MI HIJO ADOPTIVO

-Deberiamos adoptar a un niño.

Como si fuese lo más lógico del mundo, el marido de Mary dejó caer la frase mientras lavaba los platos, de espaldas a ella, quizá para no ver la expresión de su cara, o para que no se viese la suya propia.Habían pasado por varias clínicas de fertilidad, incluso en otros estados, realizado decenas de análisis de sangre, de semen, ecografías, salpingografías, etc,  para no encontrar la causa de sus problemas,  no poder ser padres. Ella había admitido, en los más profundo de su ser, que no iba a ser madre. No tenía sentido volver a pasar por aquellos tratamientos que la hinchaban, y que en una ocasión casi le impidieron respirar. Sus ovarios protestaban porque los estaban estimulando artificialmente, se decía a sí misma. ¿Adoptar a un niño? no creía que fuera la mejor opción, estaba claro que por algún motivo no podían fecundar, pero el invierno ya había llegado a sus sienes.

La empresa estaba en un edificio de oficinas del centro. Uno como otro cualquiera, impersonal. A la entrada había un cartel con un niño sonriente de ojos azules, mirando a la cámara. Decía al pie “Te garantizamos ser mamá”. Era demasiado perfecto para no darse cuenta que estaba retocado con photoshop. Ese era un vicio del que no podía desprenderse, trabajaba componiendo las fotografías de una revista y su marido era también fotógrafo.

Aunque le costó trabajo, Mary aceptó la adopción, pero de la forma que ella decidiera. Sonaba a cliché, pero siempre se salía con la suya, y en este caso, se haría a su manera. No quería poner su óvulo en otra madre ni que los espermatozoides de su marido intentaran crear otra vida en otro útero. Quería conseguirlo de una vez y a la primera.No quería pasar por el proceso en bucle de nuevo. Serían los padres de una criatura ya creada.

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En la empresa trabajaban con madres que por uno u otro motivo no querían quedarse con su futuro hijo, bien porque no pudieran hacerse cargo de él, porque no se sentían preparadas, eran muy jóvenes o querían un mejor futuro para sus hijos, diferente al que tendrían si se quedaban con ellas. Como decía la directora del centro, más del 50% de las mujeres americanas tenían un embarazo no planificado en su vida, y su centro daba la posibilidad de que no abortaran y continuaran con el embarazo, con la esperanza de entregarlo a una familia que lo acogería.

A Mary le parecía que la situación debía ser muy dura para que una madre llegara a eso, pero pronto vio que tenían una gruesa carpeta azul llena de fichas, en las que se veían muchos nombres de madres, embarazadas, que ofrecían a sus hijos en adopción. ¿Cómo podrían hacer eso, abandonar a tu hijo antes de nacer, rechazarlo mientras lo sentían día a día? No podía entender que unos padres tuvieran la frialdad de continuar el embarazo solamente por dinero, pero al menos no lo abortarían ni le darían una vida que no querían. Era legal en estados unidos, pero no en todos sitios lo era.

Por eso aceptó, pese a no estar segura del todo.

-De entre todas nuestras embarazadas, puede elegir la que más le convenga según sus antecedentes, y sus características físicas. Como ve hay un extenso perfil de los padres, incluyendo sus hábitos y otros datos de interés-decía la directora mientras le ofrecía los dossieres para que los examinaran- Por supuesto, se seguirán haciendo controles analíticos y ecográficos durante todo el embarazo, de cara a detectar algún problema grave que tuviéramos que saber. Nos hacemos cargo de todo una vez que se firme el contrato.

La directora tenía una voz cálida pero firme, y se expresaba como si estuviera vendiendo la mejor opción, con algo de paternalismo.

-Pero, ¿la madre verá al bebé?-preguntó ella. Sabía que existían diferentes modalidades, en algunas la madre biológica y los futuros padres llegaban a conocerse y no perdían contacto.Incluso la madre biológica decidía si quería a esos o a otros padres.  No era lo que ella y su marido querían. Querían que la madre biológica fuera un vehículo, pero nada más, no podía arriesgarse a que se lo intentara quitar en el futuro. No estaban aquí para que los eligieran a ellos.

-No si usted no quiere. La madre renuncia al bebé en el momento mismo del parto, y no tiene derecho a verlo más, ni tendrá posibilidad de localizarlo nunca-dijo con un tono conciliador-. Si ustedes quieren nunca la volverán a ver. Del resto de papeleo con los jueces nos encargamos nosotros.

En ese momento aportó los dossieres y cogió otra carpeta, más fina, de color amarillo pálido. Esas madres embarazadas eran un número bastante menor.

Lo tenían todo muy bien planeado. Se hacían cargo de las pruebas médicas a la madre y se las entregaban a Mary y a su marido en la propia oficina,que era el lugar de contacto. Sabían que la mamá era de otro estado, dijeron que muy alejado, y que era una futura madre soltera. No bebía ni fumaba, y debía seguir una dieta apropiada, junto a todo lo que el ginecólogo que la llevaría le dijese. Por supuesto, todo eso lo pagaban Mary y su marido.

No había un padre conocido, y eso a Mary no le gustaba. Tenía todas las serologías normales, y las ecografías que le enseñaron al parecer eran normales, la cabecita, el corazón y todas las cosas que se podían ver estaban bien, pero ella no estaba tranquila.Además, la madre tenía 36 años, su misma edad, y quería hacer un estudio genético para confirmar que todo estaba bien.

No hubo mucho problema, a las 2 semanas de pedirlo en la empresa de adopción, les presentaron el informe de las pruebas genéticas: “46,XY”, que significaba que era un varón normal. Todo estaba bien.

Como decía, la empresa estaba muy bien organizada. El parto se haría en una ciudad diferente a la de la madre biológica y a la de Mary. Lo sacarían y se lo darían. Nunca más volverían a esa ciudad. Nunca su madre podría saber de dónde vinieron a llevárselo. Nunca podrían decirle a su hijo quién era su madre biológica. Esa era la mejor opción, al menos eso pensaron el día de antes de acudir por primera vez a la agencia de adopción.

El día final había llegado. Él sabía que cuando desayunaba a ella no le gustaba que le preguntaran nada, se mostraba irritable, por eso se limitó a cargar en el coche las cosas que le harían falta: una bolsa llena de ropa de bebé, otra más pequeña con pañales, gasas, un peluche y otros bultos que no sabía lo que eran, pero que alguna finalidad tendrían. El viaje duraría al menos 5 horas hasta la clínica, y era muy posible que esa misma noche ya tuvieran a su hijo entre sus brazos. Probablemente tuvieran que quedarse en el hotel que ya les habían reservado y emprender el viaje de vuelta al día siguiente, eso sería lo mejor.

Le estaban induciendo el parto, ya estaba aquí, y Mary y su marido  estaban en la sala de al lado esperando.

No lo pudieron ver más que de pasada porque los médicos se lo llevaron, algo le pasaba.

-Lo he visto raro-dijo él.

mi hijo adoptado

Mary intentó verlo, pero hasta las 2 horas siguientes no le permitieron pasar. Cuando le dejaron, el neonatólogo les dijo que era probable que tuviera una cosa llamada síndrome de Treacher-Collins, que suelen tener una inteligencia normal. Ella no había visto algo así en la vida: tenía los ojos hacia abajo, no tenía pómulos, y las orejas eran muy pequeñas, en una de ellas no había ni conducto auditivo. No era el hijo que habían esperado.

No usaron la habitación del hotel. 5 horas de viaje les esperaban.

 

Nota: esto es ficción (en las 2 entradas anteriores hay gente que no se ha dado cuenta), pero un caso similar ocurrió este año en Miami. Unos padres adoptivos rechazaron en el parto el hijo preadoptado por presentar un síndrome de Treacher-Collins. La madre había contactado con una agencia para darlo en adopción, ya que vivía sin recursos. Al ser rechazado, se quedó con él y ahora no se imagina haber podido vivir sin su hijo.

Aquí tenéis la noticia en el Telegraph y aquí su página de Facebook. Si queréis ayudarle económicamente,pasaros por esta página.

mi hijo adoptado

El síndrome de Treacher-Collins es de causa genética, ocurre en niños, y hay que ayudarles, no rechazarlos. Si tenéis interés aquí os dejo una guía muy interesante sobre estos niños.

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3 Comentarios

  1. Oye, para mundo conectado con su ombligo y con nada más del universo, mi gremio de artistas, no sabía donde me metía yo . Ya que lo mencionas, Bulgakov lo tenia igual de a mano que tu, o más, porque curraba en lo mismo, pero hace más tiempo, cuando eso se vendía en los kioskos y estaba de moda fardar de inyectable. A mi el libro suyo que más me gusta es “Morfina”. Lo lees y cualquier hospital comarcal de hoy te parece la clínica Mayo. Y la Margarita muy bien. Muy bien también la entrada de la Santa Catalina

  2. Pues muy buenos tus cuentos. Claro, que tu curro ya lo lleva implícito, lo de las situaciones terribles y kafkianas (por algo tengo yo médicos de protagonistas, dan mucho de sí). Es una alegría ver que no todos los medicos terminan con una tremenda pantalla entre la realidad y ellos (como pude comprobar cuando hacía guardias en verano en un CAP). Cuando el pediatra de mis hijos hace comentarios para convencerme de que vacune (que no hace falta, los míos están sobrevacunados) del tipo “Yo he visto morir un niño de tos ferina”, a mi se me ponen los pelos de punta, y él parece que hablara del tiempo (y es un pediatra buenísimo). En fin, que redimes un poco a mis jefes del CAP y al gremio. Ojo no te pase como a Bulgakov, que de tanto escribir y plantearse cuestiones existenciales, se dió a la morfina. Salut!

    • Jose Mª Lloreda

      Ay Inés, las situaciones kafkianas se dan en todos los ámbitos, y tengo que decir que la mayoría no se deben ni mencionar. El mundo médico está en general conectado a su ombligo y su carrera, al menos es lo que veo, y lo que interesa a los que organizan es la satisfacción del usuario (el antiguo enfermo), no si se ha hecho bien o no.Decirte que yo no sé quién es Bulgakov, pero seguro que yo la tengo más a mano y eso es más peligroso ;). Ya lo he buscado, tendré que conseguir la Margarita

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