HISTORIA DE LA SÍFILIS CONGÉNITA: MÁS CERCA DE LA REALIDAD ACTUAL

El cuadro anterior, “Herencia” pertenece a Eduard Munch, el famoso pintor noruego creador de “El grito”. En el siglo XIX pintó esta impresionante obra en la que aparece una madre compungida, en la consulta de  un médico, con su hijo sobre las rodillas que está gravemente enfermo. Representa a un niño afecto de sífilis congénita, y esa es la herencia que su madre le cedió. Parece que Munch se tomó la indignación que siguió a esta obra con ironía, y expresaba su pesimismo vital, y su pesimismo personal.

En ella se ve un niño pálido, con la cabeza quizás más grande de lo normal y con petequias por el tórax.
La sífilis aún se busca de forma rutinaria en las embarazadas, no sabemos si como la toxoplasmosis, dejará de hacerse algún día. Y se busca porque existe, quizás más que hace varias décadas. A poco que hay un fallo en el sistema de cribado, o se relaja la vigilancia, aparecen casos de sífilis, incluso sífilis en recién nacidos.

En este cuadro de Ramón Casas (1900) se representa a una joven prostituta (lleva un mantón y deja ver parte de la espalda), ofreciéndole una flor a algún posible cliente, mientras guarda en su espalda, oculta, una terrible serpiente, símbolo de la enfermedad que oculta.
Esta unión de la sífilis con la prostitución es muy conocida, y no siempre es tan fácil de sospechar, ya que los clientes están contagiados y no entran en la categoría de prostitutas. En Medicina, casi al nivel del lupus o la tuberculosis, casi cualquier cosa puede ser debida a la sífilis, y si no, decídmelo.  Es, como diría un clásico, una gran imitadora, y cada vez estamos menos preparados para pensar en ella, al menos en Pediatría. En la medicina de adultos, por ejemplo, cualquier deterioro cognitivo inexplicable puede ser secundario a esta enfermedad.
                                          
La sífilis se produce por una infección de una bacteria llamada Treponema pallidum, que es una bacteria en forma de espiral. Se contagia por ulceraciones de la piel o mucosas, o vía transplacentaria principalmente, y a las pocas semanas forma una úlcera muy llamativa, el chancro, que no duele, y que se resuelve sola, por lo que puede pasar desapercibida (especialmente en la mucosas vaginal). A parir del mes de la infección aparecen lesiones rosadas en la piel, especialmente en palma y plantas y también en mucosas.

*Nótese el bigote de sátiro

 

También puede aparecer un síndrome constitucional, condilomas genitales y caída del cabello. La tercera fase de la sífilis asocia el desarrollo de granulomas con zonas de necrosis,  que pueden afectar a los huesos, alteraciones cardiacas y afectación del sistema nervioso central. Estas últimas  pueden aparecer en cualquier momento de la vida.

 El caso es que aunque la sífilis ha sido ampliamente estudiada y debatida (mal francés, mal español,mal italiano, mal americano etc), la historia de la sífilis congénita es menos conocida. Hasta hace poco, la sífilis congénita casi siempre era mortal. Acordaos del cuadro del inicio. Uno de los principales problemas de la sífilis es que hasta mediados del siglo XIX no se distinguía de la gonorrea o el chancro blando.  Se decía que los niños se infectaban de tomar un pecho con sífilis o al darles un beso; y al revés, muchas nodrizas se infectaban al besar a niños con la enfermedad.
La transmisión de la sífilis era desconocida, y se creía por 3 medios, al menos para Paracelso:  en el mismo momento de la concepción, por el semen del varón; con relaciones posteriores con un varón infectado o a través de toma de leche contaminada.
La causa más común, la transmisión transplacentaria de la madre al niño, se desconocía, ya que los síntomas en la madre solían estar ausentes (es fácil acordarse de que el chancro y el resto de lesiones eran temporales)
En el siglo XIX Underwood y Maunsell describieron la coriza, una secreción nasal llamativa, uno de los síntomas más típicos de la sífilis neonatal
En 1810 se creyó que podían tener afectación ósea, periostitis; en 1835 se encontró una destrucción del húmero en una autopsia y en 1872 Parrot lo llamó “pseudoparálisis” (ahora se llama parálisis de Parrot, y en los casos de parálisis braquial hay que pensar en ella)
El resto de las manifestaciones tardías de la sífilis congénita, como la afectación ocular, la sordera o los dientes de tiburón fueron descritos en 1863 por Hutchinson (“dientes de Hutchinson”)

En 1780 en París se abrió un hospital para madres y niños con enfermedades venéreas. A las madres se les daba mercurio oral y también se daban untas de mercurio a sus pechos, con la idea de que el mercurio podría curar a sus hijos. Y si estas madres no podían dar leche el mercurio se añadía a la leche del animal.  El 79% de estos niños murieron.

Dar alimentación a niños sifilíticos y en muchos casos abandonados era un conflicto. La alimentación artificial era una muerte casi igual de segura, y dar el pecho podía contagiar a la mujer y a otros niños, por lo que en algunos lugares optaron por animales. Parrot usó leche de burra para alimentar a los niños con sífilis en 1881

 

Que el contagio del recién nacido fuera vía materna tardó mucho tiempo en saberse, ya que los que apoyaban la sífilis como una enfermedad heredada del semen del padre tenían muchos adeptos. Incluso algunos postulaban que este contagio podía “saltar” varias generaciones. Colles, en 1837, que era un crack, notó que niños de madres sin ningún tipo de infección venérea, que desarrollaban los síntomas semanas después del nacimiento, sin haberse podido contagiar de ninguna forma, podían contagiar a otra madre si tomaban teta, pero nunca podían contagiar a su propia madre, la que se supone que estaba sana. Incluso niños con úlceras en la boca o en la lengua: nunca contagiaban a su propia madre. Por algo sería, por ejemplo, porque la que realmente estaba ya infectada era la madre.
En 1837 se distinguió la gonorrea de la sífilis, y el diagnóstico empezó a mejorar. Hoffman identificó la espiroqueta y poco a poco los que decían que era una enfermedad hereditaria pasaron a llamarla “congénita”. En 1906 Wasserman ideó un test para identificar el germen en la sangre; esto permitió dar cuenta del problema (en algunas maternidades el 40% de la sangre de los cordones de los recién nacidos era positiva a esta prueba).
Estudiando el efecto de los baños y aplicaciones cutáneas en mercurio que recibieron algunos niños, Jarisch notó que después de estas muchos niños tenían un aumento de los síntomas (hoy esta reacción de empeoramiento de los síntomas tras el inicio del tratamiento antibiótico se llama reacción de Jarisch-Herxheimer).
En 1906 un premio Nobel que seguía investigando, Ehrlich, junto con su ayudante Hata, descubireron el medicamente  “componente 606” (era el número de productos que habían probado) que posteriormente se conoció como Salvarsan  (arsfenamina), y que parecía que curaría definitivamente la sífilis.
A los pocos días ya se probó en 28 niños, muriendo solamente 9, pero en 1919 en muchas clínicas aún se trataba a los niños con mercurio, y solo posteriormente se usaba salvarasan o los 2 tratamientos a la vez.
Cuando apareció la penicilina, la situación cambió radicalmente.Ya sabéis que salvó muchísimas vidas y que en España se traficaba con ella como ahora con la vacuna de la varicela, de estraperlo.
En 1943 Lengz e Ingraham trataron a madres y niños con penicilina, y obtuvieron excelentes resultados en madres y peores en los recién nacidos, con grupos tratados de niños con mortalidad  de hasta el 40%, achacada en parte a una reacción de Jarishc-Herxeimer más acusada, aunque a día de hoy esta reacción suele ser leve y transitoria.
Tenía que existir un tango llamado el “606”.
Decía “tango medicinal para la curación de todo mal”

 

 

El salvarsan fue atacado de muchas formas, especialmente porque no se usaba de la forma correcta. También se acusó a las farmacéuticas,a las inyecciones etc, etc, ¿os suena?

Ehrlich y el dinero
Charlatanes los había y los hay

 

Aquí os dejo con un vídeo sobre Ehrlich. si queréis saber más sobre la historia de la sífilis congénita, os recomiendo “Curse of two generations: a history of congenital syphilis” de Michael Obladen

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1 Comentario

  1. Anónimo

    Genial de nuevo!
    No he podido parar de reír ntranquilidad desde que he comenzado a leerlo en la toma de las 3 am, hasta ahora que me levanto.
    Muy bueno!
    Gracias
    Blanca

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