Desde el 2 de enero de este año se prohibe fumar en lugares públicos como bares, restaurantes, etc, y se amplían las zonas de exclusión, como las cercanías de los hospitales y colegios. Es una medida por la que hay que apostar, ya que está demostrado que los fumadores pasivos tienen en peligro su salud. Yo por mi parte, que no fumo, ya he podido experimentar lo que es entrar a un restaurante sin tener los ojos en constante lagrimeo y sin la necesidad posterior de lavar la ropa porque el humo la había poseído. Quizás la medida no es del todo original, puesto que en muchos lugares de Europa y EEUU hace ya años que se instauró, pero más vale tarde que nunca. Esta es la parte positiva.
La parte negativa, además del perjuicio económico a los hosteleros de haber hecho obras hace 1 año y ahora dejarlas sin sentido, es que habrá que ver si esta medida es eficaz de verdad. Ayer, pese al invierno, las terrazas estaban llenas de gente, precisamente para fumar. Nuestra ministra (?) de Sanidad ha instado a la población hoy a que denuncie a quien vea fumando Más allá de estas declaraciones insólitas, ¿cómo va a hacerse esto efectivo? ¿es algo disuasorio nada más o quieren que además de tomarnos un café pongamos denuncias? Está claro que el hostelero, al menos inicialmente, tendrá alguna reducción en sus ingresos.
Se prohibe fumar cerca de los hospitales. Ya estaba prohibido fumar dentro. Pasó la época en la que, como me ha sucedido a mí, el médico te examina tras apagar un pitillo, que ha estado degustando mientras le contabas lo que te pasaba. La realidad va por otro lado, ya que en todos los hospitales que conozco, la gente fuma. Fuman los sanitarios. Fuman los pacientes. Fuman las visitas. Probablemente los más visibles sean los pacientes, pero porque no tienen lugares para esconderse. Hace menos de 6 meses tuve que imprimir un cartel donde decía “por favor, no echar la ceniza sobre mi mesa”, como veis, no decía nada de dejar de fumar, sino que usaran un cenicero. Y esa es parte de la realidad. Salidas a las escaleras de incendios, cuartos de baño con olor a tabaco, etc,etc. Mucho me temo que esto no va a acabar, más bien seguirá igual.

Personalmente, muchas veces he visto familiares fumar en las escaleras de los hospitales, y en algún caso algún guardia de seguridad ha sido agredido al intentar que lo dejaran. Si la ministra quiere que hagamos también de vigilantes de seguridad, por favor, que nos compren una porra con nuestra rebaja salarial, que si no, yo no me presto.