A raiz del accidente en la central de Fukushima, en Japón, hay una riada de expertos que analizan cómo son las centrales, su diseño, el mecanismo de producción de residuos y su manejo, y los efectos sobre la salud que la fuga de material radiactivo puede tener. El problema es que muchos de ellos lo analizan con los conocimientos de Física de 3º de BUP y con los efectos de las películas de la segunda guerra mundial. Son pocos los médicos que se han enfrentado a una emergencia nuclear y la experiencia en su manejo es limitada.

Ayer se publicó en el New England un artículo sobre los efectos de la radiactividad en humanos en condiciones similares a las de la planta de Fukusima, gracias a los datos de Chernobyl y Three Mile Island, distinguiendo una exposición corporal (que es la de los trabajadores de la central), y una contaminación externa e interna (que son el resto de los casos). Se explica además las diferencias en cuanto a la exposición, dosis y efectos de esto con los de una bomba atómica. Por otro lado, los niños son los más afectados por el iodo 131 y se comentan los mecanismos protectores disponibles.
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