Como ya sabéis, me gusta mucho que a los recién nacidos en maternidad de los hospitales les pongan los pendientes (mira aquí ), y en ocasiones específicas se podría incluso tatuar si los padres, que son los usuarios de este sistema de Excelencia, así lo piden.Porque lo que pida un votante, ¿quién se lo va a negar? Pero no me refiero a tatuajes-atentado en la piel de los padres como el siguiente

donde varios calamares murieron por amor al, como decirlo, “arte”, sino a tatuajes en la piel de los niños recién nacidos.
Sí, existen los tatuajes clásicos, como el que se realiza por error con nitrato de plata para la cura del granuloma umbilical y dejan este aspecto

 

pero es poco operativo porque no permite una fácil identificación, salvo para amantes del arte abstracto.
 Como siempre que uno maneja a un niño alguien te dice “no me lo vayas a cambiar”, en ese amago de chascarrillo chusco que al parecer es gracioso, propongo varias soluciones que aunan los dos conceptos.  La primera, pensar que en el cambio algunos niños saldrían beneficiados, todo hay que decirlo, y esa vía, si pensamos en el mejor interés del niño no hay que cerrarla.Ojo, el mejor interés para el niño. El tema legal ya tal.
Creo que me han dado el cambiazo por un rey mago
Y la segunda, y quizás más radical, sería dejar de lado la toma de muestras de sangre materna y del cordón umbilical justo en el momento del parto, además de todas las  etiquetas con número único que unen al recién nacido y a la madre, por si fuera necesario incluso hacer un estudio genético para demostrar de quién es el niño. Modernidades que no valen para nada. Las cosas modernas de la juventud de ahora. Propongo tatuar a los niños en la piel el nombre de la madre, así no se perdería ningún niño, a no ser que la madres se llamaran iguales. No “iguales” de nombre, sino que tuvieran nombres similares.
Algunos suertudos tienen fácil la identificación
Aunque esta propuesta es descabellada, ya se realizó. Mirad la siguiente foto
La mujer de la derecha me da mucho miedo
Es una imagen de diciembre de 1938, en un hospital de esos de relumbrón en Nueva York. Con una lámpara de luz ultravioleta portátil y unos moldes de letras, la afanosa enfermera tatúa las iniciales del recién nacido en la piel del bebé, y también en la piel de la madre, de forma que el error no es posible. Salvo errores ortográficos de la enfermera, que todos semos humanos. Habría que saber si un bebé era negro qué efecto tenía el tatuaje.
Esto ya para la tercera modernización

Es posible que algún niño saliera con un RIP en su muslito (Rudolph Inn Picurlen), camino de la sala de autopsias, yo el mensaje lo vería claro. Incluso alguno tendría un ASS (Antonhy Salvatore Smith), que sería hábilmente tapado en las fotos de la época. El tatuaje realmente duraba unas 2 semanas, y tras ese periodo desaparecía (lo saqué de aquí).

Ahora que estamos en crisis hasta que nos exploten del todo, quizás es un nicho por explorar, y se puedan patrocinar niños en pro de la mejora de las arcas del país, en lo que realmente sería una MARCA ESPAÑA con fundamento.
Quizás es que en esa época todo lo relacionado con las luces atraía, cual cuervos. Por ejemplo, en esta imagen
 se ve claramente como esta chica disfruta de su tratamiento con luz ultravioleta para su rinitis alérgica. Y es que esa época era mucho de las luces, como ya visteis en esta entrada.

 

En este caso es claro que se trata de una familia numerosa y se están tatuando todos a la vez

Os dejo con el sistema de identificación detodalavidadedios