LA INMEDIATEZ Y LA McDONALIZACIÓN

 

La inmediatez lo inunda todo, y cada día es más evidente. Queremos las cosas ya, antes de ya, y no se contempla “esperar” como una opción válida.Ya nadie espera al día siguiente para sacar dinero.  Nadie espera al día siguiente si lo puede tener ahora mismo. Esto está bien, pero llegamos a situaciones como pedir un libro a Amazon y si tarda 1 día más en venir de Australia, te quejas, porque  pasar de 2 a 3 días es ya una barbaridad. De Australia.
   Si hay que esperar la evolución de un niño para hacer alguna prueba, en general no se entiende,  y se busca por otro lado alguien que la pida o se hace en otro centro, especialmente los padres lo exigen porque la premura se vive con angustia. Si además deterioras la sanidad pública, florecen las opciones privadas, si dan inmediatez. Entre consulta y consulta de cualquiera de nuestros niños hay un mar de consultas a otros compañeros, a otros hospitales, e incluso realización de pruebas “para quedarnos tranquilos”. Ayer mismo lo comentaba: se hacen resonancias magnéticas para que los padres estén tranquilos en muchos prematuros, cuando si la evolución es buena, es de dudosa eficacia. Las resonancias no curan, pero dan una dosis tremenda de inmediatez.  Otras veces son los compañeros los que lo incitan, cuando se convierten en consultores externos, y valoran la actitud de otros desde una pediatría “de salón”. Poco podemos hacer, la Medicina se está convirtiendo en esto. En una imagen del médico de uso inmediato y que debe hacer lo que quiera el paciente, que para eso paga.Un picoteo hospitalario a criterio de cada uno que pueda pagarlo. Regalar una tablet porque piensan en tu salud.  Hoy escuchaba la publicidad de un hospital privado que animaba a las personas a acudir a sus urgencias con sus hijos ante “el más mínimo síntoma”. En teoría porque se preocupaban por su salud. Qué gran mentira, solo les interesa su dinero.Sí, solo tu dinero, es así.
   La inmediatez. La falta de cintura. La divinificación de las pruebas complementarias. El poco o nulo crédito dado a la opinión del médico que solamente usa sus ojos, manos, fonendo y oídos, cuando en la mayoría de las ocasiones el diagnóstico te lo da una silla si te sientas a hablar con los padres y unos oídos para escuchar. Si antes has leído, claro.  Cuánto daño han hecho las pruebas complementarias  a la carta y qué falsa es su asociación a la Salud. Qué gran negocio vender los tratamientos y las pruebas a los pacientes menospreciando la pieza más importante, la persona que lo indica y para qué. Las grandes empresas, incluidas las empresas de la salud, lo saben desde hace mucho. Basta ver los anuncios en los que un grupo de médicos están al otro lado del teléfono para todo lo que haga falta. Ahora la persona que lo indica es el paciente, y en mi caso, los padres. Nosotros solo somos un intermediario incómodo, fácilmente prescindible, especialmente en el contexto deshumanizado en el que un día estoy yo y otro día otro, y otro día, otro…Es posible que esta falta de confianza en el médico, ya que cada día es uno, lleve a tener confianza en las pruebas. La inmediatez, unida a la no aceptación de la enfermedad en los niños, mucho menos al error. La creencia en una pastilla mágica para cada síntoma, y ya, que lleva 2 horas tosiendo. Las empresas hacen la publicidad en los pacientes, perdón, usuarios, ya directamente y de forma descarada. Los médicos tratando su ansiedad y miedo con pastillas, jarabes y pruebas. La no aceptación de sus limitaciones.
  Cada vez se necesita demostrar las cosas con algo externo al médico. Y cada vez el sistema sanitario te obliga no a dar un buen servicio, sino a dejar por escrito constancia de lo que haces (aunque sea una chapuza). Es algo así como el consentimiento informado, que en general, es un consentimiento “firmado”, nada más.
Lo importante es escribirlo, no hacerlo. Y por lo tanto, pedir cosas.  En ocasiones se hacen las pruebas para demostrar que se han hecho, en contra de lo que el criterio de su médico puede tener. Y esto lo hacen los médicos entre ellos, dar poco valor a la opinión profesional, lo que quizás antes se llamaba el ojo clínico, que ya es decimonónico (hay que recordar que el mayor avance en la historia de la medicina se realizó en el siglo XIX aunque ahora nadie lo sepa).  Es una McDonalización  de la Medicina. Entras por un sitio, te hacen esto, luego lo otro, y luego lo otro. Chimpún. Pedimos citomegalovirus en orina a prematuros aunque la causa del nacimiento haya sido un intento de aborto materno. Por protocolo. Sin pensar si es necesario. Escribimos la historia clínica clicando en ítems de una pantalla. Vamos con una tablet y no con una tratado de Medicina.No miramos a la cara a los pacientes. No escuchamos.
Quizás ya ha desaparecido del todo el conocimiento de las enfermedades y la Medicina ha pasado a ser una burocracia de petición de pruebas. Las nuevas generaciones, y algunas no tan nuevas,  ya vienen así, la mayoría ha olvidado que la historia clínica es la mejor prueba que un médico puede tener, seguida de la observación y la exploración. A lo mejor por eso las familias demandan las pruebas, porque nosotros estamos en esa misma sintonía. En ocasiones he visto exploraciones con “corta-pega” sin haber explorado al paciente de verdad, porque ya lo hizo otro. No saben lo que es el soplo de Roger, nunca se han cruzado con eso. Esperan que los radiólogos, los anatomopatólogos, los microbiólogos, es decir, otros, den el diagnóstico.Dicen “tenía una ecografía normal!” como si eso en sí significara algo. Otros, no ellos, se han equivocado.  Cuántas pruebas hay que son normales y no significa nada, cuántas que están alteradas y no significa nada. Cuántos asteriscos perdidos. Cuántos médicos así, preocupados en las pruebas.
   Alguna vez, hablando con una amigo, comentaba lo que echaba de menos los tiempos en que los síndromes genéticos se podían diagnosticar con criterios clínicos. Ahora es necesario, por no decir obligatorio, demostrarlos, si no, no es creíble, y YA. Incluidos los síndromes de Down que no ofrecen duda: cada vez más se escucha aquello de “habrá que esperar al cariotipo”. Bueno, al QFPCR, que tarda 48 horas. El cariotipo es del siglo pasado. Aún queda alguno en el que un 20-30% de los casos está sin descubrir, pero hay que descartar ya el 70% de las alteraciones conocidas, por dios. Y rápido, porque el diagnóstico no es tuyo, sino de la prueba. Con los array, ahora asistimos al hecho gracioso de encontrar alteraciones que no se sabe qué significan. Me encanta. Habrá que esperar a ver la evolución del niño después de todo.
Me acuerdo de un eminente gastroenterólogo malagueño con un caso complicado, siendo yo residente, en el que diagnosticó al bebé de una enfermedad de las llamadas raras. Cuando yo la encontré en internet (no salía en los libros), descubrí que un requisito fundamental era que tenía que ser niña. Y era un niño. Ante esto, me miró, sonrió y dijo: “ya  verás como en unos años también se ve en varones”. Y con el tiempo lo volví a buscar y era verdad. Ya no se habla de sexo para el diagnóstico, era irrelevante. Esa genialidad hoy en día creo que ni se admitiría. Es una herejía.
Seguir el protocolo, a pies juntillas. Aunque sea absurdo, aunque no de pie a la innovación, aunque no admita las excepciones según el caso. Seguir el protocolo, eso es lo importante. Saber qué le pasa al niño, es lo de menos. Variar el protocolo según la probabilidad del caso en concreto, según el criterio medico está mal visto entre nosotros. Se le da poco valor a la interpretación individual del profesional. Hay que seguir el protocolo, la cosa más alejada de lo que es la Medicina, o al menos, de lo que era. Conocerlo sí, siempre, entero, de atrás adelante y de adelante atrás, pero no seguirlo como si fuera un mantra, anulando la capacidad de análisis individual, ni dando pie a la originalidad o la excepcionalidad. Está mal visto salirse del guión.
Los protocolos. Muy asociados al tiempo. En muchos no se contempla cuánto tiempo hay que esperar para pasar de un lado a otro. En general, cuanto antes. No vaya uno a no haberlo seguido, hombre ya. Los protocolos a veces son como los textos de Galeno, se siguieron durante cientos de años sin variación. Tratar los síntomas porque los padres lo piden: el cólico, los gases, el no crece, el no engorda, quiero un especialista de lo que sea para un síntoma menor, quiero una resonancia porque solo dice 10 palabras con 13 meses. La inmediatez fuerza los protocolos para que vayan más rápido e incluso se salten los pasos, a demanda del paciente. Eso no es Medicina.Es una cadena de montaje.
Como dijo Juan Ramón Jiménez “lo querían matar los iguales porque era distinto”. Pregúntate qué quieres encontrar y cuándo es el mejor momento para hacer cada cosa.Estudia. Conoce lo normal y lo raro. No dejes de ser médico pese a todo. Prueba a arriesgarte, es lo mejor de la Medicina.

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19 Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo, me ha encantado tu artículo. Y muy relacionado con otro tema que me interesa mucho y del que se habla poco: la prevencion cuaternaria. A veces acudir a urgencias por sintomas banales o hacer pruebas no indicadas supone más daño que beneficio. Pero claro, a los que buscan vender y hacer dinero no les interesa profundizar en ese asunto…

  2. Anónimo

    Creo que debemos evitar generalizar, somos muchos los que practicamos una medicina centrada en la relación médico paciente sin excusas en la demanda ni en los números, debemos ser honestos con nosotros mismos y con la Profesión,
    No hay escusas para dedicarle el tiempo que necesita a cada paciente

  3. La verdad es que es una genialidad que describe nuestros tiempos como médicos. Yo también odio los protocolos y la medicina defensiva. Ofrecer al paciente la mejor atención posible no significa pedir pruebas sin sentido o que firmen consentimientos que no entienden. Volvamos a humanizar la medicina: escuchar, ver, sentir y solicitar lo necesario…

  4. Me ha hecho gracia el cambio de la referencia en Galeno a la referencia en el protocolo.
    Como estudiante de este oficio, todo esto me provoca mucho vértigo.
    Un saludo, y gracias.

  5. Soy una hereje!!! y no lo sabía… pues mira, como tú apostato de protocolos, túneles de pruebas-lavados y no me fio de consultas que duran menos de 30 minutos… ah! y mis segundas visitas duran más que la primera. Pruebas? las justas! de eso hablo también en el último post de mi blog.
    Solo un apunte: la palabra "usuario" la oí por primera vez hace muchos años en el hospital público que he habitado durante 16 años… porque la Medicina pública también tiene su "corazoncito" mercenario…
    Quienes amamos la Medicina y la ejercemos con el paciente como prioridad, con nuestra humanidad de errores y aciertos, la distinción pública-privada no es real.
    El mal médico, el que usa su profesión como herramienta de proyección, sus pacientes como números, su lista de espera como arma de poder o su uso de las pruebas como estrategia para fidelizar al paciente. Ese mal médico lo es en cualquier situación, pública o privada, porque al final la Medicina está en la relación de un paciente con su médico.
    Gracias José María, una entrada valiente y necesaria.

  6. Anónimo

    Me ha encantado el artículo! Una autentica maravilla, y como la vida misma de las consultas… Y muchas veces nosotros mismos o lo compañeros lo fomentamos! Y luego queremos que no se pongan antibióticos al tún-tun sin criterio pero eso mismo hacemos nosotros con las pruebas complementarias.
    Por cierto, esto esta descrito en el año 1978 (creo porque hablo de memoria) por un médico y se llama "el síndrome de Ulises" (hay uno psiquiátrico que describe a los inmigrantes, pues ese no… Otro que se define como la bieninteresda pero excesiva investigación diagnostica que solo nos lleva a un enorme periplo como Ulises para volver con suerte al mismo punto de partida ) Te encantara!
    Un abrazo y felicidades por tus artículos que son muy sensatos
    Paco

  7. Siempre me pongo irónica a incluso sarcástica en los comentarios a tu blog, pero esta vez no puedo hacerlo: no ha lugar. Fantástico texto (no sé si fruto de una pataleta o no, pero acertadísimo en cualquier caso). Suscribo todo punto por punto, y sobre todo porque en mi subespecialidad pediátrica sufro a menudo aquello de "vamos a pedirle las pruebas reumáticas (un montón de autoanticuerpos al tuntún)", cuando no existen tales. El 99% de las enfermedades reumáticas del niño se diagnostican al lado de la camilla, prácticamente. Lo dicho: enhorabuena por este escrito. 🙂

  8. Un texto magnífico, casi una oración de cabecera (con el debido respeto) para todo aquel que quiera ser médico y para todo médico que pretenda crecer en su profesión. Una referencia obligada.

  9. ¡Genial desde el planteamiento, el nudo y, sobre todo, el desenlace! De acuerdo en todo. Un abrazo.

  10. ¡Que gran artículo, José María! Deberías mandarlo a la facultad de medicina para que fuera de lectura obligada y pregunta de examen. Y te lo dice un compañero que trabaja en la medicina privada, lo que hace mucho más difícil convencer a los pacientes de la necesaria contención a la hora de pedir "pruebas"

  11. Eres grande, José Mª!!! Cuanta razón en lo que escribes

  12. A mí esa frase de para quedarme tranquilo… le voy a pedir… le voy a hacer… me deja muy intranquilo. Siempre pienso, estudie Ud. un poco más, haga una mejor anamnesis, una mejor exploración clínica y seguramente se orientará mejor el Dx.
    Pero para quedarse tranquilo o se hacen las cosas mejor o se toma un lexatin, pero no se hace una colonoscopia, un PanTAC, o una biopsia ansiolitica!!!

  13. Me parece un texto maravilloso. De lo más sensato que he leído en los últimos tiempos. Enhorabuena!

  14. …inmediatamente lo busqué ?

    • Hola! Lo del soplo deRoger me paso el otro día. Se dijo Roger por otro motivo y comenté lo del soplo y a nadie le importaba no lo sabía. Lo he puesto para pillar 😉

  15. 100% de acuerdo…aunque no se cual es el soplo de Roger ?

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