LOS PETARDOS Y LOS DEDOS

Es una expresión muy común aquella de que para ser padre se debería pedir un carné o algún tipo de capacitación psicológica y de vez en cuando se escucha si se trabaja con niños. Aunque es una exageración, en ocasiones es fácil de entender,  debido a los variados comportamientos que los padres tienen y en los próximos días vamos a tener ejemplos de esto. Digo que es una exageración porque no todo el mundo está de acuerdo en qué actitudes son erróneas para los hijos, como en la siguiente historia.

En el levante español y cada vez más zonas de España,  se usan petardos y todo tipo de artilugios explosivos en la noche de San Juan. Desde días previos, el nivel de sobresalto de tracas improvisadas por los rincones va in crescendo, hasta su apogeo en la citada noche. Por suerte, las leyes han cambiado y ya no es tan fácil que los niños compren petardos a la ligera, pero al final, los compran. O se los compran. Hablando con algunas personas les parece correcto e incluso les parece que no hay riesgo, incluso siendo sanitarios de profesión.
Desde que estoy en el levante, asisto con mucha sorpresa a esta fiesta donde padres, con niños de 2-3 años, les dan petardos para que los exploten, como si no pasara nada. Hay que saber que en España en general no se permite vender petardos a ningún niño menor de 12 años, ni usarlos,  en teoría. Tenemos una sociedad alejada de las bombas y de las guerras y les damos explosivos a pequeña escala a lo niños para que jueguen a tirárselos unos a otros. El fruto de esto son las desgracias personales que se ven todos los años en adolescentes y en adultos (normalmente con mentalidades muy similares) inculcadas desde pequeños. Y no solo sucede en esta noche fatídica, sino que en todas las fiestas de cada uno de los pueblos de España pasa.
Los accidentes son eso, accidentes. Pero usar petardos y que algo pase mal, eso no es un accidente. No hijo no. Eso es una irresponsabilidad tremenda, especialmente de los padres de esos menores que además animan a ello. Es por esto que la mayoría de “accidentes” son la pérdida de dedos de la mano derecha, o directamente la pérdida de toda la mano.Especialmente se pierden el pulgar y el índice, y el pulgar es el que nos permite usar las manos como lo hacemos. La pérdida de todos los dedos de una mano equivale a una discapacidad del 44%.
En ocasiones, el artefacto no tiene la suficiente potencia para amputar los dedos pero provoca quemaduras profundas que limitan funcionalmente el miembro de la misma manera. Pero en otros casos, hasta se produce la muerte del menor, como en 2013 en Alicante.
En otras ocasiones los órganos afectados son los ojos, y tenemos incluso pérdida de un ojo por estallido de petardo o la desfiguración de la cara.
A muchos niños, por desgracia, se les amputan las manos, los pies o los dedos, en general por malformaciones de nacimiento, en las que hay que modificar la anatomía para poder hacer una prótesis lo más funcional posible. En otros casos, niños que cursan cuadros gravísimos de infecciones generalizadas pierden las falanges de los dedos debido al proceso, igual que en los postoperatorios de algunas cardiopatías.  Puedes tener un accidente de tráfico o de otro tipo y tener la mala suerte de perder una mano o un pie. Pero que no sea por un petardo…
Veo padres, berzas, dando petardos a sus hijos de 2-3 años y explotándolos delante de niños en carritos. No me lo han contado, lo veo todos los años. Veo sus caras de satisfacción ante el fuego y el ruido, algo oculto en su interior se deja asomar en esas circunstancias. Veo padres (?) fabricando lanzagranadas caseros para sus hijos, o medio bombas que desprenderán metralla para regocijo de su masculinidad mal entendida. Veo batallas campales en la noche de San Juan. Al niño de Alicante la lata donde metió los petardos le cortó la yugular.
Veo una permisividad pasmante en este asunto, quizás porque en mi infancia los petardos y los niños no casaban bien, en Jaén. Me acuerdo de unas fiestas en las que un cohete se enganchó con una de las banderolas y volvió hacia abajo, impactando con un grupo de niños, no me acuerdo lo que pasó, solo sé que yo estaba por allí. También recuerdo en mi pueblo a un niño que le explotó un petardo y le amputaron 3 dedos de una mano, teniendo que trasladarlo en helicóptero a Sevilla. Lo que más me martillea la memoria era la noticia en el periódico donde el padre se jactaba de que aún podría tirar petardos al año siguiente.
Comprar los petardos en puestos autorizados no me parece la mejor solución. Especialmente si en algunos se venden otros petardos, ya sabes, dame de “los otros”. O si son los padres los que trafican con la mercancía, porque “ellos controlan”.  Ojalá se persiguieran en estas fechas a los padres que dan petardos a sus hijos y se les multara de forma inflexible, al igual que el resto del año se persigue la tenencia y uso de explosivos.
No limites la vida de tu hijo por hacer el gilipollas con un petardo. Madura un poquito. Ya es difícil la vida como para llevarla sin una mano, un pie o un ojo porque a ti también te falten 2 dedos de frente.
Nota: que conste que no tengo perro.

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26 Comentarios

  1. Esther madre de Héctor

    El artículo muy bueno pero como siempre la nota del final excelente…

  2. Mónica

    Acto sublime de una mente retardada, tirar un petardo. Ojalá se les aplicara a los botarates del petardo la ley antiterrorista. Y, aparte, yo aplaud cuando hay algún amputado. Sea padre, hijo, etc. Por mí, que revienten. Es lo que merece la falta de respeto y la ignorancia.

  3. Anónimo

    Quien no conoce a alguien que haya sufrido un accidente con un petardo,deberían prohibirse el uso a los menores de edad,accidentes si hay petardos por medio está asegurado.

    • Mi reino por un caballo

      Es una irresponsabilidad general. En algunos paises hay quemadura con gasolina porque se distribuye sin control, y en España eso se reguló. Pero en este tema parece que no hay alarma social…

  4. Soy Alicantina, estamos en pleno apogeo de las Hogueras, y no entiendo como a niños de 7 u 8 años (a veces más pequeños) les dan un mechero ¡Un mechero! y petardos y vete por ahi a tirarlos.
    Además de que los padres se quedan tomándose la cervecita y charrando con otros padres sin saber qué está haciendo su hijo y a quien está molestando (porque normalmente están molestando a otras personas), además, como decía, no son conscientes de que le están dando algo muy peligroso (Dios, repito, un mechero) para que sus hijos jueguen.
    Luego vienen los lamentos, pero el mayor problema es que tenemos una sociedad de insconscientes, sin dos dedos de frente, como comentabas en el artículo, que no ven más allá del ruido y la explosión de fuego que provoca el petardo.

    • Hola Valkiria!
      por desgracia esa falta de miramiento por los demás se hereda. Es decir, se hereda el comportamiento descortés y la ignorancia del "otro", que hace que nadie se ponga en el lugar del que tiene delante, ni piense si lo que hace molesta a los demás. Con un " yo es que soy así", todo arreglado. Pues cambia muchacho, cambia. Los niños no hacen más que reflejar los comprtamientos que ven en casa y su entorno.
      Gracias por pasar!

  5. Anónimo

    Genial entrada!! Yo aparte de enfermera y madre…tambien tengo perro
    Es la gota q colma el vaso.Si mis peques se asustan con el ruido, mi perro un dia se muere de un infarto(y lo digo en serio) asi q sufro de manera triple la mania d tirar petardos para celebrar..cualquier cosa.

    • Hola! no quise entrar en los animales porque parece que solo les afecta a ellos, y no es así. Afecta a todos los que no queremos participar en esto. Besos!

  6. No puedo estar más de acuerdo. Vivo en Valencia y aún recuerdo las primeras fallas que viví sobresaltada por el ruido constante de los petardos. Como tú bien dices, lo "normal" por esta tierras es que los niños desde bien pequeños manejen petardos. Cuando ya son algo más mayores (7 u 8 años no creáis), los niños ya los manejan solos, con los padres tomando una cerveza en una terraza a unos 20 metros. Llevo 8 años viviendo aquí y todavía alucino en colores. Espero que la gente tome conciencia.

  7. Horas voy a estar aplaudiéndote. Soy de Castellón, así que conozco bien el tema. Yo también soy muy intolerante con los petardos, los detesto. Y más de una enganchada he tenido con esos "padres" de los que hablas.
    Gracias por este post. Con tu permiso, lo comparto.

    • Hola Noelia!
      toda la comunidad valenciana está explotando, y como las fallas o los sanfermines, se ha exportado el negocio a las zonas limítrofes y más allá. Pobres niños, y qué poca libertad no poder salir a la calle porque te lancen artefactos explosivos y a nadie le parezca un delito

  8. Anónimo

    Me gusta mucho la reflexión que haces, la queja si lo prefieres. Tengo un niño de 3 años y ni de broma le dejó jugar con petardos. Como mucho las cebolletas esas y con supervisión de su padre o mía. También educándole en lo peligroso que es y el daño que se puede hacer y puede hacer a los demás. Nunca me han hecho especial ilusión los petardos, de hecho siempre les he tenido respeto.

    • Hola! el uso con moderación y de aquellos que son inofensivos quizás sea posible, pero es parecido a las drogas. Si crees que fumar porros no es nada, mal asunto. Besos!

  9. Anónimo

    Fui enfermero en el servicio de quemados del hospital general de alicante unos cuantos años y he visto mucho de esto, y estoy totalmente de acuerdo. Gran artículo.

    • Hola! e
      seguro que tu mejor que nadie has visto los efectos de la irracionalidad, no ya con los petardos, sino con las fogatas, líquidos calientes, etc. Accidentes puede haber, pero esto es otra cosa. Un abrazo

  10. Anónimo

    Yo crecí en Gerona también se estilaba lo del petardo y la combinación petardo niño/a era lo normal.
    Tengo un hijo de 8 años, aquí no se lleva. Y aunque se llevará en estos momentos de mi depende y ni de coña.
    Recuerdo un niño vecino mio de aquella época al que le explotó en la mano. No recuerdo las secuelas si que a partir de ahí tuvimos miedo…
    No esperar a que pase para tenetlo

    • Hola! el problema es como muchas veces pasa, de educación paterna y responsabilidad para con los hijos. Esa es la clave. Si los padres no ven el problema, pues la solución es casi mágica. Besos!

  11. Anónimo

    Fantásticamente has protestado. Y la esencia del peligro radica en efecto en esa masculinidad temeraria, instintiva pero irracional que desgracia la alegría…petardos y niños, mala idea. Suscribo

  12. Anónimo

    Fantásticamente has protestado. Y la esencia del peligro radica en efecto en esa masculinidad temeraria, instintiva pero irracional que desgracia la alegría…petardos y niños, mala idea. Suscribo

  13. Una entrada estupenda. Hay que concienciar de las consecuencias de ciertas costumbres arraigadas en la sociedad.Enhorabuena por tu blog.

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