LLAMADA NOCTURNA

Tengo que llamar, esa era la idea que le rondaba por la cabeza como una grabación atrancada que repite una y otra vez la misma frase. ¿Tengo que llamar o aún es pronto?, se decía.

Tras toda la noche sin dormir, se encontraba en un estado crepuscular, casi de irrealidad. No sabía realmente si era un sueño, cansancio o algo diferente, pero le parecía que los sonidos tenían matices distintos, como cuando uno escucha desde detrás de una pared, y las luces ya no deslumbraban, sino que se podían ver los rayos que emitían, sin potencia. Era algo parecido a observar una escena desde arriba y sin ser el protagonista, como si fuera parte de una ficción. Solamente el dolor en las pantorrillas y le cefalea que ya le estaba martilleando el lado derecho de la cabeza lo unían a lo que estaba pasando, dejándole claro que sí, que estaba sucediendo. Parte del dolor que sentía en el pecho podía deberse al hambre, ya que no había cenado nada, o quizás al hecho de haberse bebido 6 cafés. Eso le provocaba un reflujo y un olor permanente en la boca a cafeina quemada. Cada vez le costaba más ver amanecer si no era por una buena causa, y esta no lo era, después de todo.

¿No será mejor esperar?

Las horas previas ya le parecían como un capítulo de una vieja serie de televisión, descolorido por el tiempo. No habían pasado ni 10 horas y juraría que era algo lejano, de otra época. Estuvo recordando todo lo que había hecho, y repetía en su mente escenas donde hacía otra cosas, cosas que lo hubieran llevado a otros destinos. Una y otra vez. Una y otra vez. Puestos a buscarse defectos, el castigo de su propia conciencia era implacable. Como un buscador tipo Google, le venían a la mente cosas que se podían haber hecho mejor, o cosas que debía haber hecho en otro tiempo. ¿Seré un timo? ¿estoy preparado? ¿estaré exagerando?, se decía, insistiendo en apretar su propia herida.

FOTOS DE UNA PERSONA HABLANDO POR UN TELEFONO FIJO, DETALLES DE UNA MANO MARCANDO UN NUMERO EN UN TELEFONO FIJO.

¿Tengo que llamar? A lo mejor en unas horas vienen y es más fácil, y se hace más evidente que no tengo que hacerlo. A lo mejor llamo y es para nada, porque no es el momento. Desde luego la madrugada no es la hora. Les dije que yo casi nunca llamo fuera de horario, que no es mi costumbre. Me tendré que echar agua en la cara para despejarme, y cambiarme la ropa, es una vergüenza que me vean así. Sí, debo cambiarme, si puedo. ¿Qué le voy a decir? ¿cogerán el teléfono? Creo que debo decirlo serenamente, después de todo ya saben que yo no llamo. Serenamente pero sin dejar lugar a dudas. ¿Y si lo coge otra persona? En ese caso va a ser difícil que pueda hablar. ¿Cómo se llama? No puedo equivocarme en eso, no me lo perdonaría nunca.

Para mantenerse aún activo fue a buscar el número de teléfono y apuntó los nombres en un papel que llevaba en el bolsillo. Había 2 números de teléfono, por lo que escribió los 2, con la esperanza de acertar a la primera. Esta llamada no era la primera vez que la hacía, no era temor a hacerla. Lo que le costaba era saber cuándo sería el momento, saber cuándo se había pasado el punto de no retorno.

Ya se veía el tono intensamente anaranjado previo al amanecer sobre una colina, y en unos minutos apareció por el este el inicio del disco solar, primero como una cara triste o un plátano, y posteriormente como una bola amarilla levemente aplanada, que no dañaba a la vista.

Tenía que hacerlo ya, se decía. Tenía que decir la palabra exacta, porque la conversación sería corta, y hay palabras que deben decirse sin sinónimos. No podía hacerla esperar, a él no le gustaría que se lo hicieran, pero tenía que calibrar que tampoco pasara mucho tiempo desde que llamara.

Arregló un poco la escena, bajó la luz, atenuó los ruidos, acomodó 3 sillas. Hizo que también a él lo limpiaran. Al menos podría estar allí un rato con ellos y escucharlos. ¿Tendría que enfadarse por el ruido de la gente que llegaría estando ellos allí, con las risas y las bromas de las personas por la mañana? Esperaba que no.

Alguien le dio otro café. Este sabía distinto, pensó, quizás porque ahora se lo tomaba pensando en cómo contarlo. Tenía que organizar un relato porque le iban a preguntar qué había pasado. Tenía que decirles la verdad, eso era algo que aprendió desde el principio: siempre la verdad, pero no toda la verdad si no la preguntaban. Hay personas que no quieren saberlo todo. Incluso hay personas que se enfadan por la llamada a esas horas. A él nunca le había pasado, pero conocía casos hasta de violencia tras la llamada, de romper una pared, un cristal o la cara de alguien. Para eso estaba preparado, se decía, y era algo comprensible a veces. Creía que se evitaba siendo cercano desde el principio.Una vez le dijeron por teléfono que por qué había llamado. Todas esas cosas se movían  en círculos por su cabeza, mezclándose en una especie de masa pegajosa en la que entraba también la palabra culpa, sin saber la causa.

Tenía que ser cuidadoso con las palabras. No ser ambiguo en nada. No decir que era lo mejor, lo mejor sería que nada de aquello hubiera pasado. No decir que no le había dolido, eso no era un premio por el que estar orgullosos. Frases bienintencionadas podían quedar en el recuerdo para toda la vida si eran paternalistas o infantiles. Había que dejarles hablar. Escuchar. Acompañar.

¿Cómo reaccionarían? Solo espero que no se queden fríos, como si no les hubiera llamado. Eso sería lo peor, se decía.

¿Podrían ir a despedirse, les gustaría hacerlo o sería peor para ellos? No lo sabía, tendría que probar.

El papel ya estaba algo arrugado en su mano, pero había tenido la precaución de no mezclarlo con los demás, llenos de notas, cuentas, ideas y planes, ya fútiles y sin sentido. Ya hacía tiempo que los buenos pronósticos habían desaparecido. Descolgó el teléfono. El sol ya empezaba a molestar.

 

-Hola, soy el pediatra.¿Es la madre de XXX?

-Sí..

-Llamo porque su hijo va a morir en las próxima horas, vengan cuanto antes para despedirse de él.

 

Acababa de comenzar un nuevo día.

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2 Comments

  1. Escribo y borro, escribo y borro..no sé qué poner. Supongo que esto mismo nos pasa a los demás lectores. Mis niños están sanitos, no hay nada más grande que eso. Un abrazo.

    • Jose Mª Lloreda

      Hola! Muchas gracias. No sabemos lo que tenemos, la salud lo es todo. Enhorabuena por el piso!

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