la recibieron. Para el resto de niños, asumiendo el mayor riesgo posible, el aumento del riesgo era menor del 0,1% de más. Es decir, muy poco.

Pero esto es más importante de lo que parece. Ambos estudios afirman que los sesgos no explican del todo la asociación al cáncer y que la fototerapia puede contribuir en parte al desarrollo de esos tumores, por lo que hay que tener precaución con su uso. Se ha visto que cada vez se pone más la fototerapia (del 2.5 al 15% de los niños al inicio y al fin del estudio), en parte por el miedo a las alteraciones neurológicas del aumento de la bilirrubina (“ictericiofobia”, “kernicterufobia”) y también a la menor destreza de las nuevas generaciones en el uso de la exanguinotransfusión, una técnica en la que se recambia la sangre del niño para limpiarla de bilirrubina (“exanguinofobia”). Cada vez se hace menos, y se pone más fototerapia antes, por lo que cada vez se hace menos y etc etc…

Ambos estudios tienen muchas limitaciones, pero afrontan las dudas que existen de la forma más sencilla posible: hay que usar la fototerapia cuando está indicada, siguiendo las guías de referencia, y no usarla de forma profiláctica o por aquello de “de todas formas habrá que ponerla mañana”. Las cifras por ejemplo a partir de las que se hace una exanguinotransfusión están lejos de las cifras en las que se producen efectos perjudiciales para el niño: con esta actitud tan intervencionista en los niños, usando la fototerapia con alegría, estamos intentando evitar algo que es tan raro o más que el cáncer infantil. Para evitar 1 exanguinotransfusión se deben tratar con fototerapia más de mil niños con ictericia. Por tanto, se aconseja evitar el uso innecesario de la fototerapia, especialmente en los niños con síndrome de Down y sopesar bien el riesgo beneficio. Puede que la fototerapia no sea tan benigna como creemos, aunque hay muchas dudas aún por dilucidar.

Piensa en por qué le tapas los genitales. Si ya sabías que podía ser.

fototerapia

En base a esto, hace 2 días se publicó en Pediatrics otro gran estudio sobre la asociación de los trastornos del espectro  autista con el uso de fototerapia neonatal. Por si no teníamos lío, de los mismos autores.

Metaanálisis anteriores habían encontrado un riesgo aumento de autismo en aquellos niños que tuvieron ictericia . Esos estudios eran pequeños y con muchos sesgos, que no fueron resueltos. Por suerte por ahora, en este estudio de 17 años, en el que se sabían las cifras exactas de bilirrubina (no solo el término “ictericia”) no han encontrado una asociación de diagnóstico de autismo al uso de fototerapia o al tener ictericia, o a las dos cosas juntas, cuando se hace un estudio de factores de confusión exhaustivos. De forma cruda sí se encuentra, pero no cuando se estratifican por peso, edad o factores socioeconómicos. Y así es cómo debe ser.

Entonces, ¿es segura sí o no? Más que perder el tiempo discutiendo la estadística de los estudios, piensa de forma práctica: ¿le tengo que poner fototerapia? ¿qué dicen las guías basadas en la evidencia? ¿le estoy poniendo fototerapia porque a “ojímetro” se acerca a los niveles o realmente los alcanza y supera?

 

Aquí os dejo la última guía de la Academia Americana de Pediatría, refrendada en 2014 sobre el manejo de la ictericia neonatal, y después lo enlaces al resto de artículos (arduos) por si a alguien le interesa

-Manejo Ictericia Pediatrics 2014

-Risk of Autism Associated With Hyperbilirubinemia and Phototherapy 4 octubre 2016 Pediatrics

-Neonatal Phototherapy and Infantile Cancer Junio 2016 Pediatrics

-Retrospective Cohort Study of Phototherapy and Childhood Cancer in Northern California

Ahora pensad en dar Dalsy (iburprofeno) o Ventolín (salbutamol) como si fuera agua, a tus hijos. Son medicamentos, con efectos secundarios, infinitamente mayores  que la fototerapia,  algunos hasta aún no conocidos a largo plazo. ¿De verdad os asustáis por un colorante? ¿No es mejor pensar en por qué se lo dais a vuestros hijos y si es necesario? ¿alguien sabe cómo serán sus riñones de adultos con tanto ibuprofeno? ¿crees que darle ibuprofeno porque está triste es bueno? ¿crees que darle salbutamol porque ha tosido es bueno?

Piénsalo.

Mientras tanto, si quieres conocer un poco de la historia de la fototerapia y además por qué se ponen luces rojas en el sarampión, pásate por el siguiente enlace (algo de frikismo tenía que sacar)

LA VERDAD DE LAS LUCES ROJAS PARA EL SARAMPIÓN-MIREINOPORUNCABALLO.COM

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