Un antiguo maestro me enseñó que si un niño de entre 1 y 2 semanas, previamente sano, empeora de forma brusca, podría ser una sepsis, una coartación de aorta (y similares) o una crisis de una insuficiencia suprarrenal congénita. Inicialmente.
   Todas ellas tienen en común la forma abrupta en su aparición (por ejemplo tras el cierre del ductus en las cardiopatías) y ser difíciles de distinguir, especialmente las 2 primeras entidades. Muchas veces esto es un reto importante y no se llega a una conclusión fácil hasta pasadas varias horas, lo que puede derivar en la muerte del paciente por no recibir el tratamiento correcto. La mayoría de los pediatras están orientados hacia procesos infecciosos, pero las interrupciones del flujo de salida del ventrículo izquierdo son en número, casi igual de frecuentes.
   En este artículo que me han pasado 2 buenos amigos, ya antiguo, se hace una revisión sobre la diferenciación entre sepsis y patología obstructiva del ventrículo izquierdo, analizándose los posibles síntomas y signos que pudieran distinguirlas y encontrando solamente un signo distintivo, la cardiomegalia.
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